Archivo

Buscan que los reclusos dejen las armas por el arte y la música

Con programas artísticos y culturales se incentiva una mejor vida y la reintegración a la sociedad.

notitle
10 de junio 2015 , 07:29 p.m.

“La música es ahora mi arma para enfrentar la cárcel, con ella cambio el mundo, la gente y me hace sentir bien. Con la música no daño, más bien la comparto con otros, les entrego mis conocimientos”, dijo Luis Eduardo Ramírez, que lleva 15 meses en la cárcel de Bellavista y le faltan 10 meses para salir en libertad.

Ramírez, junto a otros 600 reclusos, asistió ayer a un conversatorio organizado en la Semana por el Desarme, donde con la guía de sicólogos, terapeutas y trabajadores sociales, reflexionaron sobre los peligros y las consecuencias sociales que traen las armas.

Este certamen, que es promovido por la Alcaldía de Medellín, busca que personas como Ramírez, que están próximas a pagar su condena, puedan incorporarse a la sociedad de forma pacífica y no volver a delinquir.

Para esto, aseguró este joven guitarristas de 24 años de edad, no hay que volver a aquellos espacios, lugares y personas que lo llevaron a cometer errores.

“La experiencia que me ha dado la cárcel me ha enseñado que hay que prescindir de los vicios y de las armas, porque estas son un invento del hombre para conseguir poder, pero un poder momentáneo”, contó el joven.

Además de ese dominio y autoridad, para Francisco Flores, que lleva cinco años y cuatro meses en Bellavista, las armas también producen adrenalina, lo que vicia y enceguece a las personas, pues se evidencia en una alteración del ánimo intensa, pero pasajera.

Para él, el escape a esos sentimientos contrariados que le dejaron las armas y la droga fue el arte. En la cárcel aprendió de forma empírica a dar vida a animales, objetos e historias de madera que ha ido construyendo de a poco, como quien esculpe una efigie.

Esos mismos conflictos sociales, culturales e historias de vida se ven reflejadas en las letras de las canciones de La Toma, el grupo de rock latino que fue invitado al certamen.

“Me siento orgulloso de estar acá, la violencia nos ha tocados y todos nosotros ahora hacemos música para llegarle a este público, porque es en ellos en quienes hay que sembrar la semillas de la paz”, dijo Camilo Patiño, compositor y productor del grupo musical que nació en Medellín.

Tanto para él, como para Ramírez y Florez, la música, como el arte en general, son instrumentos de cambio y desarrollo, que posibilitan la creación y la generación de ideas y pensamientos.

“Hay salvavidas y la música es uno de ellos. Los reclusos que participaron en el conversatorio tienen sueños y esperanzas en que algo bueno les sucederá, por eso muchos han ido tomando una actitud distinta en la vida”, dijo Henry Olguín Osorio, asesor para la Secretaría de Gobierno.

Para él, el gran aliciente que tienen estas personas es la familia: “el abrazo y regocijo de los hijos, la comida de su mamá, la vida al lado de una esposa, eso es de lo que ellos se apegan para el cambio”.

Precisamente, agregó Flores, son los sueños de volver a su hogar, de recuperar el tiempo perdido junto a su hijo lo que le incita a ser mejor persona. Por eso le dice no a las armas, porque ellas lo condujeron a ese lugar.

“No volvería a coger un arma, ni por dinero, ni por poder, ni por adrenalina, porque esto ha sido muy doloroso y lo único que me ha traído es desgracias”, agrego Flores.

PAOLA MORALES ESCOBAR

Redactora de EL TIEMPO
Medellín