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La tusa 'hípster' / El otro lado

'Los hombres también lloran' es una serie que tiene mucho de gomelería y poco de calle.

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07 de junio 2015 , 05:31 p.m.

La tusa es el desamor a la colombiana (y un mal endémico de época). El jugueteo histérico del amor a la argentina es “no sos vos, soy yo” (y fue una película y en ella se inspiraron los libretistas), y estas dos situaciones da la comedia de Caracol 'Los hombres también lloran'.

Es una comedia bien dirigida en lo visual, ya que narra con cariño. Carolina Gómez es impactante, como siempre, y Mónica Lopera es la dulce maravilla para salvar al amor.

El protagonista, Guillermo García, aunque es venezolano, está en el 'casting' colombiano: chistosito y simpático.

Las situaciones son divertidas. Los diálogos tienen emoción y juego de sentidos. La historia es amable porque es la versión masculina del desamor: simplista, obvia y patética, y eso la hace divertida.

Las locaciones son frescas y abandonan la neutralidad del estudio. Se deja ver bien, se goza fácil, se pasa un buen rato.

Pero algo falló: el punto de vista de la historia y el televidente para el que se dirige. Se optó por el existencialismo hípster y se perdió el despecho popular.

Lo hípster es el existencialismo producido en el consumo. Esta mirada fue la moda en los años 50 gringos y volvió en el siglo XXI.

Los hípsters creen que el mundo son ellos: sus luchas existenciales, sus desvaríos amorosos, sus filosofías pop, sus modos irónicos de intentar la inteligencia, sus tristezas de redes… y todo lo solucionan en el consumo.

Los hípsters consumen cultura pop, tecnologías, amores, conciertos, turismos, comidas experienciales, exploraciones amatorias y usan un lenguaje 'light', pero oscuro.

Lo hípster domina la publicidad, el mercadeo, los medios de comunicación. Pues qué bueno, entonces, hacer una comedia (a los hípsters les gusta mucho reír con frases con dejo de profundidad) sobre el desamor (los hípsters son incompetentes para producir sentimientos profundos) y para una sociedad hípster (cultura de series y sentidos pop).

Pero los que ven televisión son otros, unos que se toman muy en serio el amor, ya que es el lugar del éxito, que lo luchan y cuando lo pierden hacen una oda al sentimentalismo, la lágrima y el exceso de dolor, y se le llama despecho. Un asunto de orgullos y venganzas, más de dolores que de risas. Un tema serio del cual es imposible reírse.

Luego, 'Los hombres también lloran' puede ser una buena comedia para Sony o Warner o Fox, donde los que quieren ser hípsters habitan; pero es una serie que no conecta ni en tono ni estilo ni lenguaje ni drama con los modos del televidente popular. Tiene mucho de gomelería y poco de calle. Luego, el resultado es un desencuentro de miradas, tonos y desamores.

Noticia en desarrollo: los hípsters y el público entre los 20 y 45 años no ven televisión colombiana. Menos Caracol. Ser hípster es ver HBO y Netflix.

En vivo: “'Los hombres también lloran' es una serie llena de risas, romance y personajes que harán que toda la familia se enamore y divierta con ellos”, se anuncia. No es cierto: no es para la familia y no da para risas en los televidentes.

ÓMAR RINCÓN
Crítico de televisión