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Una modelo 'curvy' la descubrió: la bogotana que modela con 108-86-120

Para la periodista Pamela Díaz Peña, "los cuerpos perfectos son los sanos, no los 90 - 60 - 90".

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04 de junio 2015 , 09:00 p.m.

La guerra entre la periodista Pamela Díaz Peña y su enemigo, la ganó ella. Un brasier y un panti fueron su escudo; un labial rojo, su careta; unos flashes, sus balas, y una marca de lencería, su aliado. Era predecible su victoria ese día de agosto del 2014, cuando un fotógrafo capturó sus 108 – 86 – 120.

Nada ha traído tanto ruido a su vida como su peso –Pamela mide 1,68 m y pesa 82 kg-. “En la familia de mi papá todos son delgados, entonces obviamente a mí me ven gigante (…) ‘¡Cómo te has engordado!’, ‘¡Cómo estás de descuidada!’”, recuerda que le decían.

La imagen de su mamá frente a un espejo también despedazaba su tranquilidad. “Ella tiene el estómago vuelto nada de tantas dietas que ha hecho porque nunca se ha aceptado como es. Nunca. Ya bajó como 25 kilos, pero aún se ve gorda. Se operó el busto para reducirlo y aún se ve tetona, entonces ya el tema no es físico, es mental”.

El buen humor de Pamela se desdibuja cuando en un día entero no encuentra la prenda que le gusta en su talla. Tampoco ha tenido suerte en el alquiler de vestidos.

Los comentarios inoportunos, la inseguridad de su mamá, el mercado, su cuerpo… Cuando la redactora se enfrentó a la cúspide de la presión pensó en someterse a varias cirugías estéticas. “Me quería operar el busto, hacerme la lipo, todo, yo me quería hacer de todo. Hasta que me pregunté: ‘Bueno, ¿cómo así?, ¿me voy a volver otra persona?’”.

Comenzaba el 2014 cuando una portada de ‘SoHo’ giró con osadía el camino que recorría la bogotana. Se trataba de un desnudo, claro, pero de una modelo de tallas grandes: Alejandra Orozco. Fue una grata sorpresa encontrar, y en esa publicación, una piel con la que se identificara. Se propuso entrevistar a aquella mujer y escribir una nota. Ese era su propósito, pero el destino tenía otro plan.

Juan Manuel Vargas / EL TIEMPO

Cuando Alejandra conoció a la periodista vio en ella una futura modelo ‘curvy’. La caleña destacó la juventud y la hermosura de aquella reportera –quien se convertiría en su amiga- y la animó a emprender un viaje repentino.

Aunque la incertidumbre tomó partido, la balanza no demoró en inclinarse y Pamela resolvió darse un sí, una razón para brillar, no con una firma… con una foto.

La modelo le aconsejó crear un ‘book’ –el portafolio de fotografías que muestra la trayectoria profesional de un modelo- y enviarlo a agencias de modelos en Estados Unidos. Por un momento, Pamela dejó de teclear para sentirse otra mujer ante el lente de la cámara del fotógrafo y amigo suyo Juan Manuel Vargas.

Las agencias estadounidenses le respondieron con un no. Le sugirieron demostrar su experiencia como modelo en Colombia, lo cual era imposible en ese entonces. A pesar del rechazo, el nuevo proyecto de vida la seducía.

Juan Manuel Vargas / EL TIEMPO

Los desafíos apenas empezaban. Como ella comenta, “no hay diseñadores de alta costura en Colombia que hagan ropa para mujeres grandes que sean jóvenes”, así que eran escasísimas las oportunidades laborales.

Otro reto era enfrentar la crudeza de las opiniones que circulan en las redes sociales. “No hacemos una oda a la obesidad y a los malos hábitos, hacemos un llamado a que el cuerpo es diferente. Yo me cuido, no como carbohidratos porque para mi metabolismo es muy difícil procesarlos. Yo tomé malteadas para adelgazar y todas esas vainas hasta que comprendí que la solución era comer bien, hacer ejercicio y aceptarme como soy”.

El rostro de Pamela ha aparecido en artículos periodísticos que enseñan a la mujer cómo maquillarse. También le espera una segunda campaña publicitaria de lencería. Confiesa que se siente sola profesionalmente. “Los mánager del país solo manejan a las mujeres delgadas, a las convencionales, a las que saben que pueden vender, pero no se dan cuenta que detrás estamos nosotras, que somos la representación de la mujer del día a día. Quisiera que cambiara el patrón de belleza, que no todas las campañas usaran modelos convencionales”.

Juan Manuel Vargas / EL TIEMPO

Su atrevida decisión de incursionar en el modelaje de tallas grandes le representó un alivio emocional. La periodista recuerda que sus familiares comenzaron a silenciarse con cada aparición publicitaria. Su imagen fresca y segura también le transmitió esperanza. “Me metí en esto para mostrarle a mi mamá y a muchas mujeres que somos reales y somos capaces de triunfar siendo como somos, sin tener miedo al qué dirán”.

“Fuera del país, las colombianas marcamos la diferencia y llamamos la atención por nuestra personalidad y nuestras curvas. Ahora, si estamos acá, qué mejor que representemos a las que somos la mayoría, que somos la mujer real”, dice.

Los cuerpos perfectos son los sanos, no los 90 - 60 - 90. Un cuerpo real que no necesita cirugías”. Con esta frase Pamela se despide.

- ¿Dejaría el periodismo por el modelaje? Lo piensa. Tras varios minutos responde que ejercería su profesión, pero le entregaría menos tiempo. Cuenta que necesita muchas horas para dar un mensaje.

Juan Manuel Vargas / EL TIEMPO

“La idea es seguir moviendo masas, medios, hablando por las que no pueden o no se atreven. No salir porque quiero triunfar sola, no, sino para mostrarnos como país. No debemos dejar de hablar por miedo a que las niñas o las mujeres se empiecen a descuidar y sean obesas. Queremos transmitir seguridad a las mujeres para que dejen de automaltratarse y esconderse en ropa grande y malos hábitos, y transformen su vida y la de los demás”.

MARÍA DEL PILAR CAMARGO CRUZ
Redacción EL TIEMPO
@PilarCCruz
pilcam@eltiempo.com