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El tango, un sentimiento que se arraiga en la cultura paisa

Así vive Medellín, y especialmente el barrio Manrique, la influencia constante de Carlos Gardel.

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23 de junio 2015 , 02:52 p.m.

“El tango es un sentimiento que se canta en los cuchillos de un malevo, en lo sórdido de una prostituta, en el amor de una madre…en la vida misma”. Así lo define el cantante Luis Ovidio Ramírez Arboleda, mientras sus ojos azules cobran vida al posarse en una foto de Carlos Gardel. Es hora de que comience a cantar y revivir, por unas horas, al máximo exponente del tango.

Es una calurosa noche de viernes en Medellín donde todo puede pasar. En el Patio del Tango, ubicado en el corazón del Barrio Antioquia -a pocos metros de donde hace casi 80 años murió Gardel- el gemido pesaroso de un bandoneón rompe la callada noche.

Mauricio y Lina salen a la pista. Sus movimientos son elegantes, precisos, armónicos. Como si estuvieran unidos de la cintura y del alma.

Ella baila con su espalda desnuda, bañada bajo un chorro tenue de amarillenta luz agónica, que ilumina lo suficiente como para que los visitantes se maravillen con aquellos elegantes movimientos. El lugar está lleno.

Y no, no son solo “los viejitos” los que concurren a estos establecimientos. Sobresale la cantidad de jóvenes antioqueños que frecuentan estos lugares, manteniendo vigente un género que nació en otro país (En la cuenca del Río de la Plata, Argentina), pero que la ciudad acogió como propio, declarándolo patrimonio en el 2000; primero, de carácter municipal para Medellín y luego, departamental.

Las escuelas de tango no enseñan solo el baile del tanto: también el carisma y la elegancia de Gardel. David Sánchez / EL TIEMPO.

En cada calle, cada cantina y cada rincón de la ciudad, se respira tango. Es algo invisible, pero que está ahí, inherente a la cultura paisa. En el simple sonido de sus melodías que evoca levantar una copa de aguardiente, en la belleza de las mujeres que invitan a la poesía, o a la elegancia y pasión que despiertan los equipos de fútbol cuando tocan un balón. En todo eso hay tango.

Daniel Emlek, cantautor argentino de tango y que ha sido jurado del Festival de Internacional de Medellín, aseguró que la ciudad es la “meca del tango”.

“Como vive Medellín el tango, como se transpira, creo que ni si quiera en Buenos Aires se logra. Acá caminás por la calle y escuchás tango. Eso en Buenos Aires no ocurre, la pasión que despierta el tango en la calle, en los artistas, en los bares. De hecho, muchos de los coleccionistas más importantes de este género están en Medellín”, agregó Emlek.

La razón, y a quien le atribuyen este vínculo sentimental entre la ciudad y el tango tiene nombre propio: Carlos Gardel, el ‘Zorzal criollo’.

Para muchos, el 24 de junio de 1935 murió Carlos Gardel. Para otros, más conocedores y poéticos, en esa misma fecha nace en la ciudad, para la inmortalidad, el mito.

Asdrúbal Valencia Giraldo, ingeniero, catedrático y para muchos “la persona que más conoce de tango en la ciudad”, explica que el tango no nació con la muerte de Gardel, pero sí se consolidó con la misma.

“Muchos creen que el arraigo de la ciudad con el género comenzó con esa tragedia, pero no. Acá ya se escuchaba tango desde antes y por eso fue que él visitó Medellín, porque había clientela para ese espectáculo ¿o usted cree que él vendría a semejante morro solo porque sí?”, explica Valencia.

Añade que, el desplazamiento por la violencia también ayudó al gusto que hay en la ciudad por un género que evoca tragedias y añora un pasado mejor. “Aquellos campesinos desarraigados que fueron obligados a salir de sus tierras, se sintieron identificados con esos lunfardos (jerga del tango) que escuchaban en el viejo Guayaquil (Centro) que en la época tenía todas las características de un puerto como Buenos Aires, Montevideo y Rosario, otras cunas del tango”, explica Valencia.

A este catedrático, que lleva más de 40 años escuchándolo, investigándolo y disfrutándolo, se le atribuye gran parte de la difusión que ha tenido en la ciudad. Su libro, El Universo del Tango, es uno de los más vendidos y reconocidos en la ciudad. El primer volumen salió en 2011 y en la actualidad ya lleva 10 tomos.

