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'El país tiene un límite y el presidente Santos también'

Habla Juan Carlos Pinzón, exministro de Defensa y nuevo embajador en Washington.

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21 de junio 2015 , 08:55 p.m.

¿Quién hace mejor negocio: el embajador Villegas viniéndose de ministro o el ministro Pinzón yéndose de embajador?

Ojalá lo sea ante todo para el país. El embajador Villegas tiene el reto de seguir trabajando para la seguridad, y ayudarle al Presidente a fortalecer las Fuerzas Armadas como un elemento central en el objetivo de la paz.

Usted viene de un hogar militar. ¿Cuánto tiempo le tomará al ministro Villegas aprender el oficio?

Son estilos diferentes, él tendrá que implementar el suyo. Pero se dice que en la vida militar a la gente la reclutan durante tres meses.

O sea que tres meses dura la ‘primiparada’... ¿Qué le tocará hacer al nuevo ministro para que el estamento militar lo respete?

Demostrar su disposición a tomar las decisiones militares para avanzar en la seguridad del país. Mi recomendación al doctor Villegas es que haga lo que le corresponde a cualquiera que ejerce ese cargo: cumplir y hacer cumplir estrictamente las órdenes que dé el Presidente, independientemente de si gustan o no.

Pero a usted lo respetaban mucho porque hablaba en tono duro, a veces por encima del tono conciliador del Presidente. ¿Esa disparidad estaba convenida o era espontánea?

El Presidente fue Ministro de Defensa. Comprendía que había que tomar posiciones firmes frente a los hechos de violencia. Las declaraciones fuertes que hice fueron consecuencia de hechos inhumanos cometidos por los diferentes actores violentos. Creo que el Presidente es un hombre muy firme, y por lo mismo tiene la determinación de moverse en el tema de la paz. Pero también advertiría a quienes están abusando del pueblo colombiano que no se equivoquen con el presidente Santos. El país tiene un límite y el presidente Santos también.

¿Qué tono va a usar como embajador: el duro de cuando era ministro de Defensa o el diplomático?

Lo que ya no estaré es teniendo que manifestarme en público sobre las atrocidades que pasan. Como embajador, actuaré por los canales diplomáticos. Pero hay maneras de ser y de ver la vida que forman parte del código genético de las personas, y el mío, que es ser claro, directo y apasionado por Colombia, no cambiará en ningún cargo que ocupe.

El Departamento de Estado acaba de reiterar que las Farc son un grupo terrorista que pone en peligro la seguridad del hemisferio.

Lo que le puedo decir por ahora al respecto es que EE. UU. ha sido y seguirá siendo el principal aliado de Colombia para seguir construyendo la seguridad y la paz, bien sea por el camino del diálogo o con la acción de las Fuerzas Armadas, gracias a esa relación especial que tenemos con ellos en materia de defensa.

Si le preguntan, como embajador, si a las Farc hay que mantenerles el estatus de terroristas, ¿qué diría?

Como una opinión personal, diría que hay que sostener ese estatus de terroristas. Como embajador, transmitiré lo que determine el presidente Santos.

¿Y qué dirá como embajador sobre el glifosato, si como ministro se opuso públicamente a su prohibición?

Hay que concentrarse en armar un plan conjunto del Gobierno colombiano de manera coordinada con EE. UU., evaluando todas las herramientas y estrategias posibles. Lo que no nos puede pasar es que le demos espacio al narcotráfico. Esa ha sido mi posición, y la del presidente Santos también; pero él cree que hay que buscar formas más efectivas de lucha.

¿Esa posición suya a favor de la aspersión con glifosato aceleró su ida del Ministerio?

Siendo infidente, desde diciembre venía hablando con el Presidente sobre mi retiro. El ciclo se había cumplido, era el momento apropiado para irme. Pero por esa relación personal y afectuosa que mantengo con él, me quedé hasta que él quiso. Ahora me da la oportunidad de seguirle sirviendo a Colombia y trabajando con él.

¿Lo va a desesperar un poco no poder mandar sobre las tropas desde Washington?

Seguro me dará mucha nostalgia. Fui demasiado cercano a las tropas, a la Policía, en las selvas, en los pueblos, en las calles. Eso da guayabo, y va a crecer cada día que pase. Pediré al país que nunca deje de apoyar a sus Fuerzas Armadas. Pero también haré mi mayor esfuerzo para invitar a que rodeen a quien hoy ejerce esa responsabilidad. Claro, que exija; yo les exigí mucho, fui muy duro en muchos momentos y situaciones, pero al mismo tiempo creo que en las Fuerzas Armadas la gente tiene su principal garantía de un futuro en paz.

Cuando sacaron a Luis Carlos Villegas de negociador en Cuba, y lo mandaron de embajador a Washington, entendimos que el Presidente quería transmitir una diplomacia de paz. ¿Qué transmitirá el embajador que viene de ser el ministro de la guerra?

Imagino que en mi nombramiento influyeron nexos de muchos años con EE. UU. Desde niño, por la carrera militar de mi padre, estudié en colegios y universidades de EE. UU., fui representante de Colombia en el Banco Mundial y en los últimos 9 años debo de ser el colombiano que más ha tratado con asuntos relacionados con el Plan Colombia. Tengo una relación con el Congreso de EE. UU., con su Gobierno, con la oposición. Tengo una visión bipartidista que podría serle de utilidad a Colombia.

Si en EE. UU. le preguntan si es partidario de ponerles un plazo a las negociaciones de paz, ¿qué contestará?

En la historia de las guerras, los plazos han demostrado ser fatales para los Estados, más que para las contrapartes. Si nos ponemos a fijar plazos, eso puede generar unos incentivos perversos que, en lugar de dejar al final una paz definitiva y ordenada, generen afanes de unos para avanzar a toda costa o de otros para aprovechar y romper. Es una opinión estrictamente personal.

