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Petrodólares de Catar prendieron 'infierno' de la corrupción en Fifa

Fuentes en EE. UU. aseguran que el Mundial del 2022 corre serio riesgo de cambiar de sede.

03 de junio 2015 , 10:18 p.m.

El 2 de diciembre del 2010, cuando Joseph Blatter destapó el sobre que contenía el nombre del organizador de la Copa del Mundo de Fútbol del 2022, no solo sacó la tarjeta que decía Catar, por encima del derrotado Estados Unidos, sino que abrió las puertas de lo que se convertiría en el infierno que, cuatro años y medio después, lo llevó a presentar su renuncia, en medio del escándalo gigante de corrupción de la Fifa y el deporte mundial. (Lea aquí: Los Mundiales de 2018 y 2022, con amenazas muy diferentes.)

Los millones de petrodólares por debajo de la mesa, las lujosas fiestas, los regalos, los viajes en jets privados y las invitaciones a lujosos hoteles en Doha hicieron parte del plan de Catar para conquistar, a golpes de billetera, los votos necesarios entre los más altos dirigentes de la rectora del fútbol mundial para ganar la disputada sede.

Esos giros, así como los ostentosos obsequios, habrían tocado no solo a dirigentes del fútbol africano, asiático, centroamericanos y a miembros de la Fifa, sino a personajes de la política europea. Las denuncias que se hicieron desde ese entonces se convirtieron ahora en un tsunami con la investigación del Departamento de Justicia estadounidense y el FBI.

El hombre que alimentó semejante red de corrupción con sus millonarios sobornos para garantizar la sede es Mohammed Bin Hammam, quien fue miembro del comité ejecutivo de la Fifa, presidente de la Confederación de Asia y rival fallido de Blatter para la presidencia de la Fifa en el 2011.

Sus millonarias operaciones salieron a la luz pública cuando la prensa inglesa reveló correos electrónicos, faxes y reuniones secretas de una colosal red de corrupción que tocó todos los niveles para que se designara a Catar como sede.

Incluso, la prestigiosa y rigurosa revista France Football afirmó que el mismísimo Michel Platini, el hoy presidente de la Uefa y más duro crítico de Blatter y candidato natural a sucederlo, fue convencido con “suculentos favores políticos y económicos” tras una reunión sostenida con Bin Hamman y el por ese entonces presidente de Francia, Nicolás Sarkozy. Catar habría pagado 15.000 millones de euros para asegurar ese voto, destinados a pedidos de aviones de Airbus con sede en Francia, la compra del club París Saint-Germain, la creación del canal Bein Deportes y la compra de los derechos de TV de la Ligue 1. El poder del jeque Hamad Bin Khalifa Al-Thani, emir de Catar, habría asegurado ese voto y la influencia para convencer a la Uefa de su candidatura.

Jugadas de Blatter

Las revelaciones de la prensa, justo en época electoral a la presidencia de la Fifa, desacreditaron al propio organismo y a Blatter, quien sin embargo fue reelegido.

En lo que fue calificado de una “evidente jugada política”, el comité ético de la Fifa ordenó la investigación a Hammam, quien se lanzó a la presidencia de la Fifa. Blatter no quería rivales, menos con el poder económico y de corrupción del catarí.

Tras una investigación interna de la Fifa, Hamman fue expulsado de la entidad por corrupto y vetado de por vida de toda participación en el fútbol.

Además ofreció las cabezas de Jack Warner y Chuck Blazer, los más altos dirigentes de la Concacaf (Confederación de Norte Centro América y El Caribe). Blazer, justamente, es el testigo estrella que hoy tiene la Fiscalía de EE. UU.

El autogol de la Fifa

Aquel 2 de diciembre del 2010, cuando Catar le ganó a Estados Unidos, 22 a 14 votos, la sede del Mundial del 2022, Blatter se mostró sonriente y radiante. “Llevaremos el Mundial a nuevas tierras”, dijo con euforia, quizá sin sospechar que las autoridades estadounidenses, hasta ese momento silenciosas, terminarían por rastrear cada movimiento.

Sin embargo, Blatter, aquel sagaz y curtido dirigente, identificó rápidamente que el mundo miraba a Catar con desconfianza, y, tras las revelaciones de prensa que seguían llenando páginas en un escándalo similar al de hoy, el cual fue conocido como ‘CatarGate’, cambió su discurso.

Enfrentado a la presión de los indignados países europeos –que además critican las inclementes condiciones climáticas del verano Catarí (por encima de los 40 grados) y las denuncias por explotación laboral a los obreros inmigrantes que trabajan en las obras del Mundial–, llegó a reconocer que elegir a Catar “fue un error”, en unas declaraciones que parecieron dichas para lavarse las manos, y aseguró que él había votado por EE. UU.

A su vez, Blatter hizo que el exfiscal general de Nueva York Michael J. García iniciara una investigación sobre posibles comportamientos contra la ética de algunos de sus miembros en las designaciones de los mundiales de Rusia-2018 y Catar-2022. Cuando la Fifa recibió el informe, espantada, le restó importancia.

Sin embargo, García, esposo de una investigadora del FBI, declaró, sorprendido, que había descubierto la verdadera cara corrupta del fútbol y pidió la publicación completa de su informe. “Los procesos de adjudicación se realizan de manera invisible y silenciosa”. Esa fue la base de la actual investigación que llevó al infierno a Blatter.

¿Peligra sede de Catar?

Ayer, Heide Blake, reportera del portal estadounidense de noticias BuzzFeed, dijo que fuentes oficiales le aseguraron que la Copa Mundial de Catar corre serio riesgo de no realizarse y que los líderes del comité organizador catarí “han sido advertidos de no poner un pie en los Estados Unidos”, por temor a ser detenidos en lo que se considera el mayor soborno de la historia del deporte.

La reportera agregó en su informe que “la bomba de la dimisión de Blatter, el mayor defensor de la realización de la Copa en ese país, deja a Catar expuesta a perder la sede y a que la competencia se vaya a otro país” tras la avalancha de evidencia de que oficiales de fútbol del más alto rango catarí, empezando por Hammam, emprendieron una campaña millonaria de compra de apoyos para amañar la votación a su favor”.

Ha sido todo un infierno el que han vivido la Fifa y Blatter, que están pagando un alto precio por Catar.

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