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Editorial: Caminos hacia la verdad

Lo que menos quiere el país es que el atroz episodio de los 'falsos positivos' quede en la impunidad

24 de junio 2015 , 08:58 p.m.

Tres hechos han permitido que esta semana vuelva al debate público el tema de la ejecución sumaria de civiles engañados por militares con falsas promesas, conocidos como ‘falsos positivos’. La reforma del fuero militar aprobada por el Congreso fue el primero. Como lo comentábamos este miércoles, muchas organizaciones han dicho que estarán atentas para que este cambio, sumado a la ley que reforma la justicia penal militar, no facilite la impunidad en los más de 1.500 casos actualmente abiertos por este motivo.

Luego vinieron dos más. Por un lado, la publicación de un informe de la ONG Human Rights Watch en el que se denuncia el supuesto vínculo de varios oficiales de alta graduación, entre ellos los actuales comandantes de las Fuerzas Militares y del Ejército, en dichos casos, que habrían sido más de 3.500. Un documento que fue duramente criticado por altos funcionarios, desde el procurador Alejandro Ordóñez hasta el mismo presidente Juan Manuel Santos, quien hizo énfasis en la falta de sustento de los señalamientos.

Pruebas que, por el contrario, ha venido recopilando la Fiscalía General de la Nación, ente que en el último tiempo ha adelantado una indagación para establecer la verdad y los máximos responsables de estos brutales episodios cuya revelación, a partir del caso de los jóvenes de Soacha, estremeció a Colombia. En el marco de esta investigación, el pasado martes llamó a entrevista a cuatro generales.

Lo que menos quiere el país es que este vergonzoso y atroz episodio quede en la impunidad. Llegar a la verdad es un reto que exige dar pasos firmes. En ese orden de ideas, las acusaciones sin suficiente respaldo, así estén movidas por las mejores intenciones, traen el riesgo de crear distracciones que dificulten alcanzar el objetivo. En cambio, aquellas que sean fruto de una investigación rigurosa merecen todo el respaldo.

Que no quede duda sobre la necesidad de que la profunda herida que estos sucesos dejaron entre las víctimas, por supuesto, pero también en la sociedad en general, comience a sanar. Algo que solo se logra con verdad, justicia y la certeza de que se ha hecho todo lo necesario para que nunca más regrese esta página de barbarie.

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