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Bob Geldof demostró anoche ser, ante todo y por sobre todo, un roquero químicamente puro

Sobre Bob Geldof se ha dicho mucho. Por ejemplo, que es el hombre de la película The Wall, que se reunió con Tony Blair, con George Bush Jr y que fue nominado al Premio Nobel.

26 de enero 2007 , 12:00 a.m.

Sin embargo, se sabe muy poco de su música. La injusticia de los listados de popularidad, los famosos top 10, no ha caído sobre su trabajo, con la excepción de I don't like Mondays, canción número uno en 42 países, pero merecería una mejor suerte.

Geldof mostró anoche en la Plaza de la Aduana de Cartagena que tres década de rock pesan sobre cualquier hoja de vida. Su programa estuvo integrado por canciones de sus tiempos como líder de los Boomtown Rats y otras de sus discos como solista. Se escucharon composiciones como This is the World calling, The beat of the night, y Room 19 (Sha la la la lee) entre otras. 

Dos horas de cátedra roquera, una lección del mejor new wave de finales de los setenta y comienzos de los ochenta. Rock con una base de punk, rock con mezclas de reggae, rock con percusiones africanas y, por encima de todo, rock celta, lleno de violines y acordeón.

Al final, pese a que la mayor parte de los 10 mil espectadores no sabía mucho de la música de Geldof, Cartagena casi termina bailando algo del 'irish stepdance', ese festivo ritmo, lleno de zapateo acelerado que hizo famoso en todo el mundo el bailarín Michael Flatley.

Bitácora del jueves en el Hay Festival

-El británico David Hitchens ratificó su leyenda de provocador. En sesión intercalada con unos Jack Daniela y al menos cinco o seis Marlboros, el autor de Cartas a un joven disidente, arremetió contra Dios, la cultura cristiana y los fundamentalismos. No dejó títere con cabeza y además arrancó varias carcajadas al público.

-Asne Seeterstad, la periodista noruega autora del Librero de Kabul, en donde narra su convivencia con una familia afgana, habló del drama de marginación y falta de derechos de la mujer en ese país. Al final de su charla, una mujer cartagenera, que dijo ser descendiente de sirios cristianos, y que viajaba todos los años a Damasco, le comentó lo siguiente: "Siempre que viajo a Damasco hablo con mis primas y veo que ellas son felices con el marido que les impusieron, no me pasa lo mismo a mí que pude escogerlo".