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DUELO DE MAL QUERIDOS...

Aunque los estadounidenses Pete Sampras y Jim Courier, que se enfrentarán en la final de Wimbledon, son dos admirables jugadores que ocupan las dos primeras posiciones en la clasificación mundial, su comportamiento y juego en el campo no sedujo ni al público ni a la prensa británica. La discreción y la falta de fantasía de estos dos jóvenes tenistas hizo que la prensa no se interesara especialmente en ellos. Salvo a raíz de dos incidentes.

04 de julio 1993 , 12:00 a.m.

El público de la cancha número 14 no perdonó a Sampras por haber derrotado al británico Andrew Foster en tres sets. Y sobre todo no lo perdonó por haber abandonado la pista pronunciando, según testigos, palabras desagradables. La verdad es que el ambiente, que le fue hostil, se pareció más al de un partido de fútbol que al de un match de tenis.

Consciente de la actitud del público, el All England Club de Wimbledon publicó al día siguiente un comunicado en el que precisó que no se tomarán medidas contra Sampras .

El comportamiento de Courier fue peor durante la primera semana.

Un altercado con un árbitro y sus gritos obscenos en el partido contra el australiano Jason Stoltenberg, estuvieron a punto de costarle la eliminación.

Hizo falta una intervención personal del juez árbitro del torneo, Alan Mills, para que el norteamericano continuará en la competición.

Pero el incidente no fue olvidado. Y el viernes, tras su victoria en semifinales contra el sueco Stefan Edberg, un periodista le preguntó si sus padres estaraían orgullosos de ver a su hijo en la final de Wimbledon después de las obscenidades que gritó la semana pasada.

Nadie es perfecto , respondió dando muestras de descontento. Usted es perfecto? Me excusé a los organizadores, así que cierre el pico .

La eliminación de los preferidos Agassi, Becker y Edberg, los últimos reyes del lugar, fueron duros golpes para el público británico.