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La tenaza

Con los anuncios de Chávez y los roces con Ecuador, esta claro que Colombia está en un sándwich.

13 de enero 2007 , 12:00 a.m.

El Miércoles de la semana pasada, cuando ya había caído la tarde en Managua, el presidente electo del ecuador, Rafael Correa, le dijo a la prensa que en la reunión que acababa de mantener con Álvaro Uribe habían llegado a un acuerdo sobre las fumigaciones a los cultivos de coca en el suroccidente de Colombia. "cada vez que se vaya a fumigar cerca de la frontera, se nos informará para enviar inspectores y verificar que el glifosato no pase a Ecuador", especificó Correa.

El anuncio pareció ponerle fin a una crisis que comenzó a mediados de diciembre y a la que estuvo vinculado el presidente venezolano Hugo Chávez. Pero no hay tal. Diferentes analistas consultados por CAMBIO, así como funcionarios del Gobierno, que opinan en privado, piensan que lo que se le viene encima a Colombia es una especie de tenaza política con brazos en Caracas y Quito y en la que muy posiblemente tomarán parte el presidente boliviano Evo Morales así como Daniel Ortega, quien se posesionó en la presidencia de Nicaragua poco antes de la reunión entre Uribe y Correa. Un día después de la crísis con este país el propio Ortega firmó la adhesión de su país a la Alternativa Bolivariana para la América (Alba), una alianza en la que participan además Cuba, Bolivia y Venezuela.

Así las cosas, el tono de los mensajes provenientes de las capitales vecinas hacen prever que al país se le aproxima una época de tensiones que no será fácil de sortear con éxito. Tanto la profundización de la revolución bolivariana de Chávez anunciada en el discurso de posesión de su nuevo mandato, como el ímpetu impredecible de Correa, quien comienza esta semana a desempeñarse en el cargo, tienen a la diplomacia colombiana, con Álvaro Uribe a la cabeza, con el ceño fruncido. No solo el venezolano está envalentonado gracias a una chequera inmensa y un poder interno casi absoluto, sino que el ecuatoriano le causó a Uribe la impresión de ser capaz de cualquier cosa y totalmente voluble en sus reacciones.

La pelea en el Sur

Las relaciones difíciles con Ecuador vienen desde hace algún tiempo y tienen que ver con el impacto de la confrontación con las Farc, el creciente número de colombianos al sur de la frontera e incluso el deterioro en la seguridad de la que había sido tradicionalmente una nación convulsa políticamente y dividida entre la sierra y la costa, pero en últimas, tranquila. "Cuando llegué aquí me recibieron con los brazos abiertos. Ahora encuentro gestos de hostilidad cada vez más frecuentes", le dijo a CAMBIO Jerónimo García, un floricultor que lleva más de una década cerca de Quito. "Ha habido muchos cambios de gobierno y quizás por esa debilidad institucional, uno de los temas que mueven a la opinión es hablar mal de Colombia", agregó.

El 12 de diciembre, cuando Álvaro Uribe dio la orden de volver a fumigar con glifosato los cultivos ilícitos en una franja paralela a la frontera, empezó la crisis con Ecuador. La reacción en Quito no se hizo esperar. Molesto por lo que consideró un rompimiento de un pacto sellado un año antes, en el sentido de que las aspersiones se suspenderían mientras se analizaban los efectos del fungicida, el ministro ecuatoriano de Relaciones Exteriores saliente, Francisco Carrión, se quejó públicamente. "La decisión colombiana de retomar las aspersiones, sin respetar el compromiso que adquirió hace un año, es cuando menos una muestra de enemistad y hasta de hostilidad", dijo. La Cancillería ecuatoriana recordó además que el Gobierno colombiano se había comprometido a no fumigar a menos de 10 kilómetros de la frontera y señaló que en esta ocasión las aeronaves estaban asperjando cultivos a sólo 100 metros de la línea limítrofe.

Carrión no sólo protestó. También amenazó con endurecer la política frente a los inmigrantes colombianos en su país. "Ecuador ha sido extraordinariamente generoso y solidario con Colombia por la acogida que ha dado a medio millón de colombianos en nuestro territorio, la mayoría de ellos indocumentados", añadió.

