Archivo

Editorial: Medicamentos, política útil y seria

La medida de control de precios de las medicinas ha dado resultados positivos.

14 de junio 2015 , 09:02 p.m.

Hace tres años, contra viento y marea, el Gobierno se embarcó en una tarea que parecía imposible: controlar el desbordado precio de los medicamentos. Los pronósticos, en ese entonces, fueron tan reservados que muchos expertos no dudaron en vaticinar un fracaso en el intento y hasta la caída de los responsables de llevarlo a la práctica.

Sin embargo, hoy es posible considerarla una de las medidas con más beneficios para la institucionalidad y las frágiles finanzas del sistema de salud. Gracias a ella se habla de ahorros cercanos al billón y medio de pesos anuales y de una rebaja, en los precios de los fármacos, de un 40 por ciento en promedio.

La iniciativa ha tenido un camino empinado. Valga decir que antes del Conpes 115 del 2012, que le dio vida a la Política Farmacéutica Nacional, que respalda las decisiones del Ministerio de Salud, el mercado de los medicamentos se encontraba desregulado y sujeto a las distorsiones y asimetrías de información, en medio de una libertad de precios que literalmente amenazaba con quebrar el sistema.

El desborde era tal que entre el 2003 y el 2009 los recobros por medicamentos que no estaban cubiertos por plan de beneficios (los no POS) crecieron cerca del 70 por ciento anual; de hecho, para el 2010 alcanzaron la insostenible cifra de 2,5 billones de pesos. A eso se llegó por culpa del uso irracional, la descarada inducción de demanda y los abusos de diverso tipo.

Por ello pocos apostaban por el éxito de medidas audaces, que empezaron por el control directo de precios de 900 medicamentos y el reconocimiento de valores máximos de recobro para otros 8.000, y que continuaron con la reducción de barreras para el ingreso al mercado de competidores de los llamados biológicos (los más caros de todos) y la regulación de precios de los dispositivos médicos (catéteres, válvulas).

Cabe destacar que toda esta estrategia –que encontró una aliada en la industria farmacéutica– ha permitido que, progresivamente, el mercado comience a transitar por una senda de orden y reglas claras.

La experiencia ha aportado el marco necesario para que el país debata con altura temas que hasta hoy son vedados, como las patentes y las licencias obligatorias, en especial de aquellos productos que ponen a tambalear las finanzas sectoriales.

Hay que perderle el miedo a plantear compras y negociaciones centralizadas, con el objeto de poner los márgenes favorables al servicio de la salud de todos, y la posibilidad, incluso, de regular el mercado de los llamados OTC, es decir, de los medicamentos que se expenden al público en farmacias.

En ese orden de ideas, el énfasis en la garantía de la calidad de los medicamentos debe ser una prioridad en las agendas de Gobierno y fabricantes. El Invima debe tapar las grietas que impiden ver un registro sanitario como un sello inequívoco de seguridad, y los médicos tienen que entender que la costo-efectividad de sus recetas es un asunto ético, razón por la cual no pueden seguir formulando cosas que realmente no les sirven a sus pacientes.

En síntesis, la Política Farmacéutica Nacional va por buen camino, pero el balance definitivo se hará cuando los logros que hoy muestra se traduzcan de verdad en indicadores de bienestar y en la consolidación de una cultura de uso racional de los medicamentos. Lo alcanzado demuestra que sí es posible.

 EDITORIAL

editorial@eltiempo.com.co