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Hombre de 82 años aprendió a leer, pero está a punto de quedarse ciego

De su ojo izquierdo brotan lágrimas constantemente, aunque él no esté llorando, porque la queratitis le caló la cornea.

17 de enero 2007 , 12:00 a.m.

Si el mundo fuera su departamento, este viejito tendría la fama de Michael Jackson, pues hablan de él en radio y su rostro está en cientos de afiches y camisetas.

José Aquileo Quintero Moreno es la imagen del programa de alfabetización para adultos de la Gobernación de Boyacá 'Yo sí puedo', que cuenta con el apoyo del Ministerio de Educación de Cuba y busca que más campesinos como él salgan del analfabetismo.

Decenas de cuñas radiales lo mencionan todo el día en Boyacá: /Aquileo /yo si puedo / yo si puedo leer y escribir/. Además, se imprimió su caricatura en más de mil camisetas y hay afiches en las calles de los 123 municipios.

Por todo eso, José Aquileo ya no dormirá en el rancho de piso de tierra que ha habitado por más de 40 años en Ventaquemada, sino en la casa nueva que le regalaron el pasado 4 de enero.

'Que me salven las vistas'

Pero no todo son buenas noticias. Mientras acaricia a 'Mariana', su gata y fiel compañía, Aquileo confiesa que sólo espera un nuevo milagro.

"Que Santa Lucía me sane las vistas, no quiero que me las saquen", dice y dirige la mirada casi sin luz hacia una imagen de la virgen del Carmen y a otra, que él llama 'la buena muerte'. Aparece una mujer en su lecho rodeada de ángeles. Cada día ve menos y, ahora que sabe, ya casi no puede leer.

La enfermedad está tan avanzada que hace pocas semanas estuvieron a punto de sacarle el ojo izquierdo. Pero no se dejó. En plena cirugía, en una clínica de Tunja, se les rebeló a los médicos y les pidió que le dejaran el ojo en el mismo lugar.

"No quiero quedar tuerto. No quiero que me quiten nada más", dice, porque hace 40 años le amputaron una pierna después de que una gigantesca piedra se le vino encima, cuando era minero.

"¿Sin una pierna y sin un ojo? Eso sería terrible", afirma mientras suelta una sonrisa en la que demuestra que además de la pierna izquierda también le falta algo más: los dientes. En estos días, el abuelo recibe un estricto tratamiento a base de antibióticos para matar la infección en los ojos. Los médicos le prohibieron forzarlos.

Por eso se la pasa repitiendo que lo que más quiere es leer el almanaque Bristol, que le indica en qué temporada del año es mejor sembrar papa. Dice también que extraña leer en los carteles a los paisanos muertos y las noticias en los periódicos.

"Yo me alivio. Seguro que las vistas se me mejoran. Quiero volver a ver bien para seguir leyendo". Si eso resulta, Aquileo volverá a la escuela, para aprender la primaria completa.

La hazaña de salir de la ignorancia la consiguió en un poco más de dos meses, en la escuela de la vereda, con sus vecinos y con la instrucción de la 'profe' de esa zona, Briceida Moreno.

Casa nueva

Desde temprano, mucho antes de que llegue la noche, Aquileo se refugia en su nueva casa de una sola habitación y cocina con fogón de leña. Suele preparar café en las mañanas y aguadepanela en las tardes para lidiar el frío que azota la región.

A excepción de 'Mariana', 10 pollos, cuatro ovejas y unas pocas matas de maíz, Aquileo permanece solo.

Eso sí, su hijastra Inés no lo desampara y en medio de la pobreza le da la comida cada día. Ella es lo único que le quedó de su matrimonio con Lilia Mayorga, muerta hace más de 30 años. Dicen que nunca la olvidó porque no volvió a conseguir mujer.

El nuevo aposento del abuelo es de color naranja, que contrasta con el verde de los potreros. Todo el día se la pasa brincando por la casa con sus muletas.

Al final de esta entrevista, el viejo se acordó de pedir algo más. "No es justo que esté estrenando casa y que tenga el mismo zapato viejo. Por eso le pido, señor periodista, que escriba que famoso y todo, pero que necesito un zapato nuevo, acuérdese que solo tengo un pie".

JOSÉ ALBERTO MOJICA P.
Corresponsal de EL TIEMPO
TUNJA