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Divorciados, la nueva revolución del papa Francisco

Llamados para que no sean marginados de la Iglesia representan un esfuerzo de 'modernización'.

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27 de junio 2015 , 06:06 p.m.

El divorcio marcó esta semana la agenda informativa mundial –al menos en el mundo cristiano– por una frase del papa Francisco: “Hay casos en que la separación es inevitable, a veces, inclusive, moralmente necesaria, para sustraer a los hijos de la violencia y la explotación, y hasta de la indiferencia y el extrañamiento”.

Y este muy significativo mensaje del pontífice argentino se suma a otro igual de contundente y relevante que emitió el año pasado, tras el Sínodo Extraordinario de Obispos en octubre, cuando pidió acercar a la Iglesia a quienes se han divorciado.

¿Está este papa a favor del divorcio, cuando la Iglesia siempre ha insistido en preservar la institución de la familia como el eje principal de la sociedad?

No. La respuesta de fondo a estos pronunciamientos tiene que ver con el talante más contemporáneo y realista que el pontífice latinoamericano está tratando de imprimirle a la Iglesia y su relación con los fieles.

Expertos coinciden en que el Papa quiere poner a la Iglesia más cerca de los temas cotidianos de la sociedad actual, y el divorcio es una realidad inocultable de nuestros tiempos. Nadie puede discutir que las relaciones de pareja son mucho menos estables que en otras épocas y que las dinámicas han cambiado en muchos sentidos.

Adicionalmente, añaden otras voces, ¿puede la Iglesia permitirse el lujo de perder a miles y miles de sus fieles por el hecho de que esos católicos fracasaron en sus matrimonios y han decidido separarse y rehacer sus vidas? El costo parece demasiado alto y de ahí vendría buena parte de las razones de la idea papal de un ‘acercamiento’ con los divorciados.

‘No es apoyar el divorcio’

Monseñor Luis Augusto Castro, presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, reiteró que la familia es la célula fundamental de la sociedad y aclaró que cuando el Papa habla del divorcio no lo favorece, sino que está exponiendo un problema. “Hoy las parejas se divorcian con más facilidad, los matrimonios se hacen a nivel de puro sentimiento y no de profundas convicciones”, dijo.

En eso coincide Carlos Novoa, sacerdote jesuita, doctor en Teología y profesor de la Universidad Javeriana, quien afirmó que el mensaje del Santo Padre es una muestra de que la pareja es humana y que en ella se dan naturalmente conflictos, a veces graves, en los que no se pueden poner los hijos como rehenes, o lo que es peor, como principales víctimas.

No me acuerdo de que un papa haya dicho eso antes, pero debo recordar que Francisco se ha referido muchas veces a que el ideal no es que las parejas se separen”, señaló.

Monseñor Libardo Ramírez, vicario del Tribunal Eclesiástico, dijo que más bien se trata de “una separación prudencial y de que se estudie la situación” cuando las cosas no marchan bien. “Cuando viven separados, muchas veces son mejores amigos. Se trata más bien de un distanciamiento prudencial”, añadió. Explicó que, cuando se trata de la separación total de una unión católica, se puede estudiar la posibilidad de la nulidad del matrimonio.

La Iglesia no tiene divorcio, aunque se habla mucho de esto. Cuando se declara la nulidad quiere decir que el matrimonio nació nulo, muerto. Es como todo contrato, que tiene unas cláusulas para que sea válido y, si no se cumplen, es nulo”, insistió.

Al año, en el país se atienden cerca de 1.200 casos de nulidad de matrimonios católicos: cerca de 400 en Antioquia, 300 en Bogotá y 500 en el resto del territorio nacional. La duración del trámite también ha sido tema de discusión en la Iglesia. El propio papa Francisco ha pedido que se agilice, pues se trataba de un proceso que llegaba a durar hasta cinco años. De acuerdo con monseñor Ramírez, hoy puede tomarse un año.

