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LA DESTITUCIÓN DEL VEEDOR

La Sala Disciplinaria del Consejo Superior de la Judicatura ha exigido del Presidente de la República destituir al Veedor del Tesoro, Jorge García Hurtado, por extralimitación de funciones. Aunque hubiera habido salvamentos de voto, su providencia es de forzoso cumplimiento, y, de consiguiente, tendrá rigurosa aplicación. Cae el Veedor por exceso de celo, no por negligencia ni por inmoralidad, mientras en el caso del codirector del Banco de la República, Carlos Ossa Escobar, las diversas potestades se han declarado inhábiles para sancionarlo. Excepto el Procurador General de la Nación, de cuyo dictamen se halla pendiente el país.

03 de julio 1993 , 12:00 a.m.

La misión constitucional del Veedor es impedir, de oficio o a petición de parte, la desviación hacia campañas electorales de los recursos originalmente provenientes del Tesoro Público o del exterior. Considerando él que el Icetex se había convertido en caja menor de los parlamentarios, procedió a congelar sus fondos de golpe y porrazo, con perjuicio de instituciones y personas.

El Icetex se creó, si mal no estamos, por iniciativa del ministro Gabriel Betancur Mejía, con el objeto de capacitar a la juventud colombiana en el exterior, mediante el otorgamiento de préstamos muy blandos y, a la postre, de becas. Como ocurrió con Proexpo, fue objeto de cálidos elogios en los demás países y sirvió de modelo para llevar a cabo propósitos análogos.

Innumerables compatriotas, hoy en fecundas y variadas actividades, se beneficiaron de sus servicios. Sin su asistencia, Colombia se habría quedado a la zaga, al margen de las corrientes científicas y tecnológicas de los nuevos tiempos. Todo aconsejaba mantenerlo limpio de mácula, ágil y fuerte.

De pronto se descubrió que a través suyo era posible canalizar los auxilios parlamentarios destinados a subsidiar estudiantes. La educación es una de las grandes necesidades nacionales. Por el ansia generalizada de alcanzarla, no es extraño que se hubiera prestado para el tráfico de influencias.

Nada objetable habría sido aumentar el patrimonio del Icetex para sus fines legales y reglamentarios. Pero la ayuda en materia de financiamiento se condicionó a la concesión de becas específicas y, según lo publicado, al pago de oprobiosa comisión a patrocinadores y gestores. En esta forma, los dineros públicos se aprovecharon para satisfacer la clientela electoral y, lo que es peor, para ilícito enriquecimiento personal.

Razones sobradas movían al severo Veedor para abrir sus ojos escrutadores a tales irregularidades. Había algo más grave que lucrarse electoralmente de los dineros públicos: el delito de apropiárselos imponiendo irritante gravamen al favorecido por el apoyo del Icetex. Convertidos los préstamos en becas, no lo fueron siempre a título gratuito o de méritos según queda dicho, sino con retribución clandestina del autor del respectivo auxilio. Labor eminentísima era la de perseguir penalmente estas prácticas y erradicarlas.

El presumible error del Veedor, que le va a costar el puesto, fue obrar indiscriminadamente sobre los fondos del Icetex, corriendo el riesgo de paralizarlo. Su equivocación pudo ser de grado o matiz, pero no de intención y objetivo. Estaba en lo cierto, en el buen camino, aunque fallara en el procedimiento. En consecuencia, su destitución no debiera legitimar conductas reprobables ni abrir la puerta a su reimplantación. Sería irreparable descalabro moral.

Para el Jefe del Estado resultará mortificante acatar la solicitud imperiosa del Consejo Superior de la Judicatura en momentos en que el Veedor empezaba a ocuparse de los recursos a discreción de la Presidencia de la República. Sin embargo, no tiene alternativa. Al Primer Magistrado corresponderá velar por que no se haga mal uso de esos fondos y, desde luego, al sucesor del doctor García Hurtado vigilar el fiel cumplimiento de la norma constitucional en la materia, ahora cuando se entra a la campaña electoral.

Catoniano y combativo, el Veedor en trance de salir, si bien contribuyó al despertar de una conciencia ética y se erigió en dique contra escandalosas anomalías, se dejó arrastrar por el afán de figuración y se contagió de locuacidad impenitente. No fue exclusiva cosa suya. Es la moda que corre y que afecta a otros funcionarios, también pulcros y celosos de sus fueros. En adelante no haría mal a todos más temperancia verbal. En las democracias es indispensable comunicarse con el público, pero no hasta el extremo de hablar más de lo debido.

No haya de debilitar el triste episodio de la destitución la voluntad de combatir la distracción de los recursos fiscales en menesteres electorales o en enriquecimientos afrentosos. Si algo hay que desterrar del país es la tendencia a imponer gravámenes arbitrarios en beneficio de particulares habilidosos. Y la de convertir servicios públicos como el de la educación en fuente de vitando provecho.

Contra la recesión europea Finalmente las autoridades monetarias de Alemania aceptaron bajar las altas tasas de interés que contra viento y marea venían manteniendo. Acusadas de ser las responsables de la aguda recesión europea, Francia se había decidido a encabezar el movimiento para reducirlas. Sustrayéndose a la virtual disciplina impuesta desde Francfort, había modificado con buen éxito las suyas, sin que su moneda, el franco, hubiera visto deteriorada su solidez.

A Alemania le ha correspondido pagar el elevado precio de su unificación, en términos de inflación y de déficit fiscal y de cuenta corriente de la balanza de pagos. Además, habiéndose erigido en paradigma de prosperidad, libertad y democracia, ver de lidiar la impetuosa migración procedente de la Europa del Este. En tales circunstancias, no es sorprendente que se haya debilitado el papel del marco como ancla de las poderosas economías de la región.

Significará este hecho la renuncia a la perseverante y metódica política anti-inflacionaria preconizada por las autoridades alemanas? Quizá no. Pero sí habrá más flexibilidad de manejo, en el sentido de que la prioridad, hoy por hoy, es combatir la recesión y sus abrumadores niveles de desempleo. Europa Occidental, al igual que Estados Unidos, logró deshacerse del fantasma de la inflación, hasta el punto de ser muy baja. No es poco, porque en la década de los setentas floreció simultáneamente con el estancamiento.

Pero las masas desocupadas, diecisiete millones en la Comunidad Europea, no dan espera. Menos la darían en países con menor grado de seguridad social. En violencia se expresarían. De donde se infiere la necesidad de prevenir en ellos el desempleo, no menos que de domeñar las fuerzas inflacionarias.