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Sacralización del color

'Una América llamada De Szyszlo' en la Galería Duque Arango de Medellín.

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18 de junio 2015 , 09:03 a.m.

Para Fernando de Szyszlo, la vida ha sido llevar el amor y la pintura a las secretas moradas donde los ríos se juntan; atisbar en la lejanía las diáfanas mañanas inquietas por constelaciones iridiscentes; mirar la luz, el color y el no-color, que nutren la posible sequedad de los ardores creativos, conversar con el interior de un Ser que sabe que el arte es pasión y conocimiento. El artista ha archivado en su memoria un pasado que concreta en símbolos de su presente. Desde el inicio de su vida de pintor, en los cuarenta, le atrae una formulación simbólica (‘Naturaleza muerta’, 1945) para expresarse en varios niveles del discurso visual y conceptual a partir de ciertas cosmogonías, y recurre al subconsciente con el fin de resolver simbólicamente una forma de pensamiento. Se apropia de referentes concretos y de una iconografía que supera los límites de la práctica no condescendiente con lo académico y convencional. El lenguaje pictórico de carácter intemporal del peruano, muy peruano y muy universal, es significativo en cuanto a los términos conceptuales que trabaja para construir su repertorio formal. Estamos ante un pintor abstracto complejo: geométrico, orgánico y lírico, que se sitúa en el ámbito de lo poético con un alto nivel de exigencia técnica.


En Szyszlo la presencia del color es insoslayable. Seduce visual y espiritualmente, recoge una historia, antigua y contemporánea, desde el rojo de los frescos de Pompeya hasta el azul cobalto del francés Yves Klein, pasando por el intenso cromatismo renacentista. Con una paleta cargada de altas temperaturas de saturación y luminosidad, crea energías que privilegian acercamientos emocionales. Ojo y cerebro, comportan una ecuación de alta intensidad perceptiva. Es precisamente sobre el modelo tricromático planteado por Thomas Young y el rechazo inconsciente a los fenómenos aditivo y sustractivo donde se centra este aspecto ‘oscuro’ de su pintura, a lo que podría añadirse el concepto de la relatividad del color de un Joseph Albers.


A partir de mediados del siglo XX, el interés por el monocromatismo y por inesperadas combinaciones de matices y formas, como por las libres asociaciones que desafían las reglas académicas universales, se instaura una nueva manera de tratar el color como importante elemento formal. Allí está Szyszlo, quien le reserva lugar preponderante y lo convierte en vibración absoluta, casi al modo del op art o de un Yves Klein. Llama la atención que hable del claroscuro como definición de su pintura cuando encontramos el rojo heráldico en obras tempranas como ‘Ejecución de Tupac Amaru’ (1965), ‘Puka Wamani (Halcón rojo’, 1966), ‘Camino a Mendieta’ (1977), ‘Natura Defecit (La naturaleza nos traiciona’, 1972), ‘Anabase’ (1982), ‘Sol negro’ (1992) o ‘Camino a la Mendieta y Paisaje’ (2014), dos pinturas en esta exposición y otras de fondo azul con el mismo título: ‘Sol negro’ (1992) y otra de 2015, como ‘Para casi la noche’ (2014) y ‘Trashumante’ (2015), también en la exposición.


Szyszlo coloca la emoción del espectador en la ‘representación’ del color y sacraliza su significado. Marca los espacios fácilmente identificables sobre la tela y llama a la imaginación para explorar en su interior. Nada queda al azar. El color-forma es aquí tema abstracto de carácter místico inquietante. Aquí se entretejen dos Szyszlos: el racional de ancestro polaco y el latinoamericano ‘fantástico’ impregnado de las culturas antiguas del país donde nació. La técnica pictórica de De Szyszlo es única en América Latina. Armonías casi inéditas en sorprendentes contrates y composiciones lo hacen virtuoso del color y el claroscuro. Así, sus pinturas son expresivas formulaciones visuales, cromáticas y luminosas, organizadas en diferentes planos. Sus invenciones elaboradas a partir de realidades forman parte indefectible del sustrato de un carácter enigmático y misterioso en el que se mezcla lo racional con lo emocional, y esto lo coloca en la más absoluta contemporaneidad: se trata de la pintura-pintura.

 

BÉLGICA RODRÍGUEZ