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Violonchelista chileno Andrés Díaz arrancó lágrimas del público en concierto de Cartagena

Con la música logró conmover a los asistentes de sus presentaciones durante el I Festival Internacional de Música en 'la Heroica'.

11 de enero 2007 , 12:00 a.m.

"Ay, míralo, ese es", dice, muy emocionada y abriendo los brazos con desmesura, una señora de anteojos de sol y pelo canoso, como si se hubiera topado, en pleno pasillo del Hotel Santa Clara, con el galán de la telenovela de turno. "¡¡¡Sí mija, es él!!!", le responde su compañera, quien de una le va cerrando el paso al objetivo de su excitación.

El hombre, canoso, alto y fornido, exhibe la mejor de sus sonrisas. Ellas, solo atinan a balbucear: "Maestro, maestro, qué concierto tan hermoso, ¡¡¡gracias!!!", tomándole una mano con devoción, cual si tuviera poderes curativos.

Entonces, Díaz sonríe de nuevo, descarga el estuche de su instrumento en el piso de mármol, les da la mano y vuelve a sonreír.

Y así continúa su semana, como estrella de rock o luminaria televisiva entre los cientos de fanáticos de la música clásica que vinieron a La Heroica, para disfrutar del I Festival Internacional de Música, y que al encontrárselo no evitan el comentario y los elogios.

No obstante y a pesar de haber provocado lágrimas de emoción durante algunas de sus presentaciones, entre la modestia y la humildad, este músico dice que no es su culpa ni su intención, ni su interpretación: "No soy yo, no es el chelo, es la música, los compositores, por ellos es que estamos aquí".

A pesar de ser chileno, esta entrevista se desarrolla en inglés, idioma que dice facilitársele más porque desde muy niño vive en Estados Unidos, por eso, asegura sentirse "más estadounidense que chileno".

Sin embargo, sus primeras clases las recibió de un profesor chileno, Arnaldo Fuentes, a los 5 años, cuando quedó fascinado con el chelo, luego de presenciar una versión en vivo del 'Concierto de Aranjuez'.

Hubo gente que lloró durante su concierto en la capilla del Hotel Santa Clara, ¿cómo es que un artista logra algo semejante?

Lo que siempre les inculco a mis alumnos es el respeto por la música, por esta música grandiosa, que hace que te vuelvas parte de ella y te entregues por completo en cada interpretación.

En mi caso, lo paradójico es que, generalmente, no me acuerdo de los conciertos en los que participo. En este caso, recuerdo que repetí el tercer movimiento, pero eso es todo. No recuerdo detalles, empiezas y encuentras tu senda durante la interpretación y sigues, la música explota dentro de ti de alguna manera.

¿Cómo ha sido su experiencia en el Festival de Música de Cartagena?

Fabulosa. Amo los músicos, la gente, el hotel, la gente del hotel... la de Colombia, yo creo que es la gente más cálida y dulce del mundo. Y eso también tiene que ver con los conciertos, porque el público es espectacular.

Se disfruta mucho tocando aquí y en contacto con la gente. Por ejemplo, tuvimos un concierto en la Plaza de San Pedro, que estaba atestada de gente que esperó tres horas, hasta las 11 p.m., para vernos. Eso no sucede en todos los lugares en los que tocas.

JIMMY ARIAS
ENVIADO ESPECIAL
CARTAGENA