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Nuevas locuras del vino chileno / Hablemos de vinos

La nueva propuesta del enólogo Sebastián Labbé muestra los vinos que rompen esquemas.

06 de junio 2015 , 11:16 p.m.

Ya es toda una tendencia en el vino chileno. De pronto, tradicionales bodegas chilenas se despeinan, entregando vinos completamente distintos a todo lo que antes habían producido. Vinos raros, no solo para los estándares de sus propios catálogos, sino especialmente para toda la escena enológica. Blancos y tintos que sorprenden.

Eso me queda dando vueltas después de una degustación de nuevos proyectos de Viña Carmen, parte del grupo Santa Rita, un conglomerado que hace muy buenos vinos (sus cabernet están entre los mejores de Chile), pero que no necesariamente se ha caracterizado por entregar novedades. Digamos que, en términos simples, se trata de una bodega conservadora.

Sin embargo, la nueva propuesta del enólogo Sebastián Labbé se aleja radicalmente de ese lado conservador, mostrando vinos (disponibles en el mercado internacional a partir de noviembre) que rompen esquemas. Un tannat fermentado en ánforas de greda, un carignan que parece un jugo de frutillas, un semillón mezclado con sauvignon blanc que, más que blanco, parece tinto.

Pero Carmen no está sola en esta cruzada. Pioneros fueron Ventisquero con su línea Tara, tres vinos completamente alocados del norte de Chile. J. Bouchon, por ejemplo, está por lanzar al mercado un vino hecho de cepa país que nace literalmente de arbustos. Nada de parras perfectamente alineadas. El ‘viñedo’ (si se le puede llamar así) se compone de plantas que han trepado entre los árboles, en un estado completamente salvaje. El vino es una delicia.

Y puedo seguir dando ejemplos. Incluso Concha y Toro propone una mezcla de país y cinsault nada menos que en Marqués de Casa Concha, una de sus líneas más conservadoras. Y ese tinto no tiene nada que ver con los demás Marqués. Es fresco, ligero, con poco color, pero con mucho sabor. Ha sido un riesgo, y ese riesgo habla de lo que sucede actualmente en la industria chilena.

Lo que sucede es bien simple. Por fin, muchos productores chilenos han salido de la zona cómoda en la que se encontraban. Más que hacer vinos orientados para el agrado del público masivo, lo que pretenden ahora es obtener un espacio de libertad. Puede, claro, que también se trate de un asunto de marketing. La idea de hacer vinos locos es algo que está de moda. Pero aun así, que ya se atrevan es algo que yo al menos aplaudo.

PATRICIO TAPIA
Para EL TIEMPO