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Durmiendo con el enemigo / CríticaMente

Mauricio Reina hace un análisis de la película francesa 'Mi amor'.

28 de septiembre 2016 , 05:28 p.m.

Hacer una buena película sobre una relación de pareja es más complejo de lo que muchos creen. Y es que no estamos hablando de hacer una simple comedia romántica, sino del estudio profundo de los lazos que se van tejiendo entre dos personas que se aman, y que pueden llegar a convertirse en una codependencia enfermiza. Ese es el tema que aborda 'Mi amor', una película francesa que le mereció el premio como mejor actriz a Emmanuelle Bercot en el pasado Festival de Cannes.

Bercot representa a una mujer madura que se rompe la rodilla esquiando en la nieve, aunque su terapeuta piensa que no fue algo accidental sino un acto de autosaboteo para evitar regresar al pasado. ¿Y qué hay en el pasado? Una tormentosa relación con un atractivo y desordenado empresario gastronómico (Vincent Cassel), quien años atrás la sedujo y la convenció de que se casaran y tuvieran un hijo. Pero tras el matrimonio, todo empieza a ir cuesta abajo.

Relaciones patológicas hay muchas, pero desentrañarlas en la pantalla requiere un trabajo minucioso que devele la complejidad de los sentimientos humanos. 'Mi amor' logra ese objetivo en varios segmentos de la proyección, sobre todo gracias a las brillantes actuaciones de Bercot y Cassel. A ello se suma un gran trabajo de ambientación y fotografía, que subraya con contundencia los matices de la historia.

Sin embargo, en otros pasajes la película nos muestra a una pareja que parece regodearse con su propio sufrimiento, y eso pone al espectador ante el dilema de sumarse a la ceremonia masoquista o empezar a dudar de la verosimilitud de lo que está viendo en la pantalla. 

Mauricio Reina
Crítico de cine