Archivo

Los padrinos que ayudan sin pedir nada a cambio

Además de la ayuda económica, estos estudiantes se sienten respaldados y acompañados.

notitle
19 de junio 2015 , 07:24 a.m.

Además de las becas, algunos estudiantes han recibido ayudas de personas que se conmovieron con sus historias. Dinero, ropa y hasta consejos personales son algunos de los aportes.

Este es el caso de Édison Parra, quien llegó de la vereda Escobal, cerca de Ramiriquí (Boyacá). La vida de este joven de 18 años cambió desde que accedió a una de las 10.000 becas entregadas por el Gobierno Nacional para cursar un pregrado.

Él estudia arquitectura en la Universidad Jorge Tadeo Lozano, en Bogotá. Acaba de culminar su primer semestre y, aunque poco a poco se ha adaptado a la ciudad, se siente agradecido, pues contó con la fortuna no solo de ser becado, sino de recibir el apoyo de ciudadanos que voluntariamente le han ayudado, con dinero o con una guía moral.

Con la ayuda recibida compró materiales de trabajo. Claudia Rubio / EL TIEMPO

Una de esas personas es Tatiana Urrea*, una bogotana pensionada que se enteró de la historia de Édison cuando leyó un artículo publicado por EL TIEMPO el año pasado. Su historia la conmovió por el esfuerzo que el joven tuvo que hacer para estudiar: “El colegio no le quedaba cerca de su casa (él debía caminar una hora), y en su vivienda no tenía luz eléctrica; él estudiaba con la luz del celular”, explicó Tatiana.

Para ayudarlo se consiguió su número celular y se comunicó con él. “Quería comprarle algo de ropa, pero no nos pudimos ver en persona, entonces le consigné una ayuda económica para que pudiera comprar materiales de su carrera”, relató.

Su ayuda no terminó ahí. Ella continuó llamándolo y aconsejándolo. “No solo es una ayuda económica la que uno puede darles a estos muchachos tan inteligentes, sino es una ayuda moral; brindarles una amistad, para que ellos no se sientan solos en la ciudad”.

Tatiana y Édison aún no se conocen, pero esperan verse en diciembre, “pues para esa fecha llegarán mis hijos al país, y también quieren conocerlo”, relató Tatiana, a quien su familia apoyó en esta decisión.

Por otro lado, Édison también ha contado con el apoyo de Diana Vargas, una bogotana pendiente de su estudio. “Su historia me hizo ponerme en el lugar de su mamá, de pensar que él es un niño que viene del campo a enfrentarse a esta ciudad y que debe ser muy difícil”, explicó.

Édison recibió la llamada de Diana a principios de este año, cuando se instaló en un barrio de Suba, junto con una de sus 9 hermanas, que viven en Bogotá. “Yo contesté algo prevenido, porque es muy extraño que alguien se contacte con uno para ofrecerle ayuda. Ellas dos fueron muy amables, me comentaron que su intención era apoyarme”, contó el joven.

Diana lo invitó a almorzar en un centro comercial. “Llevé a mi hijo, que también es joven, para intentar generar más confianza con Édison. Conversamos y le dije que me dejara ayudarlo comprándole algo de ropa y una maleta. Él escogió lo que quería y desde ahí comencé a llamarlo para saber cómo iba la universidad”, relató.

Desde entonces se formó una amistad que Édison ha sabido agradecer. En retribución a la ayuda de Diana, él le regaló uno de sus dibujos, dado que tiene facultades para las artes. Ella lo lleva en su billetera como si fuera el más preciado de sus objetos personales.

Por su timidez, Édison no las llama con frecuencia; sin embargo, asegura que siempre las tiene presentes.

“Yo siento que cada una de las ayudas que he recibido me motivan a seguir adelante para superar los obstáculos y los momentos difíciles, porque uno piensa en todo lo que me dan personas que no tienen ninguna relación conmigo y por eso no puedo defraudarlas”, señala, con una sonrisa, mientras muestra los dibujos que pintó durante el semestre.

De la ciudad lo ha espantado el sistema TransMilenio, pues varias veces llegó tarde a sus clases. “En una me bajaron dos puntos por impuntualidad”, contó entre risas. Ya culminó su semestre y, según sus cuentas, tuvo un buen promedio. Y su problema con las llegadas tarde lo resolvió aceptando la ayuda de una familia bogotana que conoció su caso y le ofreció un cuarto a bajo costo, en un barrio más cercano a su universidad.

“Una señora me llamó y me dijo que, con su hija querían colaborarme, conversamos y me dijeron que me podrían arrendar una pieza muy económica; me fui a vivir allí y además me ayudan con la alimentación. No volví a llegar tarde a las clases”, explicó.

Tanto Diana como Tatiana tienen la intención de seguir apoyando a los más ‘pilos’ del país, con lo que puedan. Esto, según Édison, es una gran decisión, pues, para aquellos becados que vienen de otras partes del país, sentir que no están solos en la ciudad les motiva a seguir con sus estudios.

Otras iniciativas

En Bogotá, Cali, Barranquilla y Medellín, la empresa XM, filial de ISA, que articula el sector eléctrico colombiano, organizará, a partir de julio, unas charlas motivacionales para los jóvenes del programa ‘Ser pilo paga’ que eligieron ingeniería eléctrica.

Según la compañía, son cerca de 187 los jóvenes que escogieron este programa, en todo el país, por lo que planean “no solo hablar con los estudiantes, sino conocer en qué parte del proceso académico van y darles a conocer todo lo que el sector eléctrico puede ofrecerles. La idea es disminuir la deserción de los estudiantes y que conozcan todos los campos de acción de la carrera”, explicó Luis Alejandro Camargo, gerente general de XM.

Además, promoverán entre las empresas del sector eléctrico la vinculación laboral de los estudiantes para sus prácticas profesionales, como parte de su proyecto de responsabilidad social empresarial.

MICHAEL CRUZ ROA
Redacción EL TIEMPO ZONA
En Twitter: @Michael_CruzRoa
Nombre cambiado a petición de la entrevistada