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El difícil camino de una mujer transgénero para convertirse

Aunque el cambio de Caitlyn Jenner parece simple, el tránsito entre géneros es largo y espinoso.

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03 de junio 2015 , 09:02 p.m.

“Llámenme Caitlyn”, le pidió Caitlyn Jenner al mundo en la última edición de ‘Vanity Fair’, donde un memorable retrato de la fotógrafa Annie Leibovitz acompaña la portada de la revista y deja ver a la exatleta de 65 años con un corsé blanco y con el rostro y el aspecto de mujer que siempre anheló.

La historia de 22 páginas en la publicación norteamericana revela sin muchos detalles que para lucir como Caitlyn, Jenner tomó hormonas, se sometió a un implante de senos y se practicó varias cirugías para feminizar sus rasgos. (Lea también: Primera imagen del padrastro de las Kardashian como mujer)

La transformación tuvo además un eco histórico. Este lunes primero de junio, en el momento en que fue pública la portada, Jenner la compartió desde su nueva cuenta de Twitter, y en solo cuatro horas consiguió un millón de seguidores, cifra que la convirtió en la tuitera más rápida en pasar de cero a un millón. (Otros famosos que cambiaron de sexo)

Según Daniela Maldonado Salamanca, coordinadora de la Red Comunitaria Trans, que, entre otras cosas, tiene por misión trabajar desde la participación ciudadana con mujeres transgénero en Bogotá, conocer a Caitlyn, y conocerla en una revista de tremenda altura, fue inspirador. (Lea: El cambio de sexo del exatleta Bruce Jenner, la comidilla de la prensa)

Sin embargo, para ella, el tránsito entre un género y otro, entre el género masculino y el femenino, por ejemplo, es en realidad mucho más lento y espinoso de lo que un ‘reality show’ y la última portada de ‘Vanity Fair’ hacen ver sobre la transformación de su ídolo.

El proceso pasa con dificultades entre la negación, el desplazamiento “forzado”, la aceptación, los cambios físicos, la vulneración de los derechos y la ansiada libertad, dice la líder. (Vea también: De hombre a mujer, el cambio extremo del padrastro de las Kardashian)

–Empecé a corta edad en la clandestinidad. Empecé como una mujer metida en el clóset, jugando a qué pasaría si yo fuera ella y no él… A escondidas, tomaba la ropa y el maquillaje de mi mamá, le ponía pasador a la puerta, y cuando no había nadie en la casa, caminaba en tacones y podía durar horas mirándome al espejo– recuerda Daniela, para quien este objeto es fundamental durante la decisión de cualquier transgénero: “Es el primero que te ve hecha mujer, se vuelve tu estilista, tu asesor de imagen, tu psicólogo”, dice ella.

Daniela Maldonado, líder transgénero de Bogotá. Foto: Archivo particular.

Después viene la negación. “Quieres ser mujer, pero no lo aceptas, te cuesta mucho. Piensas: ¡qué vergüenza!, ¿qué van a pensar de mí?, ¿qué va a decir mi familia?, ¿será que estoy loca o equivocada?”, cuenta Daniela, y añade que en un principio abundan prejuicios, como que “las transgénero son putas, violentas, malas y agresivas”, ideas que a la final solo incrementan el miedo de dar el paso hacia reafirmarse como mujer.

Sin embargo, a los 16 años, Daniela superó los temores, y el paso siguiente, cuenta, fue huir de su natal Ibagué, como lo hicieron de sus hogares la mayoría de mujeres transgénero que ella conoce. “Es casi como si muriera esa persona que uno creía que era, como si uno la enterrara y dejara nacer a otra, pero esa vida muere con la familia, con los sueños de antes, con las expectativas de los que te rodean, y entonces te alejas de ellos y de tu entorno social; es como un desplazamiento forzado”, afirma. (Lea también: La mujer transgénero que lucha por vencer la discriminación)

Daniela llegó a Bogotá, al barrio Santa Fe, recién graduada del colegio, sin experiencia laboral y sin más opción económica que ejercer la prostitución para costear sus cambios físicos, la ropa y el maquillaje.

En ese momento, dice, comenzó a vivir de manera acelerada y “frustrada” las etapas de mujer. “Una infancia, una adolescencia y una adultez mal llevadas en un momentico, solo asesorada por otras chicas que habían llegado al Santa Fe a ejercer también el trabajo sexual, sin el acompañamiento de un endocrinólogo o de un psicólogo que me ayudaran”, explica.

Así, muchas mujeres transgénero, sin apoyo y sin recursos, dan el paso hacia su tránsito, lo que implica, dice la misma Daniela, un gran riesgo para la salud. En su caso, primero fue el suministro quincenal de hormonas –las cuales le vendían sin fórmula médica en la farmacia– para reducir el crecimiento del vello en la cara y feminizar sus rasgos; luego fue la introducción de silicona industrial en los glúteos, las piernas y las caderas, con médicos y clínicas sin avales de salubridad, y por presión de los clientes y de otras trabajadoras sexuales que insistían en que “entre usted esté más buena, mejor va a ganar”. (Lea: La modelo que lucha por los derechos de las personas transgénero)

Ahora ella es consciente de cómo pudo ser su tratamiento en condiciones más favorables, en condiciones a las que tiene derecho.

Un tratamiento complejo y con barreras

Daniela Maldonado acepta que en el proceso hacia la reafirmación de su género, en este caso el femenino, es necesario, si así lo quiere la persona, someterse a varios procedimientos que van desde la cirugía de reasignación de sexo, los implantes mamarios y la ingesta de hormonas, todo avalado y asesorado por psicólogos.

Por ejemplo, la reasignación de sexo está enmarcada en varios procedimientos médicos y quirúrgicos que permiten realizar una modificación de la estructura genital de las personas identificadas con el género opuesto.

