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Tribuna / El Estado Nacional

Por Armando Gutiérrez Quintero.

15 de enero 2007 , 12:00 a.m.
Al iniciarse este 2007 presentí una inquietud que me condujo a serias reflexiones. La pacificación de Colombia no se podrá lograr si no invertimos el llamado Estado de Derecho de que tanto hacen gala los tinterillos de la paz y los pontífices de la verdad jurídica, por el Estado Nacional, que determine los factores realistas de la paz y suspenda los estertores del Estado de Derecho de la preguerra y lo convierta en verdadero frente civil y político que resuelva la situación que flagela al país.

Una guerra como la nuestra no se termina aceitando un Estado de Derecho institucionalizado en la preguerra. Ese no es el adecuado para pactar los armisticios, los perdones definitivos y la suscripción de los tratados que den por terminada la guerra de 40 años y rescaten al país de quienes se rasgan las vestiduras por un inciso que solo puede aplicarse cuando no existen condiciones de guerra.
Desconozco la proclama de paz del partido liberal de oposición, que perdió sus mayorías por no proponer una solución realista para la terminación del conflicto armado y cuyo vacío vino a llenar el Candidato y hoy presidente de la República Álvaro Uribe. Sin banderas para la pacificación, mi partido de las grandes masas populares quedó rodeado de cobardía, impotencia e indecisión para firmar la paz.

Desconozco la propuesta inmediata y práctica del polo de desarrollo para la firma de la paz con las fuerzas insurgentes. De un Polo que nació a la democracia por un armisticio de paz y olvido, y que ahora, paradójicamente defiende el Estado de Derecho que desconoció como grupo guerrillero.

El ejercicio de los diletantes del Congreso Nacional amparados en la protección que reciben del Estado para negar una proclama de pacificación, nos resulta un juego demagógico, de planteamientos destemplados sobre un Estado de Derecho que no funciona para la erradicación de la lucha armada. Necesitamos la integración del Estado Nacional. Que rodee al Presidente Uribe que quiere hacer la paz y le contraproponga soluciones para el armisticio que se necesita. Se precisa liquidar la guerra para reestructurar el verdadero Estado de Derecho de la Posguerra Nacional.

El juego de los incisos legalistas sobre los índices de secuestro, los muertos de la guerra y la orfandad de los campesinos no admite más figurones vestidos de próceres sobre el dolor de la patria.

Señores líderes políticos: juéguensela toda por Colombia, o abandonen sus cargos para que la paz real se pueda pactar. No se respalden en la cobardía de no permitir la paz con los insurgentes. Proclámenla como solución integral y permitan que el Estado de Derecho de la postguerra instaure en el país la concordia.