Archivo

EL TRINO DE LOS BEATLES

Seis lustros después, los años sesentas habrían de ser recordados, más que con la cabeza, con el corazón (y etimológicamente, es con el corazón con lo que se recuerda), antes que por una actitud, una filosofía, una peculiar indumentaria, una revolución en los valores, unas ansias de liberación en todos los órdenes: familiar, sexual, estético, político, habrían de ser recordados, digo, mucho más que por cualquier otra cosa, por un sonido musical tan fresco que es capaz de restaurar de manera admirable nuestra descascarada adolescencia, y devolvernos el tiempo en el cual el mundo estaba recién hecho y apenas empezábamos a ponerle nombre a las cosas. Hablo del sonido de Liverpool, el ritmo, la melodía incomparablemente fresca y eternamente contemporánea de Los Beatles. Alegre, y nostálgica además, no por la evocación que hoy hagamos de ella, sino porque ya en su momento, recién compuestas, las baladas de Los Beatles tenían el sabor de la nostalgia porque nos hablaban de un ayer inexist

04 de julio 1993 , 12:00 a.m.

En 1963, cuando se lanzó al mundo su primer álbum Please, please me año estelar en el cual logran colocar por primera vez una canción suya en el tope de las listas británicas de la música popular. Los Beatles nacen inicialmente para el mundo y comienzan a hacerlo propio con sus canciones. También ese año un tema suyo ocupa el primer lugar en el hit parade norteamericano durante 24 semanas; nace el primer hijo de John Lennon, Julian y de manera coincidencial la primera hija de Yoko Ono tres años antes de que el beatle y la artista japonesa se conocieran. El mismo 1963 en que Los Beatles dieron su famoso concierto en el famoso Prince of Wales Theatre de Londres al que asiste la familia real y durante el cual John Lennon suelta su aplaudida irreverencia los de abajo que aplaudan. Los de arriba aludía a la realeza que hagan sonar sus joyas .

Nacieron para el mundo y dieron origen a aquello que al final del siglo vendría a ser la música de fondo de nuestros recuerdos, porque un corazón sin música es un baúl vacío y cuando los trajes de la época se apolillan y deshacen, cuando los valores caducan y las revoluciones envejecen o se frustran, la música no sólo permanece intacta sino que se remoza con las nuevas sensibilidades y su sabor se acentúa con el mágico ingrediente de la evocación.

En estos treinta años una nueva generación ha nacido y crecido, y está tomando las riendas del mundo. Su actitud ante la vida es otra. Los ideales que agitó la generación anterior, de los cuales Lennon fue vocero incansable desde todos los escenarios posibles, no son suyos. Los anhelos de transformar el mundo desde sus raíces se han cambiado por el acomodo práctico al mejor de los mundos posibles, y el rechazo a la sociedad de consumo por el culto a la marca. Los ideales de esta generación son más individuales que colectivos; las utopías de ayer son miradas al desgaire del pragmatismo de hoy. Y sin embargo, ahí están Los Beatles, reconocidos y amados por dos generaciones disímiles lo cual indica que no solo fueron intérpretes de la sensibilidad de una época, sino que lograron trascenderla.

Paz y amor Resulta obvio afirmar también que las guerras han trascendido todas las épocas, salvo que en aquella el más importante conjunto pop de ese y de todos los tiempos, paralelamente al desarrollo de su impresionante y fugaz carrera musical, realizó una verdadera cruzada por la paz en el mundo, al aprovechar los múltiples escenarios de que disponían, en cabeza de su conductor ideológico John Lennon. Tal cruzada que incluía el rechazo al apartheid en Suráfrica, donde se negaron a actuar en señal de protesta. La convocatoria a la juventud del mundo a rechazar la guerra del Viet Nam. Su clamor fervoroso para que se evitara una confrontación entre árabes e israelíes. La gran campaña por la paz, lanzada desde Amsterdam, luego desde las Bahamas y posteriormente desde Canadá.

Lennon no se limitó a escribir letras que el genio mozzartiano de Paul McCartney musicalizaba para convertirlas en éxitos que rompían todas las marcas de ventas (en 1967 ya habían vnedido más de 180 millones de discos en todo el mundo), sino que abanderó una causa aún hoy vigente, con una pasión tan grande como su ardor por la música.

Naturalmente que notables personalidades del mundo intelectual como Sartre y Bertrand Russell agitaron ante el mundo la misma causa desde la cátedra, las publicaciones y las manifestaciones callejeras. Pero estos cuatro representantes de la música popular (Lennon, McCartney, Ringo y Harrison) tenían una audiencia tan superior desde el punto de vista cuantitativo, que esa vocación pacifista de Lennon no podía en modo alguno desperdiciar. Desde cualquier lugar, atrincherado en cada surco de sus discos, en cada escalera de avión o desde una vidriera, Lennon disparaba su mensaje de amor universal.

