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Acoso sexual y espacio público

Nuestras instituciones de derecho demuestran ser más sensibles a la TV que al acoso vaginal.

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19 de junio 2015 , 07:06 p.m.

¿Pueden las mujeres exhibir libremente sus cuerpos en los espacios públicos? Existen infinidad de galanterías, ofensas y provocaciones que soportan las mujeres por la ciudad. Desde los viejos piropos, “si cocinas como caminas, me como hasta el pegado”, o bien palabras lanzadas al viento, “mamacita” o silbatinas a su paso, hasta llegar a las nuevas formas físicas vinculadas a los transportes públicos masivos, en los que los apretones y el caos permiten que acosadores se pongan detrás de la víctima y le refrieguen sus genitales.

Si bien el acoso se presenta como un contradictor del uso democrático y libre del espacio público, donde todos tenemos el derecho de mostrarnos como somos o queremos ser vistos, no quita aceptar que los gobiernos de las ciudades no implementan medidas para encauzar esas energías libidinosas hacia un mundo más privado. Bogotá es un buen ejemplo de cómo la falta de autoridad hace que un sistema como TM sea el lugar donde más se acosa y donde no solo se asalta y roba, sino donde suceden masturbaciones públicas o exhibiciones del miembro. “"El 64 por ciento de usuarias dicen haber sido víctimas de alguna agresión sexual en el transporte público” (Secretaria Distrital).

En Colombia se acaba de legislar contra el feminicidio como delito penal, y el mismo día la Fiscalía, oronda, dejó salir a un matón con delito de violación. Solo el hecho de tratarse de una periodista ilustre y de que los medios retomaron el asunto hizo que se revocara la medida de libertad. Querría decir que, ante instituciones machistas que se ocupan de legislar, los medios pueden ser una respuesta estratégica; nuestras instituciones de derecho demuestran ser más sensibles a la TV que al acoso vaginal.

Por las redes corre un video viral en el que algunas mujeres (en Santiago) deciden ser ellas quienes tocan el trasero de los hombres, pero las respuestas sorprendieron: buena parte de ellos las tomó como piropo y varios terminaron pidiéndole cita a la acosadora: el machismo persistía al ser ellos las víctimas. Solo un profundo cambio de mentalidad puede transformar el panorama. En la escuela de medicina, un profesor nos enseñaba que pipí parado no piensa; por fortuna, hoy sabemos que esas ‘parolas’ temibles dependen en mucho del cerebro y que es sobre este órgano de pensamiento sobre el que debemos dignificar y respetar a la mujer.

Armando Silva
ciudadesimaginadas@gmail.com