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Desahogo de los visitantes a las exposiciones se plasma en los cuadernos de visita

Desde elogios hasta sarcasmos hay en las hojas que las galerías ponen para que la gente opine sinceramente.

24 de enero 2007 , 12:00 a.m.

"Es un atentado contra el arte, contra los bogotanos y contra todo el mundo", escribió un anónimo sobre una muestra de arte en Bogotá.

Ya sea en una exposición con un perro muerto o de media docena de estatuas chinas patrimonio de la humanidad, los cuadernos que ponen algunas salas y galerías para los comentarios sirven para que los espectadores desahoguen su frustración, muestren su simpatía o, incluso, impartan dictámenes estéticos.

Para la exposición La ciudad gris, del Centro Colombo Americano, de Bogotá, un artista presentó un perro disecado que sostenía una especie de urna. La obra dio mucho que escribir.

"Lo del perro, grotesco (qué falta de imaginación)", puso uno. Pero a otro le gustó: "El perro en la caja es muy bonito", escribió.

Entre las instalaciones, había también una con desechos, que no fue bien recibida por un autodenominado 'Artista anti-basura', que apuntó: "¡Pura basura, como lo son sus autores! Si estos son los 'artistas' de hoy... ¡Que Dios nos ampare y nos favorezca!".

No todos atacan frontalmente. Otro, aparentemente más humilde, opinó: "La verdad, no entendí. Supongo que es una falta de parte mía, pero, de alguna manera, esto me recordó la historia de El traje nuevo del emperador".

Indignado por el uso del sabueso, alguien comentó: "No entiendo cómo puede haber gustos tan aberrantes. ¡Para mí es impresionante el perro!... Quisiera saber a dónde vamos a llegar". Para más contrastes, otro exclamó, al mejor estilo de Juanes: "Ese perro está una chimba".

Comentarios implacables

Quienes escriben pueden ser descarnados.

Un anónimo expresó su disgusto sobre la muestra de Los Guerreros de Terracota, la más importante del Museo Nacional en el 2006: "La exposición de la estatuas chinas es una vergüenza, muy poco espacio, mal distribuida y no pensada para la cantidad de gente que viene".

Una visitante se puso en el otro extremo: "Muchas gracias por brindarnos esta oportunidad única de reconocer nuestra cultura y compararla con las maravillas de la cultura china. Me siento conmovida", dijo.

También hay poco tolerantes, como quien expresó en ese mismo museo: "Muy buena exposición. No deberían dejar entrar niños".

Los más inspirados buscan frases en honduras poéticas. Es el caso de una mujer que escribió en el Museo de Arte Contemporáneo, de Bogotá, a propósito de una muestra de grafiti: "Cómo la muerte hace que expresen holocaustos de poemas, el grafiti se siente, las prosas, las piezas se ejecutan como ondas radiactivas".

Hay textos que podrían aplicarse a cualquier exposición o hasta usarse para vender un libro de autoayuda. Para la muestra: "Cada persona tiene su propia forma de ver la vida, vivirla y, por ende, subsistir y lo máximo es vivir".

El humor también ronda. En la exposición Nothing in my hands, nothing up my sleeves... (Nada en mis manos, nada en mis mangas), del Colombo Americano, el artista colgó del techo varios aros y varitas delgadas. Uno opinó: "¡Hombre! !Que buena idea! Es el mejor sitio para colgar pericos y loros".

No faltan quienes se introducen en laberintos casi inescrutables. Sobre esta muestra alguien sentenció: "Tan incomprensible es la mente de cada ser, como cercano pero intangible para los demás, si supiéramos que caminamos entre ellos, sobre ellos, bajo ellos". Y como, al parecer, alguien lo miraba, concluyó mortificado: "No lea, copión".

Otras personas parecen más sensibles, como una que, por poco, ni es capaz de escribir: "Estupefacta y levitando quedé", puso.

Y es que parece que el arte no solo eleva el espíritu, sino también, otras emociones. Eso se intuye al leer el párrafo de una mujer en una exposición del artista Jaime Ávila, organizada por la galería Alcuadrado: "Jaime: me encanta que todo está a punto, a punto de estallar, a punto de volverse muy rojo, como mis labios".

El arte sigue despertando pasiones encontradas y los cuadernos de visita terminan por ser los confesores de esos amores-odios.

Los cuadernos de visita sirven para evaluar el trabajo en las galerías y salas, y para entablar una relación con el público.

"Para mí, son una forma de hacer una base de datos con la gente que viene. Son muy útiles porque nuestras exposiciones son en distintos lugares y así podemos tener contacto con los visitantes", cuenta Gloria Saldarriaga, directora de la galería Alcuadrado.

A Estafanía Sokoloff, directora cultural del Centro Colombo Americano, de Bogotá, le resultan imprescindibles. "Registrar la opinión de la gente es un método de autoevaluación para el artista y para el centro cultural porque la gente escribe sobre al calidad de la obra y de lo que puede hacer falta en el montaje".

DIEGO GUERRERO
REDACTOR DE EL TIEMPO