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Señal Colombia gana audiencia entre los jóvenes

Sin embargo, el canal aún tiene muchos problemas porque el Estado no le para suficientes bolas.

04 de enero 2007 , 12:00 a.m.

Los que siguen la programación de Señal Colombia reconocen que ha mejorado, pero la mayoría de los televidentes ni se han dado cuenta de ello porque cuando saltan de un canal o otro no se toman el trabajo de detener su mirada en Señal por el viejo prejuicio de que televisión pública es sinónimo de ladrillo. Y como de eso están conscientes los que realizan los programas y las directivas de RTVC, la entidad que remplazó a la vieja Inravisión, han hecho grandes esfuerzos para estructurar y consolidar una nueva propuesta audiovisual que apenas empieza a dar sus primeros frutos.

El formato de la cámara al hombro, subjetiva, aunque ha recibido algunas críticas, se ha convertido en una especie de sello distintivo del canal, aunque algunos "no lo soportan", como reconoce Claudia Bautista, realizadora del programa Sub30, el programa estrella, un espacio diario dedicado a la juventud y sus múltiples expresiones. "Uno no puede negar los códigos que entiende la gente -explica-. Hicimos una apuesta durísima por la franja que abarca las edades entre los 16 a los 26 años".

Y todo indica que acertaron. Los premios otorgados por la Unesco y por el gobierno de Japón a las propuestas de programas -como Banderas en Marte- que abordan problemáticas juveniles desde la perspectiva de los mismos jóvenes es ejemplo de ello. Además, los resultados de una encuesta reciente en 1.500 hogares revela que la mayoría de la audiencia está en la franja de los menores de 13 años y en la de los jóvenes de entre 26 y 35 años. Un indicativo de que la Señal es una alternativa diferente a los realities, novelas y películas violentas que ofrecen los canales privados. "He descubierto a una juventud que no conocía y que los medios masivos tenía muy esquematizada", afirma Guiomar Acevedo, directora de Comunicaciones del Ministerio de Cultura.

Pero no todo es color de rosa y nadie niega que hay todavía mucho por hacer y muchos obstáculos por vencer. Para empezar, buena parte de los encuestados, el 44%, reconoció que no sintoniza el canal. "Cada vez es mayor la concentración en los medios masivos privados, así como de la televisión por suscripción y no podemos gastarnos el poco presupuesto en publicidad", dice Acevedo. Una razón de peso que, sin embargo, el crítico de televisión, Ómar Rincón, no considera suficiente: "¿Cómo es posible que siendo parte de los ministerios de Educación, Cultura y Comunicaciones, las más grandes instituciones en circulación de la información, no se conozca lo que sucede en Señal Colombia? Rincón, además considera que el problema es "la falta de una estrategia de divulgación y no sólo cuestión de recursos".

Pero el de la divulgación es apenas uno de los problemas. Otro tiene que ver con la contratación, pues la Ley 80 limita la duración de los contratos a ocho meses que pueden prorrogarse cuatro más, esquema que impide pensar en proyectos de largo aliento. "Debemos encontrar una fórmula distinta -asegura Eduardo Osorio, gerente de RTVC-. Estamos analizando el tema". Un tema clave, pues la continuidad es lo que permite crear hábitos y, como dice Bautista, "mantener los hábitos del televidente con este sistema es muy difícil".

Y no es de poca monta el problema de los recursos, pues mientras un canal local dispone de algo así como 20.000 millones de pesos para su funcionamiento, el presupuesto de Señal Colombia fue de 17.000 este año. Osorio está buscando nuevas fuentes de financiación y tiene la idea de vincular a la empresa privada para que patrocine la Señal bajo la figura de la responsabilidad social corporativa. Una propuesta que los realizadores ven con reserva. "Hay que analizarla con cuidado -advierte Teresa Saldarriaga, vocera de la Federación Colombiana de Imágenes Audiovisuales, Fedeimagen, que reúne a más de 300 realizadores de televisión-. Puede perderse la visión y misión de la televisión pública porque, todos sabemos, el que paga manda".

Otras miradas

La Señal tiene claro que su público objetivo son niños y jóvenes. Sin embargo, no puede hacer a un lado al público mayor con el cual mantiene los formatos de siempre. Por ejemplo, mientras en Sub30 los presentadores tienen una pinta fresca e informal, y son irreverentes a la hora de entrevistar a los invitados, no sucede lo mismo con los conductores de Culturama quienes, no obstante su juventud, se ven acartonados, siguen un libreto, no improvisan y no se permiten la espontaneidad. Una forma que refuerza el estereotipo de que los programas culturales son pesados, trascendentales y sin pizca de humor.

Rincón cree que esto se debe a que quienes deciden qué programas salen al aire, se arrogan el derecho de definir lo que debe decirse. "Se olvidan de que la televisión es algo tan cotidiano que debería derivar en conversación", asegura Rincón, quien además destaca que "mientras la televisión privada nos trata como estúpidos, la educativa y cultural aun es lejana y distante". Y la clave no está en el movimiento de las cámaras sino en las ideas, en hacer entretenidos los contenidos culturales. "El problema -dice Rincón- es que algunos de los nuevos programas, a pesar de que manejan un formato atractivo, abusan a veces del fragmento y al final no queda nada para recordar".

En el fondo de todo, según Rincón, está el problema del control cultural y el miedo a la expresión libre de las ideas. Y aunque en teoría lo que estimula RTVC es la multiplicidad de voces y ópticas para aproximarse al país, pocos tienen la posibilidad de realizar programas y muchos de los que sí pueden los hacen desde una misma visión y siguiendo un mismo modelo. "En un país pluricultural hacemos televisión monocultural", sostiene Rincón. Una opinión que comparte Teresa Saldarriaga, realizadora de una serie de documentales sobre San Basilio de Palenque premiada como modelo de desarrollo comunitario en España. "Cada región tiene una lógica y una mentalidad diferentes -dice-. Por eso hay que alejarse de las miradas oportunistas que los canales privados hacen de las culturas populares y ancestrales".

De ahí que el proyecto para el próximo año sea crear unidades de producción en Cali, Medellín y Barranquilla. "Es necesaria la voz de la región y su mirada", asegura Acevedo. Al fin de cuentas, el país es uno pero a la vez múltiples y ese es el que debería mostrar la televisión pública para, como asegura Rincón, "no dejar todo el alimento simbólico de la sociedad en manos de los intereses de quienes hacen negocios en un país donde cada día hay menos espacios para lo público". Y remata Saldarriaga: "La televisión pública es el fortalecimiento de la cultura, más aún, su razón de ser en plena globalización mediática. Si se acabara, el país estaría condenado a desaparecer".