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José Gonzalo Gutiérrez pasó de ayudante de camión a senador de la República

Huyó de su casa a los cinco años porque no soportó los maltratos que recibía en la escuela. No terminó la primaria; también fue mensajero, albañil, taxista y conductor de bus.

28 de enero 2007 , 12:00 a.m.

En un lujoso apartamento del Centro Internacional de Bogotá, parado frente a un inmenso cuadro que tiene como fondo el Capitolio Nacional, Gutiérrez habla de sus hijos.

"Este es José Gonzalo, el administrador; ella es Claudia, la sicóloga; William Alexánder, el odontólogo y Edgar, el analista financiero".

Sus ojos brillan. Se siente orgulloso. Y tiene por qué estarlo, es la máxima realización para él, que sólo estudió hasta cuarto de primaria, que a los 11 años se voló de la casa y dejó atrás su pueblo, Gámeza (Boyacá), en donde nació hace 58 años.

"Mi mamá quería que estudiara allá o que terminara al menos la primaria, pero en ese tiempo los profesores me castigaban mucho, eran cinco reglazos en cada mano casi todos los días", dice.

Así empieza a contar su historia este hombre que llegó a Bogotá en una flota sin saber a donde iría a parar, pero que hoy es uno de los empresarios más importantes del transporte de Bogotá, y que de carámbola, por cuenta del escándalo de la 'parapolítica', llegó hace unos días al Senado. Es el reemplazo de Álvaro García.

Hijo de madre soltera, doña Ana Silvia Gutiérrez, quien hoy tiene 90 años, don José, como lo llaman sus amigos, empezó a trabajar desde los cinco años en la finca materna y en las de sus vecinos sembrando papa, trigo y cebada.

De su madre recuerda el gran sacrificio que hizo para poder alimentarlos a él y a sus tres hermanas. También hay recuerdos tristes. "Sufrí la humillación de gente que no lo trataba a uno bien, sobre todo porque era hijo de madre soltera, en esa época había mucha discriminación".

Durante dos días, en 1959, después de deambular por las calles de Bogotá, encontró a un paisano que era agente de policía. "En esa época ellos eran muy respetados. Me ayudó a entrar a trabajar en un restaurante lavando platos".

Fue mensajero de droguería, ayudante de tienda, de un almacén de calzado, albañil en la construcción de las primeras casas de Niza Antigua, en noroccidente de Bogotá.

Más tarde, tendría contacto con el oficio que marcaría su vida. "Conocí a un tío y fui su ayudante en un camión de Coca-Cola, vendíamos gaseosas en los barrios, ahí aprendí a manejar en un camioncito Chevrolet del 46".

El grado de chófer

Como necesitaba la libreta militar se fue a pagar servicio en 1966. "Es una experiencia muy linda que nunca olvido. Aprendí a obedecer, a ser ordenado, a madrugar. El Ejército fue como mi padre".

Aunque nunca pensó que sería conductor ni mucho menos que alcanzaría el poder que hoy tiene, don José salió del Ejército con su licencia de conducción.

Ya con ella en la mano llegó a Bogotá a manejar el camión de su tío durante un año. Y entre 1970 y 1973 manejó taxis alquilados, se ganaba 15 pesos por turno.

"Nunca me atracaron pero me tocó lidiar con los borrachos que no me pagaban la carrera y con pasajeros que golpeaban muy duro las puertas.Los colegas en la madrugada tomaban aguardiente, para mi eso no era negocio, pero tampoco pude ahorrar".

De los taxis pasó a los buses. Fue conductor de buses Amarillos y Rojos, en la Cooperativa Universo, en Sidauto. En 1975 fue a Comnalmicros, la que llegó a ser su empresa, a pedir trabajo como conductor. Le pidieron 500 pesos de depósito.

"Me puse a trabajar muy duro, desde las 4 de la mañana hasta las 11 de la noche. Una vez duré seis meses sin parar y con los ahorros me compré un taxi en sociedad con unos primos."

Un Fiat 76 que les entregaron con 25 mil pesos. "Vi que era mejor la buseta y lo vendí y compré parte de una buseta. Y seguí pagando el taxi. Aprendí que uno debe ser cumplido con sus créditos".

Con el trabajo de la primera buseta, al poco tiempo llegó a tener 20. "Una vez un señor me dio 14 busetas sin cuota inicial. Eso fue una bendición de Dios porque no tenía plata, pero todo eso por cumplir con los créditos. Seguí siendo un conductor más y dejé de manejar en 1984".

El hombre y empresario

A Gutiérrezo no solo le gustan los carros y tener muchos. Las mujeres en su vida también han sido varias. A los 25 años se casó con Martha Garzón y ya tenía dos hijos. Ella se enteró al año por unas amigas. "Nunca me preguntó", y agrega en medio de risas: "uno tiene que ser precavido y responsable. Así como a cada hijo le he dado la educación, a cada uno hay que tenerle una mamá".

Con Martha Garzón duró 19 años y se separó en 1993, hoy son grandes amigos. Luego se fue a vivir con otra mujer con la que duró nueve años, "hasta cuando las cosas no funcionaron más". Hace 4 años me separé. Con el que se la llevó vivo eternamente agradecido. Vivo una vida sabrosa, feliz, estoy soltero".

De sus antiguos compañeros del volante dice que muchos han logrado hacerse a una casa y a su propio carro, pero otros se gastaron todo en cerveza.

"Siguieron en eso, nunca pensaron en el futuro de los hijos, que es lo que yo más pensé en ese momento, que a mis hijos no les tocara ser conductores. Uno se friega mucho, los horarios son agotadores, uno tiene que estar pendiente de los pasajeros, de dar las vueltas, del timbre, de los trancones y del tráfico".

A Comnalmicros, la empresa que hoy es de su familia, entró como conductor, luego fue accionista, gerente y presidente. Intentó llegar al Concejo de Bogotá pero no le alcanzaron los votos. En el 2002 llegó a la Cámara de Representantes con 37 mil votos. Y en las elecciones del 2006 se 'quemó'.

Conalmicros es hoy una de las empresas más grandes de transporte en Bogotá, genera más de 2.500 empleos directos y tiene una flotilla de unos 800 vehículos.

Hoy, después de 58 años prefiere no mirar atrás. Y cuando se le pregunta que más le pide a la vida, dice: "Que mi Dios nunca me devuelva atrás, porque hay que mirar adelante, y es que atrás estaban dando rejo".

CARLOS A. CAMACHO MARÍN
REDACTOR DE EL TIEMPO

Garrote para sus colegas

"Los transportadores no son fuertes, son envidiosos, cada uno quiere un liderazgo, no se unen, y por eso es que les dan garrote".
José Gonzalo Gutiérrez, senador de la República.

'Zar' de un gremio cuestionado

¿Que dice del poder de los transportadores?

Lo que son es envidiosos, porque de fuertes no tienen nada, cada uno quiere un liderazgo.

Pero ellos financian campañas...

A mí nunca me dieron un peso, tampoco me han pedido favores.

¿Qué sabe del carrusel?

Se que a Carlos Delgado, a través de una sentencia, le dieron vía libre para comprar buses y vender cupos. No lo conozco ni tengo negocios con él.

¿Cómo consiguió los votos?

Los conductores poco votan. Algunos me ayudaron, pero unos creen que llego al Congreso y al otro día voy a hacerles rebajar 5 o 10 millones de pesos en multas. Eso no se puede hacer. Hice un trabajo con las comunidades y con madres comunitarias.