En el Café Alaska, rodeando las mesas de billar: los retratos y los recuerdos del Zorzal criollo.

“El objetivo solo es la difusión. No es sentar cátedra porque el tango es una pasión que es muy similar a la que siente un hincha del Medellín, mantener siempre viva la esperanza”, dice.

Eso mismo siente Francisco Cardona. Él no es un letrado como Asdrúbal ni puede explicar su amor por el tango en 10 tomos literarios, pero es hincha del ‘poderoso’ DIM y sin haberse conocido nunca con el catedrático, repite la misma frase.

Francisco es un taxista que, a su modo, también mantiene viva la esencia del tango. En sus largas jornadas tras el volante de aquel auto amarillo, diariamente ameniza sus carreras al ritmo del sentimiento puro de Gardel, la voz aguda de Libertad Lamarque o la voz arenosa de Goyeneche.

“A la gente le gusta mucho y a mí más. Es que el tango es la vida misma y por eso todos se identifican con la música o las letras”, opina el conductor.

De la cabeza a los pies

Otra de las razones del renacer que ha tenido el tango, según Asdrúbal Valencia, se comenzó a gestar desde 1983 por un fenómeno mundial cuando un musical llamado ‘ Tango’ se presentó en Nueva York y París, capitales de la moda en el mundo.

De allí, regresó a su natal Buenos Aires y comenzó un Boom con una característica: La adición del baile. “A los viejos como yo el tango nos entró por la cabeza. Ahora a los muchachos les entra por las ‘patas’. Se pasó de solo escucharlo a también bailarlo, y eso llamó mucho la atención de los jóvenes”.

Y esa evolución es la que actualmente se ve en la ciudad. En los lugares emblemáticos como Homero Manzi, Adiós Muchachos, El Patio del Tango, Salón Málaga y el salón a Puro Tango, entre otros, se celebran espectáculos y milongas en los que se mezcla la belleza de las letras con la elegancia del baile.

El Patio del Tango, en Medellín. EFE.

Sin embargo, y a pesar de que desde 2011 dejó de ser un lugar nocturno donde a media luz se brinda al son de un aguardiente mientras se escucha Lejos de ti de Julio Erazo (la canción que más suena en la ciudad), el Museo Gardeliano es quizá, el ícono más importante de este género en la ciudad.

Allí, en el barrio Manrique, Gardel sigue vivo. Salsamentarías, bares, tiendas y otros negocios tienen el nombre del ‘zorzal criollo’. Dentro del Museo Gardeliano, que ahora abre desde las 9 de la mañana y hasta las 5 de la tarde, y declarado Bien de Interés Cultural en el año 2002, busca cuidar y difundir el patrimonio histórico y tanguero de Medellín, manteniendo viva, la flama dejada por Carlos Gardel.

La estatua de cuerpo completo que rememora a Carlos Gardel en el Barrio Manrique es cuidada con empeño por el vecindario. AFP.

Allí, propios y visitantes pueden acceder a valiosas colecciones fotográficas, documentales, cinematográficas y musicales, y algunos fotogramas y objetos históricos que permiten leer algunos capítulos de la Medellín de principios del siglo XX.

Astor Piazzolla, bandoneonista y compositor gaucho dijo una vez, “En mi país cambian los presidentes y no dicen nada, cambian los obispos, los cardenales, los jugadores de fútbol, cualquier cosa, pero el tango, no. El tango hay que dejarlo así como es: antiguo, aburrido, igual, repetido”.

Y eso pasa en Medellín. El tango prevalece. Vive en los viejos rincones a media luz del Homero Manzi, el Patio del Tango, el Museo Gardeliano; y así mismo en jóvenes artistas como Alejandra Montoya, la primera mujer Bandoneonista que tuvo la ciudad; Simón Ramírez de 15 años, que toca el violín desde los 6 y tiene el tango en la sangre gracias a su padre; o Gloria Acevedo Toro ‘La Gardelita’, la nueva sangre de un género que aún guarda detrás de sus sonidos melancólicos y danzas hipnóticas, un secreto y una magia fáciles de sentir, pero imposibles de definir.

DAVID ALEJANDRO MERCADO
Corresponsal EL TIEMPO Medellín