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Editorial: El Mango y su Policía

El reto es construir confianza, lo que incluye conciliar la ubicación de las instalaciones.

29 de junio 2015 , 10:19 p.m.

A nadie debe dejar tranquilo la imagen de unos miembros del Esmad protegiendo a sus compañeros de la inconformidad de la gente, tal y como sucedió durante el regreso de la Policía a El Mango en zona rural de Argelia (Cauca).

Los uniformados retornaron luego de los hechos de la semana pasada, cuando los habitantes del lugar hicieron sentir el rechazo a su presencia y los obligaron a salir de una manera que, más allá de sus preocupaciones, no es la adecuada. Esta incluyó el uso de una retroexcavadora para derribar parte de la construcción provisional en la que se habían instalado.

Argumentan los ciudadanos que la presencia de la Policía puede derivar en ataques de las Farc. Por otro lado, el general Rodolfo Palomino ha dicho, y con toda razón, que los hombres a su cargo tienen “un mandato constitucional en aras de proteger la integridad y la vida de los colombianos”.

Habría que decir que el que no pueda haber lugares del territorio vedados para la Fuerza Pública, algo que no está en discusión, no excluye el conciliar con la comunidad la forma como se dará esta presencia. Es comprensible la zozobra. Si hay reparos, los pueden expresar, y deben las autoridades escucharlos, pero no recurriendo a vías de hecho.

Prescindir de un cuerpo llamado a garantizar el orden y a posibilitar la convivencia solo puede conducir a una comunidad a la anarquía o, lo que es menos deseable, a que rijan las normas que las Farc imponen en ciertas comunidades, en las antípodas del Estado de derecho.

Dicho lo anterior, sí conviene preguntarse, como lo han hecho ya expertos, si es hora de revisar los roles de Policía y Ejército en el conflicto. Es mejor una policía en los cascos urbanos dedicada a asuntos de la convivencia, y un Ejército en zona rural que contenga a los grupos armados ilegales.

El reto, entonces, es construir confianza, lo que incluye conciliar aspectos como, en este caso, los de la ubicación de las instalaciones. Y no olvidar que si existe el mencionado temor de una toma, es ante todo porque las Farc han demostrado con creces que a la hora de un acción militar arremeten sin consideración alguna del daño que puedan producir entre los civiles. 

EDITORIAL