El panorama de las uniones civiles no dista de la realidad que viven los matrimonios católicos y que preocupa a la Iglesia.

Cifras de la Superintendencia de Notariado y Registro muestran que mientras que los matrimonios civiles aumentaron un 1,36 por ciento entre enero y mayo del 2015 (frente al mismo periodo del año pasado), pasando de 23.881 a 24.206, los divorcios lo hicieron en un 11,22 por ciento: 771 más que en el 2014, cuando se presentaron 6.942 actos legales de este tipo.

Un camino largo y difícil

El impulso hacia una Iglesia abierta y cercana a la gente, bien recibido por muchos fieles alejados y admirado incluso por seguidores de otras corrientes religiosas, ha sido el sello del pontificado de Francisco desde su elección el 13 de marzo del 2013. Pero ha sido un camino complicado y con trabas desde el interior de la Iglesia católica de parte de grupos que se resisten a los cambios.

“El papa Francisco está abriendo la puerta. Por un lado, recibe toda una herencia, pero, por otro, quiere abrir paso a una interpretación del hecho de las rupturas de los matrimonios. En el sínodo de octubre próximo se va a levantar un problema porque habrá obispos tradicionalistas que quieren que las cosas sigan como están”, dijo Isabel Corpas de Posada, doctora en Teología.

La ‘revolución’ planteada por Francisco en torno a los divorciados va más lejos de su frase sobre la separación. En octubre del año pasado, durante el Sínodo Extraordinario de Obispos, también pidió a la Iglesia acercar a quienes se han divorciado y vuelto a casar por la vía del matrimonio civil. Y soltó otra de sus célebres frases: “La Iglesia no puede condenar eternamente a nadie”.

Hoy, estas personas no pueden comulgar, situación que durante años ha alejado a fieles de la Iglesia, que ven esta prohibición como discriminatoria y excluyente de las actividades de la vida cristiana, pues de esta manera no pueden acceder a uno de los sacramentos más importantes para todo católico: la comunión.

Para los divorciados católicos realmente creyentes, esta limitación es todo un drama. Muchos han conformado grupos y movimientos para realizar distintas actividades, entre ellas peregrinaciones, con el fin de ser escuchados.
El pasado martes, el Vaticano publicó un documento que guiará el sínodo de este año, en que aparece como aspecto fundamental el “arte de acompañar en sus realidades a personas alejadas de la Iglesia, a los divorciados y a las familias con miembros homosexuales”.

¿Los divorciados católicos que se volvieron a casar por lo civil podrán recibir la eucaristía? “Esa es la gran pregunta, pero todavía no hay la respuesta”, dijo monseñor Castro, quien estuvo en Roma en el sínodo del 2014.

Esta es una polémica que divide a los sectores conservadores y liberales de la Iglesia. El cardenal alemán Walter Kasper, teólogo de gran tradición y cercano al papa Francisco, ha encabezado la propuesta de apertura. “Después de un camino penitencial, bajo la supervisión de un sacerdote y luego de su absolución, estos podrían ser readmitidos a la comunión”, ha dicho.

Y desde su postura, no ha guardado críticas para quienes se oponen. “Algunos cardenales temen que haya un efecto dominó y que, si se cambia un punto, todo colapse”.

En la otra orilla aparecen cinco cardenales, que el año pasado publicaron un libro en el que refutan la tesis de Kasper y se rebelan ante el impulso dado por el papa Francisco.

Se trata del prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Gerhard Müller; el prefecto del Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica, Raymond Leo Burke; el presidente emérito del Comité Pontificio de Ciencias Históricas, Walter Brandmüller; el arzobispo de Bolonia y teólogo Carlo Caffarra, y el presidente emérito de la Prefectura para los Asuntos Económicos de la Santa Sede, Velasio de Paolis.

