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Editorial: Lo que dejan los Objetivos del Milenio

Colombia debe esforzarse por impulsar el desarrollo de regiones con precariedades en salud pública.

05 de junio 2015 , 09:09 p.m.

Hace 15 años los 189 Estados miembros de las Naciones Unidas suscribieron ocho metas cuyo propósito era lograr, en el 2015, un mundo con menos hambre y pobreza, y más incluyente, justo y sostenible.

A fin de llevar a la práctica los llamados Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) se definieron 18 tareas, adaptadas por cada país a su contexto, que fueron la base para la elaboración de políticas y planes específicos que han venido poniéndose en marcha.

Todos giraron en torno a la erradicación de la pobreza extrema y el hambre, el acceso universal a la educación primaria, la promoción de la igualdad entre los géneros, la reducción de la mortalidad materna e infantil, la lucha contra la malaria, el sida y otros males; la búsqueda de la sostenibilidad ambiental y el fomento de la asociación mundial.

Llegada la hora de establecer si el mundo cumplió o no con los propósitos establecidos en los ODM, es inevitable hacer una lectura de los resultados sin caer en la analogía según la cual hay dos modos de ver un vaso de agua: medio lleno o medio vacío.

Para la muestra está el balance del primero de los ODM: erradicar la pobreza extrema y el hambre. En 1990 casi la mitad de la población del mundo en desarrollo vivía con menos de 1,25 dólares al día (menos de 3.300 pesos). En el 2010 ese porcentaje se redujo a 22 por ciento, lo que quiere decir que la inmensa masa de pobres de la Tierra disminuyó en 700 millones. Los niveles de hambre bajaron también: según la FAO, más de la mitad de las naciones en vías de desarrollo (72 de 129) cumplieron con la meta de reducir en un 50 por ciento el número de personas afectadas.

Volviendo al vaso medio vacío, es inocultable que en el 2015 cientos de millones de seres humanos siguen sumidos en la miseria y aguantando hambre.

Valga decir que el balance nacional se parece al global. Colombia cumplió, anticipadamente, con 15 de los 50 indicadores que propuso para llevar los ODM a la práctica, y se espera que a fines de año alcance otros 14. Los otros 21 aún están en veremos. Así las cosas, nuestra nación arrojaría un cumplimiento global del 57 por ciento.

Pero es claro que el impacto de las acciones emanadas de los compromisos adquiridos al suscribir los ODM no ha sido el mismo en todo el territorio. Siguiendo con el ODM referente a la pobreza, resulta que el país redujo a la mitad la población que vivía en la indigencia.

Hoy, el porcentaje de gente empobrecida está en 8,1 por ciento (12,3 puntos porcentuales menos que en 1990). Pero en ciudades como Quibdó este indicador se dispara al 14,5 por ciento, muy lejos del de Bogotá (1,9 por ciento) o Medellín (2,8 por ciento).

No es el único caso. En términos generales, lo alcanzado en materia de ODM en zonas urbanas dista mucho de lo conseguido en la mayoría de las áreas rurales. Colombia no solo debe poner el foco sobre los indicadores con los que aún está en deuda, también debe esforzarse a conciencia por impulsar el desarrollo de regiones como La Guajira, que exhibe indicadores de salud pública similares a los del África subsahariana.

El peor camino es conformarse con decir que el país cumplió con los ODM, así fuera raspando. Cada porcentaje adverso, por pequeño que sea, es la representación de miles de seres de carne y hueso, que merecen vivir en un mundo menos pobre y más justo.

editorial@eltiempo.com