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Un nuevo deporte nacional: ¿usted no sabe quién soy yo?

Nicolás Gaviria y Melissa Bermúdez alcanzaron su estrellato por sus ataques a la Policía

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21 de junio 2015 , 08:43 p.m.

En el país hace carrera un nuevo deporte nacional: atacar a los miembros de la Policía. Este reprochable juego es mediático, justiciero y políticamente taquillero. En Bogotá Nicolás Gaviria y en Medellín Melissa Bermúdez,¿usted no sabe quién soy yo?, alcanzaron el estrellato por cuenta de los insultos y agresiones que protagonizaron cuando fueron requeridos por la Policía.

En otro día de furia, pandilleros en Bucaramanga, delincuentes comunes en Cali o miembros de las barras bravas en Barranquilla atacaron a la Policía al advertir su inminente arresto al ser sorprendidos en flagrancia cometiendo un delito. En Bogotá, según el comandante de la Policía Metropolitana, en lo corrido de este año van más de 400 policías lesionados en actos del servicio.

Y el pasado martes en el Congreso de la República, entre otros, un reconocido Senador del Polo descalificó a la Policía en el debate relacionado con el proyecto de Código de Convivencia Ciudadana, cuando afirmó que “tenemos una cultura de la Policía Nacional, prácticamente donde se presume que los ciudadanos no son inocentes, sino culpables… van a graduar de delincuentes a todos los colombianos”.

Sin duda los señalados días de furia obedecen a causas y razonamientos completamente diferentes. Algo va de los actos bochornosos de dos jóvenes embriagados, a unos criminales que vulneran la seguridad y obstruyen la justicia o a unos congresistas en pleno 'show'. Pero el deporte nacional que practican es el mismo: atacar a los miembros de la Policía.

¿Qué tan responsable es la Policía ante esta situación? Los argumentos a favor y en contra son en muchos casos verídicos, en otros van más allá de su misión constitucional y a veces son contradictorios. Denuncias por actos de corrupción, uso excesivo de la fuerza y negligencia se escuchan todos los días, de manera especial ante estrados judiciales, pero en ningún caso es una política sistemática ni hace parte de una cultura institucional.

La Policía también es víctima de la percepción de inseguridad. Puede sonar paradójico argumentar que la entidad encargada de garantizar la seguridad es victimizada. Pero la ineficacia de la justicia igualmente los afecta. Ciertos miembros de la sociedad civil y del crimen organizado se creen socialmente superiores a los uniformados, quizá porque saben que sus actos no van a ser sancionados por fiscales y jueces penales. Y por ello, se sienten legitimados para atacarlos y agredirlos.

Y si nos atenemos a las encuestas, la imagen que tienen los colombianos sobre la Policía es favorable, lo cual resulta contradictorio con todo lo que hemos analizado. Según la Gran Encuesta Ipsos ─Colombia Opina (Abril, 2015)─, esa entidad tiene la tercera mejor imagen en el país con un resultado de favorabilidad del 63 %, solo superada por las Fuerzas Militares y la iglesia Católica.

En conclusión, la propia Policía tiene un grado de responsabilidad en ese nuevo deporte nacional que se respira en los últimos meses en Colombia. Pero no es la única culpable. En algún día de furia, los nuevos ataques que sufren los uniformados no se van a contabilizar en videos virales, lesiones personales ni declaraciones políticamente taquilleras. Puede costarnos la vida de uno o más miembros de la Policía.

Respetar la integridad del talento humano de la Policía no es un asunto de intolerantes y mucho menos de delincuentes. Tampoco es un tema ideológico, político o mediático. Es un contenido de política pública que si es formulado con perspectiva de Derechos Humanos fortalecerá la convivencia y seguridad ciudadana, más aun si materializamos el escenario de un país en posconflicto.

JAIRO LIBREROS
Profesor titular de la Universidad Externado de Colombia
@JairoLibreros