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¿Quiénes eran los custodios de las caletas millonarias descubiertas en Cali?

La custodia del oro y los dólares estaba en manos de vendedoras de perfumes, amas de casa, una manicurista, la tesorera de una notaría, un dibujante técnico y un profesor de spinning.

19 de enero 2007 , 12:00 a.m.

 De las 18 personas capturadas por presunto lavado de activos, dos ya recobraron su libertad. Una mujer sordomuda de 28 años y una publicista de 23, quien estaba de visita en una de las casas allanadas.

Las otras 16 se acogieron a sentencia anticipada de penas por el delito de lavado de activos en la modalidad de custodia. Eso llevaría a que sus condenas, en vez de estar entre 8 y 23 años, bajen a 4 y 16 años, aparte de las multas.

La vendedora de perfumes María Rubiela Lozano Beltrán, el dibujante técnico Jorge Iván Osorio Monsalve y el profesor de spinning Luis Alberto Satizábal Henao, se presentaron como propietarios de las casas donde se encontraron las caletas, aceptaron el cargo por lavado de activos, mientras que los otros reconocieron ser cómplices.

La colaboración ciudadana fue clave en el descubrimiento de las caletas donde había hasta barras y monedas de oro, dice la Policía. Los operativos se cumplieron en Cali durante los últimos 10 días.

A la segunda caleta encontrada el 16 de enero pasado en una vivienda del barrio Vipasa, en el norte de Cali, se llegó  después de una llamada recibida en la Dijín de Bogotá. Desde la capital del Valle el informante se comunicó  el 14 de enero al 4266267 y advirtió sobre una casa donde guardaban granadas y ametralladoras.

Pero en el allanamiento que se inició  a las 6:25 a.m. y concluyó  a las 9:00 p.m. lo que la Policía Judicial encontró  fue 18,9 millones de dólares bajo el piso de la habitación principal. Los vecinos estaban sorprendidos porque esa casa era frecuentada por policías motorizados, testimonios que fueron corroborados ante la Fiscalía.

Ahí fueron capturadas nueve personas, la mayoría de ellas de Tuluá. Todas estaban en pijama y no había maletas que hicieran pensar que se encontraban de paso. Lozano Beltrán, la dueña de la casa, tenía un revólver calibre 38 y Juan Carlos Echavarría, uno de los hombres que habitaba la vivienda, una pistola 9 milímetros con dos cargadores. Desde el garaje donde había un colchón, el grupo familiar vigilaba cualquier movimiento.

Entre los sindicados figuran el novio de María Rubiela Lozano Beltrán, William Hernán Mesa; su hermana Lyda Nelly Lozano Beltrán y su novio Carlos Enrique Leyton García y Esperanza Mejía, pariente de Mesa. 
Los 68 paquetes que contenían los dólares con billetes de 100 tenían información que indican de una auditoría realizada en mayo del 2005.

La caleta dorada
Las otras caletas que llamaron  la atención, por su contenido, estaban en la vivienda de Satizábal Henao, en Prados del Norte. En la pared del baño auxiliar del primer piso escondía 309 barras de oro, cada una pesaba un kilo. Pero en la habitación de su hermana, la manicurista Luz Elena Satizábal, había otro escondite.

En el segundo piso se descubrió un closet con una pared de doble fondo que fue preciso romper con porras. Se encontraron 178 monedas de oro canadienses, cada una con un valor de 100 dólares. El valor de cada barra de oro se estimó  en 45 millones de pesos.

La primera caleta fue descubierta el 12 de enero pasado, en Nueva Tequendama, al sur de Cali. En la alacena de una cocina, en bolsas plásticas, se guardaban 13,5 millones de dólares, 1,9 millones de euros y 25 millones de pesos. Hubo que contar el dinero a mano porque estaba   húmedo y la máquina no funcionó.   