Pocos días después la tensión aumentó. Desde Buenos Aires, Rafael Correa dijo que "estamos recibiendo una agresión por parte de Colombia. Consideramos eso un acto hostil". Y no se quedó ahí. El martes siguiente -era ya 19 de diciembre-, tras aterrizar en el aeropuerto de Caracas para visitar a Hugo Chávez, volvió a mencionar el rifirrafe. "Pueden sacar los estudios que quieran -señaló- pero en Ecuador la gente está con erupciones cutáneas".

Chávez respaldó a su huésped. "Todo lo que sea causa o lucha, primero de soberanía, de justicia, protección de los pueblos, contará con nuestra solidaridad", anotó para recomendarle luego a Colombia que ponga en marcha un programa de erradicación manual de la coca como el que tiene su país en Perijá. Como si fuera poco, también censuró la política antidroga de Estados Unidos al asegurar que se trata de "un método del imperialismo para penetrar nuestros países".

Acto seguido Rafael Correa anunció ante las cámaras la cancelación de su viaje a Bogotá previsto para finales de diciembre. ¿El motivo? Que el gobierno de Álvaro Uribe se había negado a suspender las aspersiones durante la permanencia en Colombia del presidente electo del Ecuador.

La cancelación del viaje de Correa le supo a cacho al Gobierno colombiano, que a la mañana siguiente informó, no sólo por boca del ministro del Interior, Carlos Holguín Sardi, sino de la canciller, María Consuelo Araújo, y del ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, que seis días más tarde iba a suspender las fumigaciones. La idea era bajarle la temperatura a la disputa. Pero el objetivo no se logró porque ese mismo día Carlos Holguín sugirió en Caracol que Chávez había influido en la cancelación del viaje de Correa a Bogotá.

Quién dijo miedo. En cuestión de minutos, el canciller venezolano Nicolás Maduro le puso el punto sobre las íes al ministro colombiano. En alusión a la postura de Holguín, dijo: "Es una ofensa a Venezuela y Ecuador y por otro lado se pone en tela de juicio la autonomía de nuestro amigo el presidente electo ecuatoriano".

El 27 de diciembre, la ministra Araújo expidió un comunicado en el que afirmó que "el Gobierno en ningún momento" había pensado atribuirle "responsabilidad alguna al Gobierno de Venezuela por los asuntos de coyuntura por los que atraviesa la relación entre Colombia y Ecuador". Pero el daño estaba hecho, sobre todo en Quito, donde la canciller designada, María Fernanda Espinosa, dio su "palabra de honor" en el sentido de que mientras estuvo con Correa y Chávez en Caracas, "el presidente de Venezuela no mencionó el tema (la crisis por la fumigación) durante las conversaciones bilaterales".

Lo increíble de todo es que aún faltaba otro episodio para enturbiar todavía más las relaciones. Ocurrió el 26 de diciembre, cuando el director general de la Policía colombiana, el general Jorge Daniel Castro, aseguró que en el Ecuador hay cultivos de coca, con lo cual no sólo fue desmentido por el embajador en Quito, Carlos Holguín hijo, sino que fue blanco de las críticas de Carrión, quien lo acusó de "distorsionar las cosas".

En los últimos 10 días hubo nuevos capítulos de este novelón. Aparte de que los cultivos de coca no han aparecido, el martes pasado el Consejo Permanente de Embajadores en la OEA escuchó en silencio las exposiciones de Carrión y el vicecanciller colombiano Camilo Reyes, en las cuales cada bando contó su versión del impasse. La única excepción fue la del embajador venezolano Nelson Pineda, quien leyó una declaración a favor de Ecuador. En contra de todas las expectativas, al final del encuentro quedó la impresión de que ambos países podrían llegar a un principio de acuerdo que acabó definiéndose un día después en la cita entre Uribe y Correa en Nicaragua. Y aunque la asistencia del colombiano a la posesión de su homólogo ecuatoriano esta semana en Quito ayudará a limar las asperezas, las cartas ya están echadas.

