Archivo

Escorpión / ¡Prometí!

Por Tina Alarcón

04 de enero 2007 , 12:00 a.m.
Me prometí a mi misma no tocar ningún tema relacionado con lo que fuera mi paso por la Secretaría de Cultura y Turismo de Boyacá. He sido respetuosa, antes que nada con el señor Gobernador y también con Miguel Ángel Molina, mi sucesor. Hoy me parece importante hacer claridad frente a lo que se ha dicho sobre la Escuela de Teatro.

Nada es posible sin generar procesos de formación y creo en la importancia del teatro como herramienta difusora de infinidad de mensajes, consolidando cambios culturales, impartiendo opciones intelectuales, divirtiendo.

Conozco a Jaime Barbini hace décadas y topármelo en Tunja fue algo muy grato. Trabajamos en un proyecto para la Empresa de Energía de Bogotá que, durante la primera alcaldía de Mockus, buscaba combatir las conexiones fraudulentas.

A Beatriz Camargo la conocí en Villa de Leyva por su trabajo como dramaturga. Nuestra relación fue bien complicada. Escasamente le podíamos prestar una volqueta para trastear escenografías. Muy recién llegada a la Secretaría, Beatriz me habló del proyecto de la Escuela Itinerante. Con la venia de la Secretaría de Hacienda, ubicamos 9 millones de pesos y el taller fue un éxito. Si no había plata, prestábamos salones para ensayos y conferencias. Igual, con Beatriz Camargo y un grupo de artistas montamos 'El Testigo o El Libro de los Milagros', basado en 'Las Auroras de Sangre', de William Ospina. El trabajo duró más de 6 meses y se invirtieron 36 millones. Trabajamos también en Sáchica asesorando el montaje de la Semana Santa. Se invirtieron 12 millones.

Con Barbini iniciamos una versión sobre la batalla del 7 de agosto de 1819. El proceso duró más de año y medio y en la premier yo ya no estaba en la Secretaría. Allí se invirtieron 40 millones.

El Mincultura apoyó la Escuela y desde la Secretaría y de la mano del Gobernador, en mayo de 2006, se asignaron 36 millones para continuar con el proceso de la Escuela Itinerante, nunca 80 millones. Quizás mi memoria falle pero casi sin temor a equivocarme puedo asegurar que nunca antes el teatro había sido tan bien tratado en Boyacá. Y eso fue muy bueno.