Mensaje que no excluía el lenguaje irónico para atacar los valores de una tradicional forma de vida, aquella que representaba el muro de contención contra el libre flujo de un potencial creativo y vital represado por el establecimiento moral, político y social. Así, desde sus primeras canciones en las que describía la vida del obrero como una forma de domesticación canina, hasta las últimas donde formula una exigencia que resume el clamor de una juventud desorientada pero decidida a abrir nuevos canales: déjalo hacer , las canciones de Los Beatles no sólo aportaron un sonido característico que identificaba una época sino que también recogieron los múltiples mensajes de una generación inconforme, característica identificadora de ese decenio. Fueron tantas las vertientes en las que se dividieron las múltiples inquietudes de esa década del disentimiento , las búsquedas de una generación ávida de transformaciones, que prácticamente ninguna concepción, postura, valor, idea o forma cotidiana de vida dejó de impregnarse por el espíritu revolucionario de la época.

Bob Dylan, Janis Joplin, Jimmy Hendrix lideraban un sector. El profesor Timothy Leary inspiró la ruptura con el tradicional modelo de la sagrada familia. Mao, Marx, Marcuse eran la guía de quienes entendían la revolución como un cambio radical en el modo de producción capitalista. Freud orientaba el camino de la liberación de los instintos de la tradición racionalista, con una aliada que jugó también papel protagónico: la píldora, que contribuyó a desencadenar el principio del placer de su función reproductora.

Aun el toreo, a través del capote de El Cordobés, abrió compuertas al instinto y permitió que aflorara el temperamento creador espontáneo del matador. Y más acá la mítica figura del Ché Guevara señalaba que el camino de la liberación debía pasar por la lucha armada, contra el poder económico y político que mantenía el atraso y la opresión de un pueblo llamado a ser la vanguardia de la revolución.

Revolución que en América Latina tenía su punto de referencia en Cuba; en Estados Unidos la comunidad negra representada en la carismática figura de Angela Davis y sus gentes, más que en la clase obrera, en los artistas, en los intelectuales y estudiantes de todo el mundo occidental, y que, más que estallar, floreció en esa revuelta de la imaginación que fue la revolución de mayo del 68 en París.

Nadie llegó siquiera a imaginar que una generación autoformada en una cultura del antiestablecimiento, treinta años después abrazaría el establecimiento con más fuerza que la reacción hoy relevada se aferraba al estatu quo. Quizás porque nadie puede poner los pies por mucho tiempo sobre una ilusión anárquica y desorientada con la seguridad con que se hace sobre una realidad, así esa realidad no sea la ideal.

Clásicos de la rebeldía Algún día dijo Mark David Chapman, el asesino de John Lennon el mundo volverá a encontrar esos valores, y espero que cuando eso ocurra sepan entenderlos y apreciarlos mejor . Paradójicamente quien así, en forma fría, segó la vida del símbolo de una generación, parecía entender mejor que nadie los valores agitados por esa generación, y en un destino que se asemejan al de Judas Iscariote, quien entregó al Mesías a sus enemigos, más que para obtener una mísera recompensa pecuniaria, para llamar la atención sobre la pureza de la doctrina cristiana, Chapman manifestó que le quitaba al mundo esa quintaesencia del amor y la paz entre los hombres para que ese mundo entendiera lo que perdía.

Tal vez haya mucho de razón en quienes treinta años después consideran que los Rolling Stones hicieron una música que refleja mejor que la de Los Beatles, la actitud de la generación de los sesentas. Más agresiva. Más irreverente. Que tal vez Ledd Zeppelin, Pink Floyd ejecutaron una más tajante ruptura. Que ese cierre espectacular de la década que fue el festival de Woodstock, donde la melodía dulzona de Los Beatles no cabía, reunió a quienes más radicalmente comprometidos estaban con el antiestablecimiento, Joe Cocker o Joan Baez, entre otros. Pero hay alguna razón, no muy fácil de explicar, para que sea la musica de Los Beatles la que haya trascendido la época y los valores de una generación para instalarse en forma definitiva en el sitial de lo clásico.

Intentemos una explicación. Los Beatles, en su vida personal, estuvieron a la búsqueda de caminos. El de la militancia social. El camino al interior a través de la droga. El de la trascendencia mediante las filosofías orientales. El de su afirmación socioeconómica a través del éxito, la popularidad y la creación de empresa. Tan desorientados en su búsqueda como la juventud de todos los tiempos.

Mientras otros fueron fundamentalmente afirmativos, tajantes en una posición que reducía la lucha sobre la Tierra a unos valores claros pero coyunturales que excluían de raíz un pasado que debía superarse definitivamente, Los Beatles reflejaron, antes que la mentalidad de una época, esa desorientación del hombre universal que no traza caminos antes de transitarlos, si no que los hace al andar. En sus propias palabras, el hombre de Los Beatles no tiene punto de vista, no sabe a dónde va. No es un poco como tú y como yo? . Y ese concepto no envejece ni caduca.

Así, cuando los ideales vayan y vuelvan, cuando la profecía de Chapman se cumpla y el mundo rescate o desperdicie de nuevo los valores de paz, inocencia y hermandad entre los hombres, nuevas generaciones seguirán en la búsqueda eterna, acompañados de sencillas y hondas tonadas como las de Los Beatles, igual que el silbo acompaña en su ruta al caminante. Porque no se agota ni envejece el trino de las aves, ni el sonido del viento entre las ramas de los árboles.