Del otro lado

Pero si al sur llueve, en Caracas no escampa. Si bien ha pasado un buen tiempo desde cuando el tono de las declaraciones referidas a Colombia llegó a un volumen muy alto, "nuestra relación con Venezuela está todo el tiempo en cuidados intensivos", le dijo a CAMBIO un ex embajador en ese país. Que las cosas no están del todo bien lo demuestra la negativa de Chávez de hacerse presente en los actos de posesión de Uribe el 7 de agosto pasado, debidamente correspondidos por el colombiano el miércoles 10 de enero. "El trato es cordial y muy, muy, muy distante", aseguró un alto miembro del Gobierno.

Además de los temas de siempre que van desde el intercambio comercial hasta los roces en la frontera, pasando por el supuesto trato favorable que reciben los jefes de las Farc en la nación bolivariana, en este caso las preocupaciones tienen que ver con la radicalización de Chávez. La sustitución como vicepresidente de José Vicente Rangel, que ahora se ve como un moderado, por Jorge Rodríguez, controvertido ex integrante del Consejo Nacional Electoral, fue tan solo un abrebocas. Quien lo dude no tiene sino que leer los anuncios en el sentido de nacionalizar a las principales empresas de teléfonos y energía, lo cual produjo el desplome de la Bolsa de Caracas y el aumento del dólar paralelo, que vinieron acompañados de las promesas de profundizar la revolución bolivariana. Todo esto acompañado de insultos en contra del secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, crítico del gobierno, quien lamentó la no renovación de la licencia al canal Radio Caracas Televisión (RCTV),  y quien se ganó el calificativo de "pendejo desde la P a la O", por parte del Mandatario.

"Llegó la hora del fin de los privilegios y desigualdades. Nadie nos hará detener el carro de la revolución. Cueste lo que cueste",  prometió Chávez en su largo discurso de posesión en el cual anunció una reforma constitucional que incluirá, entre otras, la reelección presidencial ilimitada y el fin de la autonomía del Banco Central. Frente a un Congreso sin opositores, el líder venezolano concluyó con las conocidas "patria, socialismo o muerte", proferidas por Fidel Castro. Horas más tarde voló a Managua para acompañar a Ortega, en donde fue recibido como un héroe.

 El balance

La combinación de dos personajes afines, populistas e impredecibles en los palacios de Miraflores en Caracas y Carondelet en Quito, han generado preocupaciones no solo en Bogotá, sino también en Brasilia y en Washington, para solo citar otros dos casos de capitales con intereses en la región. Sin embargo, pocos dudan que el mayor dolor de cabeza será para Colombia.

Aunque todo indica que el incendio con Ecuador causado por las fumigaciones está bajo control, la pregunta es dónde nacerá el próximo fuego, pues los factores objetivos de la polémica siguen ahí: las Farc, los refugiados colombianos y las plantaciones de coca, entre otros. Si a eso se le agregan el carácter y la previsible debilidad política de Rafael Correa, enfrentado a un Congreso opositor, el coctel puede ser explosivo.

Así las cosas, la primera lección para los funcionarios colombianos debería ser la de cerrar la boca. Tanto Carlos Holguín Sardi como el general Castro le echaron leña al fuego de manera innecesaria al hablar sobre Ecuador. Y si algo ha aprendido Colombia después de tantos años de lidiar con Chávez es que la peor pelea es la pública y que a la hora de hablar por el micrófono tanto el venezolano como Correa tienen pocos pelos en la lengua. Quizás por ello la canciller Araújo invitó a sus colegas de gabinete la semana pasada a dejarle a ella en exclusiva los asuntos internacionales, un mensaje que debería ser reforzado por la propia Casa de Nariño (ver entrevista).

Por otra parte, desde el punto de vista estratégico, Colombia puede haberse apuntado un hit al haber retomado las aspersiones a menos de un mes de que Alfredo Palacio dejara el poder en Ecuador. El tema es simple: independientemente de la crisis diplomática, más del 70% de las 10.000 hectáreas de coca existentes en esa zona ha sido fumigada. Si ese era el objetivo, ya se logró, pero ahora habrá que atenerse a los pactos alcanzados que incluirían acompañamiento ecuatoriano.