Los bienes inmobiliarios
La primera caleta de la carrera 53 No 5B-53 fue comprada el 16 de abril del 2004, según la escritura 847 de la Notaría 14 de Cali. El último registro dice que Jorge Iván Osorio Monsalve la compró en un precio ganga.

El documento dice que se pagaron 43 millones de pesos  por esa edificación de 140 metros cuadrados, de dos pisos, en un área de alta valorización y en un sector entre residencial y comercial del sur de Cali. Pagó de contado y en efectivo a la propietaria.

Las autoridades dice que la caleta, en la alacena de la cocina, estaba allí desde hace más de un año y que operaba como una especie de caja menor, porque no estaba completamente sellada y se movía dinero, aunque de manera muy reservada.

De hecho, Osorio, un dibujante técnico, que se declaró culpable como autor de lavado de activos, se movilizaba en un carro blanco antiguo; mientras que compañera Alexandra Masmelas, quien usaba una motocicleta y era una empleada de una notaría, negoció cargos por complicidad.

La casa de la calle 40 No 3GN-15 del barrio Vipasa, donde estaba la segunda caleta, es una casa de una planta que hasta casi dos años era una tienda maneja por una familia que se fue del sector.

El 31 de octubre del 2005 María Rubiela Lozano Beltrán compró a dos hermanos esa casa por 76 millones de pesos, según escritura 3390 de la Notaría Cuarta. Luego, mediante otra escritura del 27 de febrero del 2006 se aclaró la dirección del predio. Este negocio se hizo por 76 millones.

En la audiencia su abogado dijo textualmente que ella no sabía de la existencia de la caleta, en la alcoba principal, porque la casa la había adquirido el 12 de abril del 2006. Las indagaciones oficiales indican que esa casa fue sometida a remodelaciones.

La caleta figuraba como un 'banco' porque estaba recubierta de cemento y protegida por acrílico y madera.

La tercera caleta se localizaba en la calle 50 No 2AN-17 del barrio La Merced. Allí vivía Gloria Patricia Vivas Martínez y una pariente suya de 80 años.

Vivas se presentó como arrendataria pero no informó el nombre de la dueña o dueño. Dijo que tenía un contrato verbal, lo cual es legal, según argumentó. El último reporte en la oficina de Registro de Instrumentos Públicos muestra una operación entre un particular y una sociedad.

Según la escritura 2138 del 28 de mayo de 1975 Luis Eduardo Henao García se la compró a una sociedad anónima por 293.000 pesos. Pero luego, mediante escritura 5238 del 30 del septiembre de ese mismo año parece como si la hubiera regresado.
Desde ese momento no hay más registros.

Al momento de ser allanada la casa Vivas dialogaba con Álvaro JoséCabal, quien había llegado con dos trabajadores a una 'remodelación'. Según la Fiscalía, lo que estaban era abriendo un foramen en una bodegaza hecha debajo de las gradas. Era el segundo banco porque estaba sellado.

 En la audiencia, Vivas, Cabal y Robinson Vásquez, uno de los trabajadores, se declararon responsables de complicidad en lavado de activos en la modalidad de custodia. Mientras que Alberto Lozano Beltrán, quien hace parte de una de las familias enredadas en las caletas, se presentó como autor del mismo delito.

La caleta del oro, localizada en la calle 38 No 2AN-03 del barrio Prados del Norte, es una casa de dos plantas, era la más modesta del sector.

Aunque en la audiencia Luis Eduardo Satizábal Henao, un entrenador de spinning, declaró que esa casa era de su propiedad, no aparece registrado su nombre como tal en la Oficina de Registro de Instrumentos Públicos.

Tampoco se pudo localizar el registro por dirección del inmueble. Una fuente oficial dijo que eso ocurre a veces cuando el registro es muy antiguo, pero también se ha presentado por enredos con bienes.

En cambio, a nombre Satizábal figura un apartamento en el sur de la ciudad, que fue comprado el 13 de junio del 2001.

Las dos caletas de Prados del Norte estaban selladas. Las paredes debieron demolerse para sacar el oro.