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Escorpión / Villa de Leyva, Parque seudocolonial

Por: Tina Alarcón

29 de enero 2007 , 12:00 a.m.

Aunque ciertas verdades nos rasguñen el alma, estas más que lastimarnos deberían hacernos reflexionar. Todos hemos oído los campanazos de alerta. Muchos hemos implorado, suplicado (y lo seguiremos haciendo). Lo que desconcierta es la actitud del diabético necio que se empaca una caja de chocolatinas cuando nadie lo ve.

El revuelo que causó en Villa de Leyva la columna del escritor Fernando Toledo en EL TIEMPO fue bien interesante. Ese domingo vi como muchos andaban con la nota recortada para fotocopiarla, oí como muchos decían que si las cosas seguían por el camino que iban pronto las cosas no tendrían solución. No me tope con nadie que estuviera en desacuerdo.

El desorden original lo implantó hace más de 40 años el maestro Luis Alberto Acuña cuando se inventó una Villa de Leyva de blasones, gabinetes franceses y portalones barrocos. La importancia de este pueblo del alma estaba en su pureza, en su sobriedad, en sus silencios, en la generosidad de su territorio, en la sencillez de sus gentes.

Nadie pretende que se viva de espaldas al desarrollo que implica bienestar. Nadie quiere vivir en un pueblo fantasma. Lo que duele es ver cómo tantos se aprovechan de la falta de un Plan de Ordenamiento Territorial o de los resquicios que este pueda tener para sacar tajada sin pensar en lo colectivo.

Haraquiri sin honor. Todavía hay personas que viven indignadas porque se eliminó de la Plaza Mayor el parqueadero más grande de toda Colombia, todavía hay unos cuantos que no admiten que la Calle Caliente se haya peatonalizado.

Hace unos seis meses hicimos un juicioso recorrido de la mano de Carlos Nieto, arquitecto de la Dirección de Patrimonio de Mincultura y quedamos desolados. Es cierto, las normas en reglas generales se cumplen. ¿Entonces qué pasa? Aunque el adobe sea uno de las más nobles materiales de construcción, no necesariamente quiere decir que los resultados tengan que serlo.

Hoy estamos llenos de castillitos de cartón paja que se van reproduciendo en las esquinas del casco urbano y en las veredas vecinas. Toledo tiene la razón, hace falta una curaduría responsable que no se deje manejar, que no admita excusas de pacotilla. No es que la administración municipal no pueda sola, es que es muy sano contar con el apoyo profesional de expertos nacionales e internacionales que estarían dispuestos a prestar su colaboración.

¿Cuántos no han ofrecido su asesoría? El mes entrante se hace en Uniboyacá un seminario sobre patrimonio que podríamos aprovechar y no sólo nosotros en Villa de Leyva, sino en todos los municipios que son monumento nacional.

Preservar no es congelar. Tengo fe en el desarrollo de los Planes Especiales de Protección que vienen en camino. El siglo XVII está bien lejos, sólo con el corazón en la mano y el apoyo de profesionales expertos podemos encontrar el equilibrio entre el pasado y lo contemporáneo. ¿O vamos a permitir, como bien dice Toledo, que sólo nos queden cascos rotos de botellas y la estridencia de los parlantes gomelos?