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Tres columnas de Orlando Sierra que incomodaron a Tapasco, su verdugo

Textos que salieron publicados en el diario La Patria, donde era subdirector cuando fue asesinado.

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25 de junio 2015 , 03:55 p.m.

A propósito del presidente de la Asamblea

Ferney Tapasco, por sus condenas penales y sus antecedentes administrativos, es indigno de ocupar la presidencia de la Asamblea de Caldas. 

De nuevo Ferney Tapasco González ha sido elegido presidente de la Asamblea departamental de Caldas. Suma con este nuevo período 11 años de los cerca de 18 que lleva como diputado, al frente de la duma (presidente vitalicio, le llaman). Su elección no tuvo mayor debate.

Ganó por 10 votos contra seis, estos últimos de los denominados séxtuples, que conforman la oposición. Sus copartidarios del bloque Yepobarquista votaron con la consabida disciplina, sin escrúpulos, sin raciocinio, como si en verdad estuvieran al margen de conocer un hecho cierto: que Tapasco González es indigno para ostentar tal dignidad.

Veamos por qué. Para empezar Ferney Tapasco ha dicho en entrevista publicada por LA PATRIA el pasado domingo, que «lo bueno que se dice de mí es cierto y lo malo son inventos de mis enemigos». Nada más falso. Hechos demostrados dejaron en claro que cuando fue alcalde de Supía, en 1974, cometió el delito de concusión, al abusar del cargo y obtener beneficio personal bajo la promesa de poder conseguir que algunos jóvenes no prestaran el servicio militar. El punible le valió una condena a 12 meses de prisión por el juzgado penal del circuito de Riosucio.Tapasco no fue tras las rejas debido a que las condenas inferiores a los 36 meses, son excarcelables.

Han transcurrido más de 20 años desde entonces y sin embargo esta mácula en la hoja de vida del diputado no parece incomodar a nadie. Se dirá que pudo adecuar su conducta en este tiempo. Nada más falso también. Hace dos años Tapasco González fue hallado culpable de los delitos de encubrimiento por favorecimiento y falsa denuncia, en el caso del crimen del profesor Orlando de Jesús Salazar Gallego, acaecido en Supía el 18 de julio de 1992. La condena: 26 meses de prisión, fue proferida el 24 de junio de 1994 por el juez de Riosucio que llevó el caso y quien debió luego salir del país por constantes amenazas contra su vida.

La decisión fue apelada ante la Sala Penal del Tribunal Superior de Manizales, el cual confirmó, en parte, el fallo del juez, aunque modificó la sentencia y le impuso un año de prisión, con beneficio de excarcelación. De nuevo Tapasco apeló, esta vez ante la Corte Suprema. Se sigue a launto de encuentro espera de su pronunciamiento.

¿Falta memoria al diputado Ferney Tapasco, para recordar estos hechos? ¿Tan frágil es la de sus colegas de la Asamblea? ¿Tan débil su carácter que no tomaron en cuenta a la hora de elegirlo que el señor está sub judice? ¿Tan faltos de dignidad son los senadores Omar Yepes y Víctor Renán Barco que sabiendo que todo esto apaña tal despropósito? ¿Acaso aparte de las condenas penales se ha olvidado que es de su autoría, junto con el entonces diputado Arturo Yepes, la «reforma administrativa», que tiene al departamento en precaria situación financiera con cientos de demandas que aún cursan por despido supuestamente ilegales?

Caldas parece vivir de espaldas al país. En un departamento con diputados de carácter y no meros «hacedores de mandados», esto no habría pasado. Porque es una vergüenza mostrar ante la nación entera que por acá el proceso de moralización y saneamiento del ejercicio político, no ha tocado los oídos de los dirgentes. ¿Con Yepes y su hermano el representante Arturo Yepes se rasgan las vestiduras por lo que pasa con el presidente Samper, cuándo con su anuencia alguien con tan negros antecedentes alcanza la presidencia de la Asamblea en Caldas? ¿Qué se puede decir del senador Renán Barco sino que es algo que antepone intereses a escrúpulos, cuando respalda irrestrictamente a alguien con tales antecedentes?

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Resultaría muy cómodo echar toda la responsabilidad de cuanto sucede a la clase política. La doble moral no sólo está en servidores públicos, también abarcan amplios sectores de la sociedad. En el caso de Tapasco González, por ejemplo, mucha gente se declara indignada por verlo donde está, sin embargo no se ve una actitud seria de cuestionamiento. ¿Quién o quiénes se pronunciaron en contra de la elección de Tapasco antes de que esta se diera? ¿Quién o quiénes hicieron lobby ante los senadores Yepes y Barco, para hacerles ver lo inmoral de su respaldo? ¿Quién o quiénes se han preocupado por indagar por el avance del proceso en la Corte Suprema? ¿Quién o quiénes han acudido ante la Comisión Ética del Liberalismo para que se la margine del partido, al existir fallos judiciales en su contra? Nadie.

Es facilista y pusilánime una «indignación» que no pasa de una llamada telefónica a la dirección de un periódico. Por ese camino, tendremos siempre a los congresistas respaldando a este u otros Tapascos, a diputados en formación de regimiento, votando por ellos, a ciudadanos «indignados» reclamando por sentirse ofendido, por todas esas acciones y a algún diablo riéndose de todos juntos mientras lee la teoría de Nietzche del «eterno retorno».

ORLANDO SIERRA HERNÁNDEZ
Columna publicada el 17 de marzo de 1996 en el diario La Patria, de Manizales.

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