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Siento ruido de pelota...'

La pelota tiene una fuerza huracanada, atrapa a la gente y desvía la mira telescópica.

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21 de junio 2015 , 08:10 p.m.

 “El protocolo de la Conmebol no establece ningún discurso de apertura”, se atajó la ministra de Deportes de Chile, Natalia Riffo, refiriéndose al partido inaugural de Chile y Ecuador. El horno del fútbol no está para ningún bollo más. La irritación del público hacia toda forma de autoridad ha llegado a un punto en que no soporta nuevas mentiras ni corruptelas. Lo saben políticos y dirigentes de fútbol. La presidenta Michelle Bachelet, quien también padece fuertes turbulencias políticas internas y baja popularidad (aunque nada comparable a la situación de los devenidos en ultramillonarios directivos del fútbol) fue al estadio Nacional. Evitó dar el discurso de apertura y con ello esquivó el abucheo general que le habían promovido algunos sectores gremiales y estudiantiles. Solo se escuchó el silbatazo del árbitro. Fue el único anuncio del comienzo de la Copa.

“Napout va a venir disfrazado de Hombre Araña”, bromeaba un colega en el Centro de Prensa. Ni siquiera eso: el titular de la Conmebol no apareció. Se está disputando el torneo más importante de la entidad y nadie sabe responder sobre el paradero de su presidente, Juan Ángel Napout. En Chile no está y en Asunción no se lo ve. “Está desaparecido”, consignó un cable de Associated Press. A él, que jamás falta a un torneo, a un congreso, a un lanzamiento, a nada. Desde el sábado 30 de mayo, cuando participó en el comité ejecutivo de la Fifa, en Zúrich, no se lo vio más en público. La pregunta del millón, aquí, es quién entregará el trofeo el 4 de julio. Por parte de Conmebol, el torneo está funcionando con el piloto automático.

El Papa avisó que no quiere los 10.000 dólares por gol y por penal atajado que la Conmebol ofreció donar a Schollas Ocurrentes, las escuelas impulsadas por Francisco. Este ordenó cancelar el contrato, tras el destape mundial de las coimas. “¿Para qué me habré sacado la foto con esos tipos?”, debía de estar lamentándose el máximo hincha de San Lorenzo mientras miraba los partidos de Argentina en la madrugada del Vaticano. “¿Para qué les habré dado audiencia?”.

La detención de Alejandro Burzaco, presidente de Torneos, y los Jinkis, padre e hijo, dueños de Full Play, empresas que junto con Traffic componen Datisa, coorganizadora de la Copa América, debe de tener muy aterrados a Napout y a otros. Hay mil preguntas que se formula la prensa en relación con el ‘Conmebolgate’, que mancha la Copa América sin poder obtener una sola respuesta de la entidad. Datisa es hoy una empresa descabezada, fantasma; sus empleados deambulan sin ánimo por las instalaciones del estadio Nacional. Ni quieren pronunciar el nombre de la empresa al presentarse. Datisa es la encargada de atender decenas de aspectos colaterales de la Copa, como por ejemplo las transmisiones de TV y los patrocinadores. “Los contratos siguen vigentes y tenemos que continuar trabajando”, dicen. Hablan de los contratos de cesión de derechos comerciales firmados con Conmebol.

En medio de la colosal ilusión del pueblo chileno por su equipo nacional, los medios de este país rugieron contra la Federación de Fútbol de Chile por los precios estratosféricos de las entradas: 300 dólares las más caras, 25 las más económicas. “Son precios de Champions League, pero aquí no estamos en Europa, los sueldos son mucho más bajos”, criticaba un periodista en televisión. La molestia alcanzó el nivel de indignación en cuanto a los precios de bebidas y comestibles dentro del estadio. Un modesto combo compuesto por una hamburguesa simple, una gaseosa y un pequeño paquete de chocolates crocantes cuesta 7.700 pesos chilenos, o sea 13 dólares. Y hay una sola empresa concesionada para la venta.

