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Los fieles seguidores de la Selección

La historia de unos amigos de infancia que cumplen su sueño de acompañar a Colombia en Chile.

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12 de junio 2015 , 08:08 p.m.

El estadio Nacional de Santiago de Chile comienza a latir. La afición chilena y la ecuatoriana copan sus alrededores, eufóricos. Suenan las trompetas. Se agitan las banderas. Por fin el ambiente de Copa América se hace visible. Fue la antesala del juego inaugural, el pasado jueves, pero aunque Colombia no jugaba y ni siquiera había llegado a Santiago, un grupo de colombianos ya estaba allí. Hicieron presencia y llegaron con su alegría, se hicieron notar de inmediato, en medio de la marea de hinchas rojos, chilenos.

Son pocos, pero son bulliciosos. Son cinco amigos: Libardo, Fáber, Dumar, Rocío, y otro más que no revela su nombre. Llegaron a Chile provenientes de los

Llanos Orientales. Lucen sus camisetas amarillas. De lejos parecen camisetas de Ecuador, se confunden, pero gritan “Colombia, Colombia” y se delatan. Tienen una banderita colombiana que los cubre, que los arropa, y con ella extendida se toman decenas de fotos. Nadie los insulta, nadie los agrede. Es ambiente de Copa América.

“Somos compañeros desde el colegio, y en la universidad también. Decidimos venir en grupo a Chile. Es una bonita experiencia llegar acá y acompañar a la Selección Colombia. Vamos a estar hasta el segundo partido, con Brasil, creemos que nos va a ir muy bien, estamos muy confiados de eso”, cuenta uno de ellos, que lleva puesto en la cabeza un gorrito de bufón con el amarillo, azul y rojo. Gafas negras. Morral. Se ve cansado, pero lo disimula con su alegría.

El año pasado, después del gran mundial de Colombia en Brasil, decidieron reunir el dinero, juntar ahorros. Estaban decididos a llegar a la Copa América a seguir a la Selección. Era un plan que no se querían perder. En noviembre, los fraternales amigos compraron los pasajes a Santiago. Ya era una realidad. En enero de este año hicieron el segundo esfuerzo y compraron las boletas. Solo era esperar el ansiado día para empacar maletas y partir hacia Santiago.

“Se nos dio la oportunidad y acá estamos, compartiendo entre amigos, que es lo más importante, y todo por la Selección”, dice uno de los colombianos.

Llevan poco en la ciudad, pero les encanta. Dicen que es muy organizada, aunque por supuesto no cambian a Colombia. “Chile es muy lindo, pero Colombia es excelente”, grita uno de ellos, el más alegre. Le pasa el micrófono de la entrevista a un compañero: “El estadio Nacional es excelente aunque no se ve mucho la pasión del fútbol, como se vive en Colombia”, asegura, quizá porque aún es temprano, y evidentemente hay poco ruido en los alrededores del escenario. Se escuchan algunas trompetas. Uno que otro chileno grita. Más tarde serán ensordecedores sus cantos.

Son solo cinco amigos, pero están dispuestos a convocar más hinchas. Es jueves, aún son escasos sus compatriotas. Sin embargo, mientras se toman sus fotos comienzan a pasar algunos. Van en grupos pequeños. De un lado a otro. Se encuentran, se miran, se sonríen. Un chileno se acerca y saca una provisión de manillitas. Negocia, las vende. Presume que el mercado colombiano va a ser fuerte. Hace su negocio. Está preparado para abordar a cuanto colombiano se acerca. El grupo de amigos ya le compró. Pero siguen juntos, como si esperarán que nuevos hinchas llegaran a comprar a ese punto.

Mientras tanto, los cinco amigos se ríen, se toman más fotos, molestan con la entrevista, y claro, se frotan las manos. “Hace mucho frío”, comenta uno de ellos.

–Y para calentarse, qué mejor que una tonada colombiana. ¿Se animan?, les preguntamos. “Claro, vamos”, responden. Se juntan, se abrazan, extienden su banderita. No les da pena. No les da miedo. “Sí, sí, Colombia…”, comienzan a gritar unos, mientras otros gritan al tiempo: “Se vive, se siente, Colombia está presente”. Los dos cánticos se mezclan y se hacen ininteligibles, todos ríen. Les falta coordinación. No les importa, están felices de estar allí, tan cerca de la Selección y cumpliendo el sueño de un alegre grupo de amigos.

“Estamos felices de acompañar a la Selección Colombia, porque si Dios quiere quedamos campeones otra vez. Viva, Colombia”, dice uno de los eufóricos. Otro se acerca, le quita el micrófono y vocifera: “Llegamos a Chile con los corazones colombianos, colombianos como EL TIEMPO”, grita, y todos sueltan carcajadas.

Luego se marchan, se alejan del estadio Nacional al que regresarán el próximo miércoles cuando seguramente no serán una minoría, sino todo un mar amarillo azul y rojo. Un enorme grupo de compatriotas y de amigos, unidos por el amor a la Selección Colombia.

PABLO ROMERO
Enviado especial de EL TIEMPO
Santiago
@PabloRomeroET