Según el cirujano plástico Manuel Sevillano, experto en cirugías reconstructivas y quién ha realizado varios de estos procedimientos en el país, este es un tratamiento complejo y debe cumplir ciertos parámetros, basados principalmente en los conceptos del endocrinólogo alemán Harry Benjamin, uno de los pioneros en el trabajo con personas transexuales.

Dentro del proceso de reasignación, el primer paso es el acompañamiento psicológico y psiquiátrico.

Miguel Rueda, psicólogo y director de Pink Consultores, empresa dedicada a los temas de diversidad sexual, señala que la persona que está en el tránsito de un sexo al otro requiere un acompañamiento terapéutico y psicosocial, que le permita acceder por completo a la identidad que quiere, en corcondancia con su cuerpo y su interior.

En un inicio, el experto debe identificar cuáles son los efectos emocionales que atraviesa el paciente, de tal manera que pueda manejarlo conjuntamente con el tratamiento médico.

“Hay varios protocolos médicos y psicológicos que deben ir de la mano. Una de las cosas más importantes es brindar apoyo en el momento en que se están tomando decisiones importantes para cambiar su cuerpo, y así acceder a esta nueva identidad”, señala Rueda.

En un inicio, un equipo de endocrinólogos debe realizar una terapia hormonal sustitutoria, en inyecciones intramusculares o pastillas, con el fin de complementar los cambios físicos.

“El suministro hormonal debe iniciar al menos seis meses antes de la cirugía. El uso de estos medicamentos varía. En el caso del hombre, debe recibir tratamiento con estrógenos, y la mujer, con testosterona”, señala Sevillano.

Posterior a esto, el proceso de reasignación requiere varias intervenciones quirúrgicas que van desde el cambio genital hasta la transformación corporal, los cuales permiten lograr una identidad completa con el otro género.

“Un hombre que quiera hacer cambio de sexo, por ejemplo, debe realizarse entre dos y tres intervenciones en la parte genital. Primero, se practica una ablación del pene y se forma la cavidad vaginal; también se corta la uretra y se perfecciona el conducto de la orina”, afirma el cirujano Manuel Sevillano.

Cada una de estas cirugías de perfeccionamiento debe tener intervalos de 21 días, aunque esto varía dependiendo de las características del paciente.

Así mismo, las intervenciones quirúrgicas corporales para completar el cambio de sexo se pueden hacer de manera conjunta.

“Entre los procedimientos que se realizan están la mastectomía de aumento, una tiroplastia –que es la reducción del cartílago tiroides, conocido como la manzana de adán–, un refinamiento del rostro, en especial en frente y cejas, y en algunos casos se realiza una extirpación de costilla para afinar la cintura y lograr una figura más femenina”, asegura el experto médico.

Todos los procedimientos quirúrgicos pueden tomar de cuatro a cinco meses y pueden tener un costo superior a los cuarenta millones de pesos, que según afirma el cirujano, es asumido generalmente por el paciente, sin la ayuda de una EPS.

Según Mauricio Albarracín, director de la organización Colombia Diversa, en la sentencia T918 del 2012, la Corte Constitucional estudió el tema de reasignación de sexo y dijo que el sistema de salud debe cubrir estos procedimientos, por el hecho de que es un tema de salud que afecta el derecho a la identidad de una persona y garantiza su individualidad.

Así pues, casos como el de Daniela no deberían existir. No obstante, para Albarracín, aparte de las dificultades sociales y personales de los transgénero, la verdad es que “la ley no ayuda mucho. El Estado se ha vuelto un obstáculo para el reconocimiento de la identidad de género. Hay medidas, pero necesitamos que sean efectivas para todos, que un transgénero no tenga que poner tutelas y dar la pelea por sus derechos durante años”.

Luego viene la libertad

“No es lo mismo transformarse en el cuerpo de Caitlyn Jenner, que tuvo todos los recursos para su cambio físico, el apoyo de su familia y el de miles de seguidores que aplaudieron su decisión”, dice Daniela Maldonado Salamanca, para quien es inevitable no pensar en los obstáculos que ha tenido para afirmarse mujer, para afirmarse Daniela.

“Aquí, toca ser doblemente fuerte: asumir los riesgos de la calle, de intervenciones físicas mal hechas, del acoso policial, de las miradas en el TransMilenio, de las burlas y los insultos, de no tener una guía durante la transición y de un Estado que no nos protege”, dice ella.

 

Daniela Maldonado, líder transgénero de Bogotá. Foto: Archivo particular.

Mauricio Albarracín está de acuerdo en que “tenemos un estado de cosas muy malo en términos de protección social. Ni siquiera existe una ley de identidad de género, aunque la Corte Constitucional haya dado protecciones, como que los transgénero no requieran libreta militar o no se les exija un aval médico y psicológico para probar su identidad”.

Y sin embargo, afirma, “no hay que llenarse de pesimismo”. Para él, se pueden tomar medidas sencillas que no afectan a nadie y que permitan romper ese círculo de la exclusión, como que alguna institución del Estado se tome en serio la defensa de los derechos de la población LGBTI o que se otorguen incentivos a la empresa privada para que haya equidad laboral, por ejemplo, para los transgénero.

Una oportunidad también tiene el poder de cambiar el rumbo en la vida de una transgénero. Al entrar a un grupo de danzas para mujeres que ejercían la prostitución en el barrio Santa Fe, Daniela vio que era posible trabajar en otras cosas, contribuir a la sociedad desde organizaciones sociales, hacerse líder, salir de la prostitución y, ahora, coordinar la Red Comunitaria Trans.“Ascendí un escalón más en esta construcción de ser mujer, que va a durar toda mi vida”, concluye Daniela.

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