"Una hamburguesa de mierda comprada a granel, con una carne recalentada que con suerte sale a 300 pesos, la bebida a granel sale a 200 pesos la botella y las papas fritas, ni hablar, prefritas, congeladas, con suerte te salen a 100 pesos la porción", bramó en televisión el periodista Juan Esteban Guarello. "Este tema, que parece tan pedestre, tan menor, es profundamente irritante y vergonzoso porque demuestra que una posición de monopolio, una posición de privilegio, permite abusar hasta el máximo de la gente, que va a tener hambre y no va a tener otra posibilidad que pagar siete lucas por cualquier cosa. Porque te venden el combo, no te van a vender la bebida sola. Si ‘querí’ es combo o nada. En verdad es un combo en las bolas el que te dan”, continuó, durísimo, el colega chileno. "Hay algo mucho más grave: que ellos te lo hacen pasar como si fuera de lo más normal. Bueno, así actúa la Fifa, así actúa la ANFP (Asociación Nacional de Fútbol de Chile) y así actúa este país, que cada vez me está dando más rabia”, finalizó.

No obstante, la euforia de la gente sobrepasa el enojo, hay clima de Copa. El centro de Santiago es una fiesta de expectativa. La gente camina feliz, ansiosa, casi nerviosa. Todo el mundo con el rojo evidente. Decenas de puestos en las calles vendiendo camisetas, gorros y todo tipo de prendas y artículos alusivos a la selección local, aunque no hay mercadotecnia de la Copa. Caretas de Alexis Sánchez, Gary Medel y Vidal, los máximos ídolos nacionales. Sánchez ha despertado una fiebre nacional con su última temporada en el Arsenal inglés. ‘Alexis, el mejor de todos los tiempos’, tituló en su editorial el editor de la revista Deporte Total, Alejandro Darío Molina (Adamol). “Que me perdonen don Elías Figueroa, Carlos Caszely, ‘Bam Bam’ Zamorano y Marcelo Salas, pero el ‘Niño Maravilla’ ha llegado al primerísimo plano mundial luciendo una gama de cualidades que lo hacen un futbolista profesional completo, tanto por sus atributos físicos como técnicos”. Diarios, revistas, publicidades, todo lleva la imagen de Alexis Sánchez, el delantero surgido de Cobreloa.

Santiago se ha convertido en una urbe impresionante, poderosa, como un músculo gigantesco que se contrae y se dilata a instantes. Por sus muchas calles peatonales circulan decenas de miles de personas sin parar, como si acabara de terminar un partido a estadio lleno, abrieran las puertas y la gente se le viviera a uno encima. Los miles y miles de comercios y cafés hablan de un dinamismo y una energía interior que eclipsarían a muchas otras capitales.

Se entregaron 4.000 credenciales de prensa en total, contando periodistas, camarógrafos y técnicos. Síntoma de que, pese a todo, la Copa América despierta una atracción fenomenal. El ‘Pibe’ Valderrama, que vino invitado por Adidas, dio una explicación al respecto: “Salvo Luis Suárez por la suspensión, todas las selecciones trajeron lo mejor, Messi, Neymar, Cavani, Vidal, James, Teo. Están todos. Esta puede ser la Copa América más exitosa de la historia”. Luego regaló otros conceptos: “Colombia está bien. Está la base del Mundial, más el refuerzo que es Falcao. Creo que podemos ver un gran espectáculo; hay equipo para ser campeones otra vez. Mis candidatos a ganar el título son Colombia, Chile y Argentina”. Hasta el domingo al mediodía al menos iba bien rumbeado.

Pero ¿se está dando el buen fútbol en la Copa América? Hubo una primera semana excelente, luego decayó un poco. César Luis Menotti, en su habitual columna para la agencia alemana DPA, fue escéptico: “La calidad de los jugadores y de algunos equipos invita a pensar en un gran fútbol, pero la falta de horas de ensayo que tienen los entrenadores no me deja ser muy optimista. Hay jugadores llegados sobre la hora, con poco tiempo para entrenarse, y tendrán que salir a la cancha. Lamentablemente, estas son las reglas del juego. No creo que le hayan preguntado a ningún futbolista cómo se siente si le toca jugar la final de la Champions, tomarse un avión al día siguiente y enseguida tener que jugar”, concluyó.

Para fortuna de los dirigentes (y de la empresa que vende las hamburguesas), el fútbol eclipsó por unas semanas el escándalo de corrupción y tapó la queja de los precios. “Siento ruido de pelota”, decía Diego Lucero, futbolista, periodista, escritor, artista plástico, charlista delicioso, genio. La pelota tiene una fuerza huracanada, atrapa a la gente y desvía la mira telescópica.

Jorge Barraza