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Pronóstico reservado

La crisis griega amenaza de nuevo la recuperación europea y el sistema financiero internacional.

20 de junio 2015 , 08:25 p.m.

Si por acá llueve, en Europa no escampa. La economía colombiana creció apenas al equivalente anual de 2,8 % en el primer trimestre del año. No es un desastre, pero la desaceleración es fuerte (venimos de crecer<QA0>

4,6 % en el 2014) y se siente. Como no se esperaba (el Gobierno pronosticaba 5 % hasta noviembre pasado), ha generado mucha insatisfacción. Minhacienda insiste en que hay otros países a los que les va peor (Venezuela, Argentina, Brasil). Pero mal de muchos, consuelo de tontos. Y, además, hay nuevos nubarrones de crisis en Europa que podrían afectarnos. El Gobierno no se puede volver a dejar coger con los pantalones abajo, como le ocurrió con la caída de los precios del petróleo.

La telenovela europea ya va para largo. Cuando estalló la crisis financiera en los EE. UU. en octubre del 2008, el BCE (Banco Central Europeo) y los gobiernos del área euro aseguraron que no los afectaría. Negaron la realidad hasta que los alcanzó la hoy llamada Gran Recesión, en el 2009. Varios bancos europeos tuvieron que ser rescatados. Y a partir del 2011 se desencadenó una crisis de deuda pública en varios países (Irlanda, Grecia, Portugal). La Comunidad Europea y el BCE solo se pellizcaron cuando España e Italia comenzaron a hacer agua, los mercados señalaron a Francia como la siguiente víctima y hasta se temió el fin del euro. Mientras en EE. UU., que reaccionó más a tiempo, se ha ido consolidando la recuperación, la saga Europea aún continúa. Estaba apenas comenzando a salir de 6 años de recesión cuando la situación de Grecia ha vuelto a ensombrecer el panorama. Esta será la ‘década perdida’ del Viejo Continente.

Grecia necesita con urgencia el último tramo (7,2 billones de euros) del rescate de 130 que le brindó la Troika –el BCE, la Comunidad y el Fondo Monetario Internacional (FMI)–, pues tiene vencimientos importantes de deuda a fines de junio. De no recibirlo, entraría en moratoria o no podría pagar pensiones y salarios públicos. Pero como volvió a incumplir el programa de ajuste convenido, y el nuevo gobierno de izquierda no ofrece una alternativa creíble, el FMI se levantó de la mesa (algo muy poco usual) y Grecia no ha logrado convencer a los otros miembros de la Troika de que le presten más.

No se sabe qué tanto están cañando los griegos, pues su Ministro de Economía es experto en teoría de juegos y apuesta duro, ni si los europeos se ablanden y refinancien otra vez para evitar un mal mayor. Pero no hay duda de que la cosa puede terminar muy mal. Un default griego aumentaría las tasas de interés internacionales mucho más de lo que ya han subido en estos días. Y si Grecia acabara saliendo del euro, sufriría una crisis financiera y una nueva contracción económica (el PIB ha caído 25 % desde el comienzo de la crisis) y no se puede descartar que se produjera un remezón en los mercados financieros mundiales como el de octubre del 2008.

Además, Grecia no es el único riesgo que tiene Europa. La izquierda antieuropea viene creciendo en varios países. Y David Cameron se precipitó a ofrecer un referendo sobre si el Reino Unido sigue o no en la Unión Europea. Ahora no puede mantener el orden en su propio gabinete. Aunque hoy parece poco probable que pierda el referendo, la opinión podría cambiar inesperadamente. Una votación apretada generaría una gran incertidumbre sobre el futuro de la Comunidad.

Estos y otros riesgos (e. g., una mayor desaceleración china) sugieren cuidar al máximo nuestra débil situación fiscal y nuestro abultado déficit externo, sin ponernos a gastar tanto en Pipes y carreteras secundarias.

P. S.: esta columna no aparecerá la próxima semana por vacaciones de su autor.

Guillermo Perry