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Al tablero

Quienes apenas inician la eduación de los hijos deben prepararse para asumir gastos que con frecuencia duran más de dos décadas

22 de enero 2007 , 12:00 a.m.

 Ha sido un regreso gradual. Pero a lo largo de los últimos días, cientos de miles de estudiantes de escuelas, colegios y universidades en todo el país han vuelto a la rutina de las clases, madrugar, hacer tareas, elaborar trabajos los fines de semana o trasnocharse para preparar las evaluaciones.

Sin embargo, para los padres de familia el asunto es a otro precio. Según los conocedores, tener un niño en edad escolar en el sistema privado implica enfrentarse a un tablero lleno de cifras y responsabilidades futuras que a pesos de hoy vale fácilmente unos 120 millones, un costo similar al de comprar un apartamento de estrato cuatro en Bogotá, Medellín, Cali o Barranquilla. En este caso, los 'intereses' crecen al ritmo de la inflación o del porcentaje de alzas autorizado anualmente por el Ministerio de Educación.

Lo anterior significa que cada vez que un hijo ingresa a preescolar, los padres adquieren compromisos económicos similares al pago de una deuda del tamaño de su propia vivienda, que deberá cancelarse en cuotas mensuales durante los siguientes 20 ó 22 años, para costear el paso por preescolar, primaria, bachillerato, carrera profesional y especialización.

Las cifras mencionadas tienen como base cálculos para un estudiante de clase media, de colegio privado, no bilingüe, cuya pensión mensual, incluido el transporte, asciende a 500.000 pesos, desde el primer año de estudio hasta el bachillerato y una carrera en la que el semestre cueste alrededor de cuatro millones de pesos. A ello se suma una especialización en una universidad de costo medio. Desde luego es posible encontrar opciones de educación más barata, como también existen colegios o universidades en Colombia en los cuales las cuantías son muy superiores.
Al igual que en la compra de un apartamento en el que ser propietario implica pagar impuestos, administración, servicios públicos y hacer el mantenimiento del mismo, la educación tiene gastos adicionales que pueden llegar a ser similares a los de la pensión o la matrícula. Uniformes, útiles, libros, material para trabajos especiales, cuotas extras, costos de paseos, salidas académicas, bazares y muchas otras actividades, hacen parte del menú de gastos de un estudiante y, por supuesto, de sus padres.

Según cálculos del rector de la Universidad Nacional, Moisés Wasserman, pagar un crédito de 40 millones de pesos, costo promedio de una carrera profesional, toma alrededor de 25 años, un lapso considerable en un país de apenas 3.000 dólares de ingreso por habitante. Al llegar al final del proceso, los papás se enfrentan al dilema de ayudarles a sus hijos, ya profesionales, a buscar un empleo. Todo esto sin contar las clases de aprendizaje de un idioma extranjero que cuestan entre 25.000 y 30.000 pesos la hora, aunque existen opciones más onerosas. Un intercambio de un año, por ejemplo, tiene un valor aproximado de 25 millones de pesos, solo en manutención. 

Así las cosas, el primer día de colegio de un niño es el comienzo de un largo proceso, no sólo para los alumnos sino también para sus padres. Existen, por supuesto, las satisfacciones de ver crecer a los hijos con el paso de la vida, las cuales compensan con creces los sacrificios. Y están las retribuciones desde el punto de vista meramente económico, pues las investigaciones confirman que los mayores niveles de educación vienen acompañados normalmente de ingresos crecientes, una circunstancia que no necesariamente es retribuida a los padres. Tal como afirma Jorge Bernal, un profesional bogotano, "educar a mis hijos, ya sea como papá o como generador de recursos para el pago de sus estudios, tiene una rentabilidad que no es posible medir en dinero, sino en razones de vida". Y concluye: "Por eso hacer cuentas tiene sólo un sentido monetario, lo cual es importante, pero apenas una parte muy pequeña de un horizonte más amplio y fundamental".