Para el teólogo Fabián Salazar Guerrero, investigador de la Fundación para el Diálogo y la Cooperación Interreligiosa, Interfé, el llamado que hace el Papa parece ser el de dejar de ser jueces y acercarnos a ellos (los divorciados que se vuelven a casar) para intentar acompañar desde “una fe grande, para mirar la realidad con la mirada de Dios y con una gran caridad”.

“Y se debe –añadió– tener especial atención con los hijos e hijas, pues ellos son los más afectados y no existe una pastoral específica para su acompañamiento y cuidado”.

Si bien es incierto el paso que vaya a dar la Iglesia en este sentido, hay una voluntad evidente de buscar un camino. En abril del 2014 le dio la vuelta al mundo la noticia de que el Papa había llamado a una mujer argentina, divorciada y con una nueva pareja, quien le había enviado una carta manifestando su preocupación por no poder comulgar.

El nuevo esposo de la mujer le dijo a la prensa argentina que Francisco le había autorizado recibir el sacramento de la comunión. En cuestión de horas, el vocero vaticano, Federico Lombardi, dijo que: “En el ámbito de las relaciones personales pastorales del papa Francisco ha habido diversas llamadas de teléfono. Pero que como no se trata de la actividad pública del Papa, no hay que esperar informaciones o comentarios”. Y el tema paró ahí.

Lo cierto es que, con la discusión en el ambiente, en octubre podría haber alguna decisión. Monseñor Castro aseguró que hay buena voluntad de responder a estas personas. “La solución no la sé. Se discutió del tema y la decisión la toma el Santo Padre”, agregó.

Una postura menos optimista es la de Salazar, quien dijo que “es un asunto que no va a tocarse ni siquiera por el papa Francisco ya que tiene profundas raíces en la historia y tradición eclesial”. Los más conservadores insisten en que es un tema de doctrina, con sustento en las Sagradas Escrituras, y que por eso los divorciados vueltos a casar nunca podrán volver a comulgar.

Pero una luz al final del túnel también es posible.

Propuestas para darle un giro a la Iglesia

La paz, el celibato, los homosexuales, el divorcio, el medioambiente, el fútbol… Temas que ha abordado el papa Francisco en sus discursos, y que definen inquietudes y expresiones de la sociedad de hoy. Acá cinco de sus propuestas más revolucionarias.

Control de las finanzas del vaticano

Creó el Consejo de Cardenales, nueve purpurados de distintas naciones que representan las sensibilidades de las iglesias locales. Nombró al financiero francés Jean-Baptiste de Franssual, director del banco del Vaticano, para acelerar el saneamiento de una de las entidades más controvertidas de la Iglesia, acusada de corrupción y blanqueo de dinero.

Los homosexuales

Francisco afirmó que no juzga a los homosexuales, pero se mostró contrario al lobby gay. "En un lobby no todos son buenos, pero si una persona es gay, busca al Señor y tiene buena voluntad, quién soy yo para juzgarla", afirmó. Sin embargo, frente a temas como el matrimonio entre parejas del mismo sexo y la adopción ha reiterado que la iglesia mantiene su posición.

Cuidado del planeta

“El planeta Tierra se parece cada vez más a un inmenso depósito de porquería”, sorpresiva frase de Francisco, la cual pronunció con motivo de su nueva encíclica, Laudato Si –una carta valiente, que denuncia, sin temores, al sistema económico mundial, en la que el Papa llama a limitar al máximo el uso de recursos no renovables, moderar el consumo, entre otras disposiciones.

Tribunal contra encubrimiento de abusos

El pontífice autorizó la creación de un tribunal para juzgar por el delito de "abuso de poder" a los obispos que han encubierto a curas pedófilos, una medida exigida durante años por las víctimas.

Igualdad de género

Francisco pidió ponerle fin a la brecha salarial entre hombres y mujeres, "¿por qué se da por sentado que las mujeres deben ganar menos que los hombres? ¡No! Tienen los mismos derechos", señaló.

Nicolás Congote
y José A. Mojica
Redactores de EL TIEMPO