Archivo

Dialogar en medio del escepticismo

La parsimonia de las Farc en Cuba contrasta con el vértigo de sus numerosos actos ajenos a la guerra

notitle
16 de junio 2015 , 07:48 p.m.

Dada la forma como las mismas Farc han saboteado anteriores negociaciones, no resultaba fácil defender el proceso de La Habana, anunciado por el Presidente de la República en septiembre del 2012. Han sido tantos los intentos fallidos, y tan grandes las desilusiones tras el fracaso de esos otros procesos, que el escepticismo resultaba inevitable.

Sin embargo, como muchos otros colombianos, decidí controlar ese primer impulso para darle paso a la esperanza.
Eran otros tiempos, se trataba de una negociación muy bien estructurada, con una agenda definida y unos puntos muy claros. Era además un proceso liderado por Juan Manuel Santos, quien, como ministro, había demostrado eficacia en varias carteras; particularmente en la de Defensa, desde donde les asestó severos golpes a las Farc. No se trataba de un tipo blandengue, ni de un simpatizante de la izquierda que podría ser manipulado para entregarles el país a los tentáculos del socialismo del siglo 21, que tantos estragos ha causado en el vecindario.

Así empezó todo y así me subí a esta ilusión, me sumé a la ola de quienes creemos que si a punta de bala no se pudo detener este baño de sangre, tenemos que buscar otras salidas. Pese a los vaivenes y altibajos propios de una negociación tan trascendental, he tratado de mantener la serenidad y de conservar el optimismo, pero en las últimas semanas me ha invadido un agobio que raya en la decepción.

Mi escepticismo no tiene que ver con el ritmo de las conversaciones; a mí no me preocupa que vayan tan despacio, es complejo resolver un conflicto de medio siglo. El problema es que la parsimonia exhibida allá en Cuba contrasta aquí con el vértigo de numerosos actos ajenos a la guerra.

Más allá de los ataques y asesinatos a sangre fría de miembros de la Fuerza Pública, hechos como la destrucción de la infraestructura eléctrica o el derrame deliberado de combustible son inaceptables. Con el descaro que caracteriza a las Farc, ‘Timochenko’ justifica tales ataques aduciendo que “el sabotaje económico es una medida militar”.

El problema, señor cínico, es que esas “medidas militares” no afectan a los combatientes, sino a los civiles de extracción más humilde, a esos pobres que ustedes dicen defender. Con las torres de energía que han derribado recientemente han dejado pueblos enteros en la oscuridad y han perjudicado a la población civil, en su mayoría indígenas o comunidades afrodescendientes. ¿Es eso lo que ustedes llaman combatir la injusticia social?

Al regar en el Putumayo el petróleo de 23 carrotanques, ustedes no solo perjudicaron a otros miles de colombianos marginados, sino que ocasionaron un daño ambiental irreparable. ¿No son acaso ustedes los mismos que protestan contra el uso de glifosato, porque ese pesticida atenta contra el medioambiente y contra las personas que viven en las zonas fumigadas...? ¿Dónde quedó su conciencia ecológica?

Señor ‘Timochenko’, si se trata de conversar en medio del conflicto, enfrenten a las Fuerzas Armadas, combatan cara a cara, pero no cometan más actos de cobardía. ¿Les cuesta mucho trabajo entender que los colombianos que vamos a ratificar con nuestro voto los acuerdos firmados en La Habana necesitamos muestras de paz? ¿No se dan cuenta de que gracias a su estolidez los enemigos de los diálogos se sienten envalentonados y se llenan de argumentos contra cualquier negociación?

¿No comprenden que gracias a su sevicia y sus ‘tiros de gracia’ la ciudadanía confía cada vez menos en ustedes? ¿No creen que su arrogancia siembra el pesimismo entre los que respaldamos los diálogos?

Lo más triste es que, a pesar de todo, muchos seguimos creyendo en el proceso y queremos defender la negociación, pero ustedes no ayudan. ¡Dejen la pendejada!

@Vladdo