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La metamorfosis de Colombia en la Copa América: a defenderse

Al no agarrar la pelota contra Argentina, el equipo terminó aguantando el milagro en los penaltis.

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26 de junio 2015 , 10:52 p.m.

Lo de Colombia tiene tintes de milagro, más allá de la eliminación. La extraordinaria noche de David Ospina y los oportunos cierres de los zagueros centrales, en especial de Jeison Murillo, lograron llevar la serie de cuartos de final con Argentina hasta el desempate desde el punto final, cuando el fútbol no le daba para eso. Sencillo.

José Pékerman, el técnico de Colombia, terminó moviendo demasiado el equipo en busca de una solidez defensiva que no parecía fácil de sostener con la ausencia de Carlos Sánchez, suspendido por acumulación de amarillas, y de Edwin Valencia, lesionado. Ya había perdido a Abel Aguilar y a Fredy Guarín antes de la Copa América. Solo le quedaba disponible un volante de marca, Alexánder Mejía. Así que tuvo que improvisar. Dejó al mediocampista del Monterrey en el centro del mediocampo, y puso a sus lados a Juan Guillermo Cuadrado y a Víctor Ibarbo, para armar una línea de tres. Y ajustó la marca en los laterales, al poner a Santiago Arias con el perfil cambiado, en lugar de Pablo Armero.

Adelante de ese bloque defensivo, James Rodríguez jugó como enganche y Teófilo Gutiérrez trató de ser su socio, entrando y saliendo de la zona de ataque, para dejar a Jackson Martínez como único delantero. Pero nada le funcionó a Colombia: Arias tuvo una noche para el olvido, fatal saliendo e inseguro marcando. El equipo nunca agarró la pelota con algún peligro y cada vez que Teo tomaba el balón lo entregó mal, algo que desesperó a Pékerman, un técnico que no suele hacer cambios antes de terminar los primeros tiempos, salvo caso de fuerza mayor. De hecho, en 40 partidos con la Selección nunca lo había hecho.

La solución de Pékerman: metió a Edwin Cardona y sacó a Teo, cuando apenas iban 23 minutos del primer tiempo y el gol argentino parecía madurito. La intención: evitar que Argentina tuviera la pelota, tratar de hacer tres pases seguidos. La verdad: el experimento, al menos en el resto de la primera etapa, no funcionó. Argentina, a punta de presión, hizo ver muy mal a Colombia, que no le conoció la cara al portero Sergio Romero.

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Con los mismos 11 jugadores, y seguramente después de una larguísima charla en el intermedio, Pékerman intentó recomponer el medio campo. Terminó armando un 2-3 en la mitad, con Mejía y Cardona en la marca, Cuadrado, James e Ibarbo para tratar de sacar el equipo de atrás, y Jackson totalmente aislado del resto, porque la pelota, ni con el esquema inicial ni con el final, no le llegó jamás. De hecho, se demoró 62 minutos para hacer un remate al arco. La idea ya no era atacar. Ni siquiera tener la pelota. Lo que intentaba Colombia, y para ello contó con una gran ayuda de la suerte, los palos y el portero David Ospina, era aguantar 45 minutos para tratar de buscar la suerte de los penaltis.

El asunto no cambió mucho al final, más allá de que Pékerman hubiera enviado a la cancha dos delanteros, Falcao en lugar de Jackson y Luis Fernando Muriel en reemplazo de Víctor Ibarbo. El equipo no volvió a llegar nunca, pero al menos ya los argentinos, a los que también se les desocupó el tanque, no llegaron con la misma claridad de la primera etapa. Los dos últimos sustos fueron más producto de errores defensivos de Colombia que de un juego elaborado de Argentina.

Al ver que no podía resolver el partido, Colombia se la jugó por el empate y terminó perdiendo en los penaltis. Y en este partido perdió una de sus grandes virtudes, que mostró tanto en la eliminatoria como en el Mundial. El equipo ofensivo que ilusionó en Suramérica durante dos años y deslumbró en Brasil 2014 pareció perderse del todo en estos 90 minutos en Viña del Mar. Hay que replantear el juego. Y urgente.

JOSÉ ORLANDO ASCENCIO
Subeditor de Deportes
@josasc