¿Cómo acortar, entonces, esta negociación?

He sido excesivamente prudente sobre mis opiniones del proceso y seguiré siéndolo. A los negociadores les toca muy duro. Estar sentado con esos señores no es agradable, sino muy frustrante y lleno de complejidades. En Colombia, estoy seguro, va a haber paz, por la razón o por la fuerza. O, como lo acaba de reiterar el Presidente, por las buenas o por las malas. Por la razón, si logramos que a través de la negociación se haga un atajo y evitemos más muertos. Pero tampoco el país podrá hacer concesiones inaceptables. O será por la fuerza y a las malas, como hasta ahora lo hemos venido haciendo. En Colombia hace 15 años teníamos 600 municipios sometidos al terrorismo, los ‘paras’, las Farc, el Eln. Para el 2009, unos 250. Para el 2015 tenemos 50 municipios en esa realidad. Lo que estos tipos de las Farc deben entender es que si no es por el camino de la paz, con la determinación del Presidente seguiremos pacificando el país.

¿Le gusta la Comisión de la Verdad?

Es un paso necesario para crear una justicia transicional. Este proceso, a diferencia de otros y por decisión del Presidente, contempla la posibilidad de que para miembros de las Fuerzas Armadas también haya soluciones, y la Comisión de la Verdad puede llegar a tener un efecto positivo en esa lógica. Lo que hay que cuidar es quién la compone, para que no termine en una postura ideológica que trate de igualar al Estado y a sus Fuerzas Armadas con los grupos terroristas.

¿O sea que le gusta la justicia transicional para los militares?

En lo que más insistí fue en que si esta vez se hace un acuerdo de paz, no puede pasar lo de los otros 6 anteriores, y es que salen todos los delincuentes de los grupos terroristas y armados sin ningún costo o a uno muy bajo, y los miembros de las Fuerzas Armadas, que en el marco del conflicto violaron la ley, terminan con penas de 50 años.

Para obtener esos beneficios, los militares tendrán que pasar por la Comisión de la Verdad...

No he entendido que ese sea un requisito para la justicia transicional. El tema de la verdad para quienes han violado la ley es necesario. Lo que no podemos es terminar poniendo en igualdad de condiciones todo el trabajo legítimo y efectivo de las Fuerzas Armadas en relación con los crímenes que cometen quienes están por fuera de la legalidad. Pero si hay un miembro de las Fuerzas Armadas que en algún momento cometió un delito atroz y cuenta esa verdad, pues le servirá para tener unos beneficios que le permitirán volver en el menor tiempo a su casa.

¿Es cierto que en la reforma del fuero penal militar, que usted lideró, el Ministro de Justicia tuvo la última palabra?

Fue el Presidente quien tomó la determinación de que meter el Derecho Internacional Humanitario para que los investiguen y juzguen en el marco del conflicto era la manera más justa de garantizarles seguridad jurídica a los militares. Pero también dijo que él de ninguna manera dejaría la impresión, así fuera mínima, de que un caso de ‘falso positivo’ vaya a quedar en la impunidad. Bajo ese principio, él prefirió trazar una raya extrema y clara. Eso fue lo que al final pasó.

¿Los militares quedaron satisfechos con lo que se concilió?

El Presidente nos pidió al Ministro de Justicia –un gran jurista– y a mi equipo que conciliáramos esas posiciones. Duramos tres semanas, hasta llegar a ese texto que el mando militar aprobó. Se dio un avance muy sustancial en la línea de a lo que los militares les parecía más razonable. Lo ideal, dentro de lo que fue posible.

¿Quién tiene la razón en su posición sobre el proceso de paz: el Fiscal o el Procurador?

No me ponga a escoger. Tengo la mejor relación con los dos. Ambos están convencidos de sus posiciones, pero aspiraría a que no tengan siempre que ser públicas sus diferencias para evitar tanto debate innecesario en el país.

Sus diferencias, además de personales, son profundamente conceptuales. Uno quiere que las Farc no paguen un solo día de cárcel, y el otro dice que eso no se puede evitar...

No estoy de acuerdo con la impunidad, y esa tampoco es una posición que esté defendiendo este proceso. Por eso se habla de justicia transicional, pero estableciendo responsabilidades ante las víctimas de los violentos.

¿Y las sanciones?

Hay sanciones que van desde años de cárcel hasta unas que obligan a contar la verdad y a aceptar culpas, con las consecuencias políticas y de reputación que eso implicará. Nadie quiere impunidad, en eso el Procurador tiene razón, pero bajo un modelo de justicia transicional habrá que buscar cómo se pagarán esas penas para que sean suficientemente aceptables para la sociedad, y en eso el Fiscal puede aportar algunas ideas.

¿Cómo explicará en Estados Unidos que los considerados terroristas por el Departamento de Estado podrían salir libres?

Aún nadie puede afirmar que eso sucederá.

Me acaba de decir que existe esa posibilidad, si depende del Fiscal...

Lo que le acabo de decir es que hay una discusión acerca de las penas alternativas. Estoy entre quienes quieren el mayor castigo posible. Pero en la lógica de la justicia transicional, que no es impunidad sino justicia, las penas se gradúan de diferentes maneras.

¿El embajador Pinzón mantiene una buena amistad con el presidente Uribe?

Mi lealtad y mi amistad con el presidente Santos son inquebrantables. Pero le puedo decir que soy un santista no antiuribista.

¿Como embajador se va a seguir peinando como militar?

Según mi mamá, llevo con este peinado desde el día en que nací, con eso le digo todo.

María Isabel Rueda
Especial para EL TIEMPO