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El ocaso de los últimos rezanderos de Arauca

13 de enero 2007 , 12:00 a.m.

Sentado en una esquina del parque Simón Bolívar del centro de Arauca, Benjamín Acosta, un viejo 'criollo' de la región de 84 años, recuerda la época en que recorría las sabanas araucanas rezando para matar los gusanos del ganado, espantar la culebras y curar el dolor de muela.

Con sombrero, pantalón arremangado y escupiendo chimó (mezcla de tabaco y lejía), ahora ve pasar tranquilamente el tiempo y reconoce que está retirado de la actividad de rezandero. Una trombosis lo mantiene caminando con un bastón.

Solo atiende el ganado de su hijo, el gobernador de Arauca, Julio Acosta Bernal.

Cerca de allí, en el barrio Meridiano 70, está Rosa Carmona, de 80 años, otra rezandera de Arauca. También está enferma y retirada por estos días, pero recuerda que con las contribuciones voluntarias de los ganaderos sacó adelante a sus ocho hijos.

Acosta recuerda que a los 17 años aprendió el oficio de su padre, quien unos meses antes de morir le enseñó las oraciones. "Uno no las puede ni vender ni enseñar porque dejan de funcionarle". dice.

"En ese rezo se invoca a Dios o a la Virgen. No es necesario ir al sitio en el que está el ganado enfermo, uno lo puede rezar desde aquí, desde que conozca el lugar", dice Benjamín, quien siempre ha rechazado los escoltas que le ha puesto su hijo, a quien la guerrilla le han hecho siete atentados.

Según el gobernador de Arauca, en la zona rural de Puerto Rondón su papá también ejercía como odontólogo, pues a su casa llegaban campesinos del lugar para que los rezara contra el dolor de muela.

Por su parte Rosa cuenta que cuando era niña se encontró la oración en un papel, pero que ese mismo día se le perdió. Recuerda que unas semanas después se soñó con el rezo y se lo aprendió.

Tanto ella como Acosta aseguran que hay que tener un don para que el rezo sea verdaderamente efectivo. Pero ahora los dos están retirados y no se ve quien los reemplace. Ambos también dicen que solo revelerán sus oraciones cuando sientan que van a morir, pero coinciden en que todavía no les ha llegado su momento.

El punto es que en Arauca muchos ganaderos todavía confían en esta tradición. Germán Anzola asegura que en Anzolandia, la finca de su familia, se sigue rezando. "Nos lo reza (unas 450 reses) Rosa Carmona, para evitar que se engusane o lo 'pique' alguna culebra", cuenta este funcionario de la secretaría de Agricultura de la Gobernación.

Sin embargo, parece que no a todos les funciona la rezada. El veterinario Armando Blanco recuerda que hace varios años su papá contrató un rezandero venezolano porque había demasiadas culebras en su hato, en Puerto Rondón.

Dice que el personaje pidió llevar dos botellas de aguardiente y que cuando tomaba le pasaba al dueño de la finca para que también lo hiciera.

Recuerda que al término de la tarde los dos estaban en una sola rasca. "Ese año las culebras nos mataron más reses que nunca", contó.

Benecio Lozano, secretario de Agricultura de Arauca reconoce que los rezanderos se están acabando, "algunos porque no tuvieron a quien enseñarle y otros porque la tecnología los ha desplazado".

Según Lozano, en algunos hatos se trabaja con insecticidas y con veterinarios, pero los dueños recurren al sistema tradicional.

En Arauca son conscientes de que se les están acabando los rezanderos y el temor es quién los va a remplazar.

"Ninguno de mis hijos quiso seguir lo mío. Yo creo que a uno de mis 24 nietos les dejo mi oración", dice Carmona. "No se a quien dejarle mis secretos porque mi hijo vive en la política y no creo que esto le interese", concluye Acosta.

Secreto a la tumba

"Yo creo que me muero con mis oraciones. No se a quien dejarle mis secretos porque mi hijo vive en la política y no creo que esto le interese".

Benjamín Acosta, rezandero y padre del gobernador de Arauca.

JORGE ENRIQUE MELÉNDEZ P.
ENVIADO ESPECIAL DE EL TIEMPO
ARAUCA