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Hay que atreverse

Es hora de atreverse a desarrollar iniciativas que apunten a valorar el apoyo al proceso de paz.

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24 de junio 2015 , 07:07 p.m.

Es un equívoco tenaz de las Farc hacer creer que los atentados que cometen contra la población civil se enmarcan en el conflicto armado. Otra falla: al romper su tregua unilateral debieron determinar cuáles eran los tipos de operativos que iban a realizar para no afectar el medio ambiente, no atacar poblaciones indefensas y, al mismo tiempo, respetar la esencia del Derecho Internacional Humanitario.

También, en el plano militar, debieron tomar precauciones para mantener unas negociaciones en medio del conflicto, de modo que, en ningún momento la ciudadanía y la comunidad internacional calificaran sus acciones como un exabrupto contra el proceso de paz y contra la propia credibilidad de las guerrillas; como hoy sucede gracias a los actos terroristas que han desatado.

Nada tiene que ver con el conflicto armado las voladuras de torres de energía, el derrame de petróleo, los ataques a la población civil o los asesinatos de personas y militares en situación defensiva o al margen de los combates. Con tal actuación parece que quisieran decir que su pretensión es acabar con el proceso de paz. No dimensionan el inmenso impacto negativo que su ejercicio terrorista deja en el ciudadano del común que, tarde o temprano, podría terminar repudiando su presencia en el contexto político nacional.

En otra orilla del asunto aparecen sectores que buscan sacar provecho de estos equívocos. Llama la atención que durante la vigencia de la tregua unilateral criticaran cualquier acción que se presentara, a pesar de que se comprobó que la guerrilla la cumplió en un 95 por ciento. Ahora bien, con los hechos registrados, se evidencia la validez que tuvo esa pausa militar, pero los críticos reclaman que el gobierno se levante de la mesa de negociaciones y que suspenda los diálogos: nada más absurdo y carente de coherencia.

Por ello resulta urgente la entrega de los menores que están en las filas de las Farc; que avance sin tregua el desminado; que se concreten los resultados de las negociaciones en materia de víctimas y justicia transicional; y además, que la subversión se disponga a discutir una posible concentración de sus fuerzas para facilitar la discusión del cese al fuego bilateral y, así, poner fin a todo tipo de acciones militares, mientras que se prepara la desmovilización y entrega de armas.

Tal concentración de combatientes, acordada en la mesa de negociones, no tiene que ser general: puede ser de carácter territorial y de acuerdo con las posibilidades que vaya presentando cada frente guerrillero. Esto evitaría posibles bombardeos de las Fuerzas Militares y tendría el acompañamiento de la comunidad internacional. Así, las negociaciones volverían a ganar credibilidad y se mantendría en alto la búsqueda del desescalamiento del conflicto.

Llegó la hora de atreverse a desarrollar iniciativas que apunten a valorar el apoyo que ese proceso ha ganado en la comunidad internacional, pero también para rescatar los hilos de la confianza perdida en muchos colombianos, y de esa manera impedir que los enemigos de la paz sigan sacando provecho político de los incomprensibles errores de la insurgencia.

Nota: me parece muy acertada la iniciativa planteada por el Expresidente César Gaviria de dar facultades extraordinarias al Presidente, Juan Manuel Santos, para el manejo del proceso de paz. Santos fue elegido para ello.


Jaime Fajardo Landaeta

jaimefajardolandaeta@gmail.com
@JaimeFajardoLan