Archivo

La Bogotá 'inhumana' de la administración Petro

Al densificar en altura nuestros antiguos barrios residenciales eliminaría la luz solar

20 de junio 2015 , 06:46 p.m.

Llevamos algunos meses escuchando sobre los desconcertantes pupitrazos del señor Petro, alrededor del POT de nuestra sufrida capital.

Tengo algunas reflexiones que me gustaría expresar:

Bogotá empezó a desarrollarse como ciudad importante hacia los años 1930 a 1960, siguiendo patrones urbanísticos tomados de ciudades europeas cuyas implantaciones habían sido exitosas por mucho tiempo. Sus modelos de calles y avenidas como avenida Caracas, Carrera 7.ª, la avenida Jiménez, así como sus calles arborizadas, sus casas y edificios que no sobrepasaban los cinco y seis pisos, y sus parques de barrio fueron recuerdos gratos y memorables de esa ciudad construida pensando en el bienestar del ciudadano dentro de su casa pero fundamentalmente fuera de ella. ¿Y por qué cinco o seis pisos de altura?

Porque esa altura en distancia es igual al ancho de la mayoría de nuestras calles, aproximadamente 15 metros. Esa altura permite que entre las 8 de la mañana y las 4 de la tarde, los andenes peatonales, las calles, los parques y las fachadas de las casas y apartamentos reciban LUZ SOLAR.

LUZ SOLAR indispensable para la vida, para calentar la vivienda, para que crezca el árbol, para que el niño juegue, en fin para que el ciudadano viva dentro de un entorno saludable y sostenible.

Vivimos en una ciudad con un clima envidiable. No necesitamos de aires acondicionados ni de calefactores en nuestras viviendas y oficinas. Y ese modelo urbanístico que adoptó Bogotá a comienzos de los años veinte y treinta, le permitió crecer y acoger a enormes grupos de población de otras regiones de nuestro país hasta convertirse en esa inmensa, pero mal administrada ciudad que tenemos hoy.

Si permitimos densificar en altura nuestros antiguos barrios residenciales, la luz solar simplemente no existiría, pues edificios de 15, 20 o más pisos obstruirían por completo la entrada de la luz solar durante todo el día, convirtiendo la ciudad gris y lúgubre, en penumbra permanente, los árboles se apagarían, se volvería una ciudad triste. Y nosotros, los que nacimos en esta bella ciudad de los años 50 veríamos su ocaso.

Ciudades como Nueva York o Chicago, por mencionar sólo algunos ejemplos, construidas con altas edificaciones, están sometidas a unos cambios bruscos estacionarios y por lo tanto han desarrollado tecnologías, para hacerle frente a estas fuertes condiciones climáticas y así volverlas habitables.

Durante casi seis meses en el invierno, la luz solar disminuye notablemente y hay que ‘calentar’ la ciudad artificialmente, a unos costos energéticos descomunales, y de la misma manera sucede con los intensos calores durante la otra parte del año, donde los aires acondicionados son imprescindibles.

En esas ciudades la soleación natural es reemplazada por condiciones artificiales y eso precisamente es lo que hace de Bogotá, una ciudad envidiable con una excelente soleación natural durante todo el año, acompañada de una agradable temperatura media permanente.

Se pueden densificar determinados sitios de la ciudad, si así se requiere: la calle 26, el Centro Internacional, la calle 72, la calle 100 y otros puntos que cuentan con amplias avenidas y con condiciones urbanas para que edificaciones en altura no tengan impactos negativos, o construir conjuntos habitacionales en altura generando condiciones adecuadas de luz, de soleación, de movilidad, etc.

Definitivamente no podemos aceptar que el alcalde Petro y sus asesores que con su arrogancia, excesos y delirios de poder quieran imponernos un modelo arbitrario de ciudad, con consecuencias que lamentaríamos, desconociendo los principios urbanísticos que dieron origen y desarrollo a nuestra ciudad y que son parte integral de nuestra historia.

Mauricio Luque Luque 
Arquitecto
Universidad de Los Andes