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Editorial: ¿Cuestión de fe?

Es importante el respaldo del Papa a la paz. Más allá de la ayuda divina se necesitan voluntad.

15 de junio 2015 , 06:12 p.m.

Luego de las acciones protagonizadas por las Farc en los últimos días, desde el torpe y criminal derrame de crudo en el Putumayo hasta el cobarde asesinato a sangre fría del coronel Alfredo Ruiz, comandante de la Policía de Ipiales, y del patrullero Juan David Marmolejo –además de un civil–, no es exagerado plantear que hace falta ayuda divina para que esta organización entre en razón.

Anhelo que se hace más fuerte al constatar que, contra lo que se esperaría, cuando son confrontados sus voceros en La Habana en relación con estas acciones, la arrogancia –que con frecuencia bordea el cinismo– sigue siendo el sello de sus intervenciones.

Todo esto para decir que muy bien le cae a un proceso que vive días confusos la noticia de que el papa Francisco tiene presente al presidente Juan Manuel Santos en sus oraciones y está de acuerdo en que es necesario perseverar en la búsqueda de la paz por la vía negociada.

Ahora bien: quedarse solo esperando la ayuda de Dios no es lo más apropiado. De ahí que, después del encuentro entre el pontífice y el mandatario, se haya comenzado a especular con la posibilidad de que el primero juegue un papel como mediador, en un momento en el que una nube de pesimismo se posa sobre La Habana debido a la falta de acuerdos en los puntos pendientes de la agenda y, principalmente, a las serias dudas respecto a que la posibilidad de ingresar a la política y a la vida civil esté realmente en los planes de la insurgencia luego de tan demenciales actos, cuyo principal blanco –y afectados– es la población civil.

Es una decisión que, como lo aclaró el presidente Santos, depende de un acuerdo entre las partes; pero, de concretarse, sería una excelente noticia. Se trata no solo de un personaje cuyo liderazgo abarca todo el planeta, sino de alguien cuyo ejemplo y enseñanzas son tenidos muy en cuenta por millones de colombianos que pertenecen a la Iglesia católica y, con ellos, muchos otros que, sin ser seguidores de Jesucristo, profesan especial respeto por la figura del Papa argentino, quien además ya ha demostrado su habilidad cuando le ha correspondido desempeñar este rol.

Ejemplos claros son el descongelamiento de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba, así como el papel del Papa en las determinaciones que el país del norte y sus aliados han tomado con respecto a la situación en Siria.

Ahora bien, el campo de acción de Francisco, o de cualquiera que sea el que intervenga para intentar dar un impulso a los diálogos, está delimitado por el sentimiento que en la opinión pública genere la estrategia de las Farc. No se pueden esperar milagros mientras los hombres de ‘Timochenko’ sigan creyendo que el proceso es viable sin apoyo del pueblo colombiano. Estrategia que no parece congruente con la posibilidad de tener que conquistar respaldos en las urnas a mediano plazo.

Así las cosas, las oraciones hay que acompañarlas con esfuerzos y una advertencia a las Farc de que están perdiendo lo ganado en términos de capital político en estos dos años. Y tampoco se puede ignorar, como se vio en esta gira, que la comunidad internacional, que tiene la mirada sobre Colombia, está mandando claras señales de impaciencia frente al proceso de paz y espera de las partes que concreten acuerdos. Pero esto exige voluntad de las Farc. E, infortunadamente, esta poco se ve.

EDITORIAL

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