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Veto a la venta de chicles en Universidad Nacional de Manizales enfrenta a estudiantes y directivos

Según los directivos de la institución, los estudiantes los pegan por todas partes, lo cual deteriora la planta física de la institución.

31 de enero 2007 , 12:00 a.m.

Aunque la prohibición fue adoptada desde el 2006, los estudiantes comenzaron a protestar ayer porque luego de dos días de clases, no consiguieron el dulce en las cafeterías del centro educativo.

Según los estudiantes de la U. Nacional es injusto con ellos, como miembros del plantel, no tener en sus cafeterías uno de los productos de mayor consumo.

Dicen, que a pesar del bajo costo, les deja ganancias a los vendedores por las cantidades que se venden en el día y complace sus necesidades de consumo. 

"La gente de la U. consume chicle todo el día, más los fumadores o los que toman mucho tinto, los estudiantes tenemos que poner de nuestra parte y comprometernos a tirar el dulce a la basura", comentó un estudiante de Administración de Empresas. 

Voceros de las cafeterías de las universidades de Manizales aseguran que este es uno de los comestibles que mejor se vende.
En la Universidad Católica los comerciantes dicen que venden en el día de 400 a 500 cajas de chicle, en la Autónoma solo en una de sus cafeterías pueden vender 2.000 cajas semanales y en la U. de Manizales el chicle deja en ganancias alrededor de 25 mil pesos.

Casi igual o más, dicen los tenderos de la Nacional, eran las ventas de la golosina antes de su prohibición desde el año pasado.

Se prohibió la venta, no el consumo, dicen directivas

A pesar de la significativa venta de este producto en la U. Nacional el director administrativo, Héctor Alirio Buriticá, aseguró que dentro del contrato de arrendamiento de las cafeterías está estipulado la no venta de chicle.

"Hay mucha polémica por algo que ya está decidido, no hemos dicho que los estudiantes no puedan consumir chicle, ellos lo pueden comprar en los puestos que hay alrededor de la Universidad".

Agregó Buriticá que la medida fue tomada por el mal comportamiento de los alumnos. "Son ellos quienes arrojan los chicles al piso, los pegan en las sillas y paredes de las aulas, causando así el deterioro y la mala apariencia de la institución. Una muestra de ello es el estado en el que se encuentra el piso del Campus Palogrande", explicó.

Para los alumnos este problema no durará mucho tiempo. Ya tienen la estrategia que, según ellos, solucionará la dificultad: Ellos mismos venderán los chicles por los pasillos y aulas, y hasta en las mesas de la cafetería pondrán sus propios puestos de dulces.

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