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Murió Carlos Villar Borda, uno de los periodistas más reconocidos de América Latina

Se desempeñó como coordinador de Redacción de EL TIEMPO y cubrió en 1967, en Bolivia, la muerte del guerrillero Ernesto Che Guevara, de quien luego escribiría dos libros biográficos.

16 de mayo 2010 , 12:00 a.m.

A los 84 años murió ayer en Bogotá el periodista Carlos J. Villar Borda, quien por más de 50 años se destacó como uno de los más reconocidos profesionales colombianos en América Latina.

Miembro de una familia de periodistas e intelectuales, Villar Borda estuvo vinculado a los principales medios de comunicación de Colombia, América Latina y Estados Unidos. Comenzó muy joven su profesión, de la mano de su padre, quien durante muchos años fue director de la oficina en Bogotá de la Associated Press (AP).

Se vinculó en los años cincuenta a la United Press International (UPI), que curiosamente era la principal competencia de la agencia noticiosa, que dirigía su padre. Allí hizo una brillante carrera de más de dos décadas. Primero fue corresponsal en Colombia y en los años 60 fue trasladado a Washington, donde ejerció la corresponsalía en la Casa Blanca para los asuntos latinoamericanos.

Su amplio conocimiento del continente fue aprovechado por la UPI para cubrir importantes acontecimientos regionales, como la guerra civil en República Dominicana y la intervención estadounidense en ese país en 1965; los cinco ascensos y cuatro derrocamientos del presidente ecuatoriano José María Velasco Ibarra; el golpe de Estado de 1953 en Colombia y los accesos de los militares al poder en Suramérica entre los años 50 y 70.

Cubrió para América Latina muchas de las más agitadas asambleas de la Organización de los Estados Americanos (OEA), entre ellas aquella histórica en la que se decidió la exclusión de Cuba del sistema interamericano. Coordinó el cubrimiento para todo el mundo de la visita del papa Paulo VI a Colombia en 1968, y cubrió en 1967, en Bolivia, la muerte del guerrillero Ernesto 'Che' Guevara, de quien escribió dos libros biográficos.

Prácticamente sin haber ido nunca a un estadio, coordinó para el Departamento Latinoamericano de la UPI el cubrimiento de seis Olimpiadas, seis Juegos Panamericanos y cinco Campeonatos Mundiales de Fútbol. Eran famosos sus memorandos en que explicaba a los corresponsales cómo debían escribir una crónica de beísbol.

A su retiro en 1974 como Vicepresidente de la UPI para América Latina, fue nombrado coordinador de Redacción de EL TIEMPO, cargo equivalente a una jefatura de Redacción que sólo habían ejercido los hermanos Enrique y Hernando Santos.

Fue implacable crítico de la mediocridad y firme defensor de la ética y de la independencia. Una vez retirado del diario bogotano, en 1978 asumió la asesoría editorial y de Producción del diario El Universo, de Guayaquil, donde desarrolló una profunda transformación.

Tras volver a Colombia, en la década de los 90, fundó y dirigió la Escuela de Periodismo de EL TIEMPO, donde se prepararon muchos periodistas del diario, varios de los cuales ocupan hoy destacadas posiciones en la redacción de este periódico.

También dirigió el equipo que escribió el Manual de Redacción de EL TIEMPO, que sigue siendo la cartilla de navegación de los periodistas de este diario.

Hasta los últimos días estuvo pendiente de los desarrollos de la actividad periodística. Escribía con regularidad para el periódico de oposición Un Pasquín y era un severo crítico de la falta de independencia y objetividad.

Le sobreviven su esposa Jeannette Stein, sus hijos Carlos, Ximena, Corina y Felipe, y sus hermanos Leopoldo, Beatriz, y Alberto.

Su cuerpo es velado en la Funeraria Gaviria de la calle 98, en el norte de Bogotá, y sus exequias y cremación se llevarán a cabo hoy a las 3 de la tarde en los Jardines de Paz.