Acuerdos que, por cierto, no cayeron nada bien en el país vecino y que pusieron al nuevo Gobierno a la defensiva. Al saliente canciller Carrión sólo le faltó decir que su país había claudicado por completo, mientras que Alexis Ponce, vocero de la Asociación Permanente de Derechos Humanos, dijo en Quito que  "el Presidente borró con el codo lo que hizo con la mano".

Por eso hay que tener en cuenta que la dureza con la que Rafael Correa reaccionó en diciembre demuestra que la carta anticolombiana siempre será válida tanto en Quito como en Caracas. "Era imposible que sus declaraciones no unieran a los ecuatorianos", le indicó a CAMBIO el analista Michael Shifter del Diálogo Interamericano, uno de los centros de pensamiento más influyentes de Washington. "Esa postura tiene mucha acogida en ese país, donde Correa busca apoyos para hacer aprobar su ambiciosa agenda política", dijo.

Pero más allá del tema bilateral con Ecuador, lo cierto es que el eje Caracas-Quito le va a quitar el sueño a Uribe, tanto con el petróleo a 50 dólares el barril como en un nivel más bajo, pues irse en contra de Bogotá es válido en cualquier escenario y políticamente rentable. Como le advirtió a CAMBIO desde la capital estadounidense el director de la revista Foreign Policy, Moisés Naím, "Colombia puede vivir una situación complicada con las audaces travesuras políticas que hace Chávez en la región. Él tiene el precedente de que se involucró en la construcción de bases militares en una zona muy sensible de Bolivia, cercana a la frontera con Chile, lo que produjo una reacción muy fuerte en Santiago".

El lío es que si Chávez pretende influir no solamente en Ecuador y en Bolivia sino también en Nicaragua, las cosas podrían pasar de castaño a oscuro con Colombia. No hay que olvidar que los dos grandes conflictos limítrofes de Bogotá la enfrentan con los venezolanos y los nicaragüenses, tanto en cercanías de La Guajira como en el archipièlago de San Andrés y Providencia. Naím lo tiene claro: "A las andanzas de Chávez en Ecuador se le van a sumar muy pronto sus actividades petroleras y de otro tipo en Nicaragua, lo cual será otro motivo de preocupación para el presidente Uribe".  

¿Qué viene ahora? Un tiempo difícil, de problemas casi constantes, que habrá que administrar. "La política exterior de Colombia entrará en una etapa realmente delicada e importante, plagada de sorpresas y llena de provocaciones", dice Naím. No es poca cosa, sobre todo si se considera que Venezuela y Ecuador ocupan los puestos dos y tres de la lista de socios comerciales de Colombia (ver recuadro). ¿Qué deberá hacer Uribe ante la inquietante alianza que está montando Chávez? ¿Cómo no caer aprisionado en las pinzas de una tenaza con extremos en Caracas y Quito, que tiene ramificaciones en Managua y La Paz? Mano firme pero como pisando huevos. Porque, como dice Naím, "mantener la calma, para el presidente colombiano, será una prioridad; perderla, una tentación constante".

CHÁVEZ AYUDA AL TLC

Nadie sabe para quien trabaja. El anuncio del presidente venezolano Hugo Chávez en el sentido de que nacionalizará algunas empresas puede favorecer la aprobación en el Congreso gringo del Tratado de Libre Comercio  (TLC) suscrito por Colombia y Estados Unidos. A esta conclusión se llega al leer el editorial publicado el miércoles de la semana pasada por The New York Times en el que el rotativo sostiene que los anuncios de Chávez son "malas noticias para los inversionistas extranjeros y aún peores para los venezolanos".

Pero no sólo eso. El Times concluye que la reacción del gobierno de George W. Bush debe ser "involucrarse más con los ciudadanos de América Latina a través de las democracias de la región y presionar a favor de los tratados de libre comercio y otras formas de asistencia y cooperación". Y añade: "Ésa sería la manera más inteligente de neutralizar la demagogia de Chávez".