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Escorpión / Divino tesoro

Por Tina Alarcón, Escritora y periodista.

15 de enero 2007 , 12:00 a.m.

En los viajes de mi infancia siempre le sacábamos la delantera al sol, envueltas en el último sueño e ilusionadas con la aventura que papá manejaba. El juego al llegar a cada pueblo era ver quién se pillaba primero el óvalo azul de Telecom. Orgullo nacional. De eso ya han pasado 50 años. No voy a caer en el lugar común de los tiempos cambian o la competencia impone nuevas reglas. No. Quiero centrarme en Telecom hoy, aquí en mi casa, en mi pueblo y obviamente en Tunja.

Estoy con el teléfono medio cortado. No pagué el último recibo y ahora estoy a la espera del nuevo. A la hora del desayuno cazamos las apuestas. Este mes llega a la papelería de don Fabio... "No mamá, llega a la casa y se lo come Frida". ¡Que no! Frida sólo digiere los de internet. Aclaro: Frida es mi perra labrador adicta a los recibos de internet, como yo a los trufas de chocolate de Patrice. ¿Quién sabe donde anda mi recibo? Debo confesar que en el ex Telecom de Villa de Leyva ya vi el arrume de recibos, ahora sólo me resta adivinar y salir a perseguir la tan codiciada factura. Tres idas a la papelería y vigilancia permanente desde el balcón de mi casa. Es que ahora somos españoles y los recibos los reparte una empresa independiente. ¡Olé! Hace cerca de un año nos cerraron la oficina de Telecom y nos dejaron fritos. Cualquier reclamo toca ir a Tunja o bien, estar en gracia de Dios y que contesten en el 186.

Claro que he ido a Tunja, eso no tiene sentido, en medio de tantas colas, es más fácil sacar visa gringa que lograr un duplicado. "Tranquila señora que le llega en correo certificado". "Tranquila señora que si el 13 no le ha llegado, nos vuelve a llamar o se da una pasadita por Tunja". Entiendo que debe ser bien complicado repartir recibos en un pueblo como Villa de Leyva, pero es que no sólo es el tema de los recibos, es que el servicio es bien deficiente y lo grave es que si no hay servicio tampoco hay cajeros, ni datáfonos, ni internet, ni amores, ni trabajo. Mis amigos hoteleros han tenido que dejar ir a sus clientes sin pagar, confiando en la honestidad de sus huéspedes. Continuará...