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Diana Hernández, directora del grupo María Mulata, pasó del canto lírico al bullerengue

Su amor por ese ritmo nació en un curso de percusión folclórica. Desde entonces inició una búsqueda por convertirse en una verdadera cantadora.

09 de enero 2007 , 12:00 a.m.

El día en que decidió serlo, recordó las primeras lecciones de bullerengue que le dio Etelvina Maldonado, en Cartagena, cuando la preparaba. Cantaban y seguían con la mirada los pasos de las mariamulatas. De ese recuerdo surgió el nombre de su grupo: María Mulata, con el que elaboró el álbum doble 'Itinerario de tambores'.

Desde niña, Diana supo que su camino era la música. Pero el bullerengue llegó más bien tarde, si se tiene en cuenta que a los 4 años tocaba bambucos y pasillos, con su hermano, en el dueto infantil Campanitas, que después se llamó Diana y Fabián.

Tres veces recibieron galardones en el Mono Núñez, incluido el gran premio, en el 2003. Hernández había recorrido ya el país cuando se decidió por el canto lírico y se matriculó en la Javeriana.

Ahora es una cantadora como Petrona Martínez y Etelvina Maldonado. Reconoce que tiene por delante un largo aprendizaje, pero confía en el aval de sus maestras. Muchas de ellas son ancianas legendarias, infaltables del Festival de Bullerengue de Puerto Escondido (Córdoba).

La de Diana y el bullerengue es una historia de amor que comenzó en un curso de percusión folclórica. Se maravilló con las lecciones de Paulino Salgado, el fallecido Batata, hermano de la cantadora Graciela Salgado. Después conoció a Alé Kumá, grupo liderado por Leonardo Gómez, que editó el CD 'Cantadoras', que se convirtió en clásico, en el que acompañó con sonidos de jazz las canciones de cuatro mujeres. Una de ellas era Etelvina Maldonado.

Diana se enamoró de la voz de Etelvina en canciones como '¿Por qué me pega?' Y empezó a estudiar el bullerengue en serio cuando Gómez la invitó a hacer coros en las presentaciones de Alé Kumá y, más tarde, a la grabación del álbum en el que acompañó al rey del porro, Pablo Flórez.

También Flórez fue un maestro. Pero el bullerengue había calado más hondo. Irene Martínez y Emilia Herrera, a través de sus grabaciones, hechas en acetato en los años 70, fueron sus modelos. Y en el baile, Diana buscó orientación, en Bogotá, de Clotilde Pitalúa y Martha Ospina.

Periplo de preparación

Estudiar a distancia no era suficiente. La única manera de ser una verdadera cantadora era echarse al agua... o a la rueda de bullerengue. Así que se inscribió en el festival de Puerto Escondido, en el 2005. Y se fue un mes antes, en un periplo de preparación, acompañada por Gómez. Partieron de Cartagena, donde Etelvina le transmitió todo lo que pudo. De ahí pasaron a María La Baja (Bolívar), Arboletes, Necoclí, Turbo (Antioquia) y Puerto Escondido.

Y el primer mito que se cayó ante sus ojos, en Arboletes, fue la idea de que el bullerengue es una tradición femenina. Preguntó quién le enseñaba el baile y le señalaron a Freddy Suárez, director de El Orgullo de Arboletes.

Supo que el baile recrea un coqueteo entre bailador y bailadora, mediado por la rivalidad del hombre con el tambolero. Después de cinco días bailando con Freddy, partió hacia Necoclí (Antioquia), a buscar a Eloísa 'Eloa' Garcés. De su mano, tuvo su primera oportunidad real de entrar a una rueda de bullerengue y robarse el canto.

"La rueda la forman en torno al grupo musical y los bailadores -explica Diana-. Y la gente que está mirando entra a quitarles la pareja a los que bailan". Entre cantadoras se 'roban' el canto, en una piqueria sutil. La cantadora que entra comienza con un 'lereo' y termina quedándose con la voz principal. Durante todo su camino, Leonardo Gómez, de Alé Kumá, iba grabando las improvisaciones.

En Turbo (Antioquia), Diana conoció a Eustiquia Amaranto y a Martina Balseiro (de 94 años). Y llegó muy tarde al encuentro con Buenaventura Medrano, en Puerto Escondido. La legendaria cantadora de 115 años, a la que soñaba conocer, había muerto dos meses antes.

Ya en el Festival coincidieron todas. Ese año, la competencia se dividió entre grupos tradicionales y de proyección. En esta última, su tambolero y una de sus bailarinas se llevaron los aplausos. Y aunque en ese primer intento Diana no llegó a ganar, dejó una buena impresión. "Era un orgullo -recuerda-, oír que las cantadoras decían a las otras: 'Ella es buena, porque yo le enseñé'".

Volvieron a competir en el 2006, sin importar trayectoria. Esta vez, Diana y sus maestras Eustiquia Amaranto y Eloa Garcés fueron nominadas al premio de mejor cantadora. No tenía a Etelvina cerca para celebrarlo, porque la cantadora había ganado tantas veces, que la declararon fuera de concurso y no asistió.

De toda esa experiencia quedaron horas de grabaciones, algunas históricas. Por eso el álbum de María Mulata es doble, porque el primer CD trae los cantos de Diana y su grupo y el segundo o 'lado B', como lo llama ella, trae todo el registro documental de las ruedas de bullerengue en las que participó con las cantadoras durante aquel viaje inolvidable que la transformó en cantadora.

Por Colombia, en Viña del Mar 2007

María Mulata, el grupo dirigido por Diana Constanza Hernández, fue escogido para participar por Colombia en la competencia folclórica del Festival de la Canción de Viña del Mar 2007, con la canción 'Me duele el alma', compuesta por Hernández y Leonardo Gómez (de Alé Kumá).

La participación se definió cuando Gómez envió la canción de María Mulata, presente en el disco 'Itinerario de tambores', a la organización, que les notificó que habían sido seleccionados en la modalidad folclórica (también está la modalidad internacional), del Festival.

El grupo María Mulata está conformado por Diana Hernández en la voz y dirección musical, Juan Carlos Puello y Wilson Fontalvo, en los tambores alegres; Rafael Castro (tambora), Jorge Aguilar (percusión y coros), Ana María Ulloa (coro) y Kelly Ojeda (bailadora y corista).

LILIANA MARTÍNEZ POLO
REDACTORA DE EL TIEMPO