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'El feminicidio es menospreciado en las decisiones judiciales'

Experta en el derecho de las mujeres explica por qué el asesinato contra las mujeres debe ser sancionado con todo el peso de la ley. Bogotá, en la lupa.

02 de junio 2015 , 07:06 p.m.

No solo viaja alrededor del mundo explicando por qué se les debe dar el nombre de feminicidio a los asesinatos en contra de las mujeres por el hecho de serlo, sino que ha sido la promotora del proyecto de ley Rosa Elvira Cely contra el feminicidio en Colombia, que ha pasado por múltiples debates sin aún ser aprobado. Mientras tanto, en Bogotá se conocen nuevos casos casi todas las semanas. Solo el años pasado hubo 118 casos en la capital.

¿Qué define la palabra ‘feminicidio’?

Es el asesinato de las mujeres por el hecho de serlo, producto de las violencias que se ejercen en su contra en el ámbito público o privado como una manifestación del poder y del control que ejercen los hombres sobre su libertad, intimidad, cuerpo, pensamiento y vida, avalado culturalmente, consentido explícitamente hace un tiempo por el derecho y actualmente menospreciado y justificado en las decisiones judiciales. Es la mayor expresión de violencia y discriminación contra las mujeres.

Algunos ejemplos de casos sucedidos en Bogotá...

Son feminicidios el de Rosa Elvira Cely, violada, empalada y asesinada hace tres años en el parque Nacional por Javier Velasco; el de Emperatriz Romero, ultimada por su nieto; los de Alejandra Lezama Días y Viviam Urrego, asesinadas por sus respectivos esposos ante la decisión de separarse después de múltiples violencias, así como aquellos que se perpetraron después de una violación o en los que se privó de la vida a las mujeres en ejercicio de la prostitución, lesbianas, transexuales; o contra aquellas que decidieron romper los roles, terminar con una relación afectiva o matrimonial.

¿Qué avances se lograrían con la ley que actualmente cursa en el Congreso?

Que el Estado reconozca que las mujeres son asesinadas por motivos diferentes que los hombres y sancione esta conducta de desprecio, de odio, de misoginia, de discriminación. La penalización del feminicidio desvirtúa y desnaturaliza la violencia que históricamente han ejercido los hombres y que culturalmente los ha legitimado para instrumentalizar a las mujeres, cosificarlas, tratarlas como despreciables, usables, maltratables. Implica reconocer que no puede disponerse de la vida de las mujeres por ninguna circunstancia y que hacerlo representa una manifestación de discriminación y la mayor expresión de la violencia, acto que debe sancionarse y prevenirse.

¿Qué le diría a la gente que dice que no es necesario llamarlo feminicidio sino homicidio?

Les diría que la expresión ‘feminicidio’ nombra una realidad que existe, y que no nombrarla contribuye a invisibilizarla y a perpetuar la impunidad. No es una expresión discriminatoria, sino necesaria, para nombrar un fenómeno que históricamente ha terminado con la vida de las mujeres. Les diría que no se trata de un capricho de feministas, sino que responde a la necesidad de nombrar una práctica que ocurre en todas las latitudes del mundo como manifestación de la desigualdad y la subordinación producto de una cultura patriarcal. Las Naciones Unidas lo definen como el asesinato de mujeres como resultado extremo de la violencia de género. Comprende muertes a manos de sus parejas, exparejas o familiares, asesinadas por acosadores, agresores sexuales y/o violadores, así como aquellas que trataron de evitar la muerte de otra mujer ; la Corte Interamericana, en el caso Campo Algodonero vs. México, lo define como el homicidio de mujeres por razones de género; y la Relatora para la Violencias contra las Mujeres de la ONU, como un índice del fracaso del sistema de justicia penal en cuanto a conducir a los perpetradores de estos crímenes ante la justicia.

¿Cuáles son las fallas de la justicia?

El principal error es no reconocer que las violencias contra las mujeres constituyen una violación de los derechos humanos y que por lo tanto requiere adoptar todas las acciones que sean necesarias para prevenirlo, investigarlo sancionarlo.

Es muy frecuente que las sobrevivientes de feminicidio se enfrenten con autoridades que no creen en sus denuncias, que ignoran la gravedad de las amenazas o que las justifican y naturalizan atribuyendo la responsabilidad de los hechos violentos a la víctima.

Es triste que se realicen rebajas de penas, preacuerdos en los que se ve seriamente afectado el derecho a la verdad, a la justicia, a la reparación y a la no repetición en casos de tentativa, o que se traten como de lesiones personales muchos casos que en realidad corresponden a tentativa de feminicidio; que se otorguen beneficios como la detención domiciliaria o que se elimine la circunstancia agravante del homicidio por el hecho de ser mujer, sin justificación.

¿Qué está pasando con las comisarías de familia, por qué las mujeres se quejan de sus servicios a la hora de poner en conocimiento un caso de violencia?

Es frecuente la reproducción de los prejuicios y estereotipos que justifican las violencias contra las mujeres; ignoran la gravedad de los hechos y, por lo tanto, en muchos casos no detectan el riesgo feminicida; no creen en la palabra ‘víctima’, no aplican de manera efectiva las medidas de protección, desconocen el principio de la debida diligencia incumpliendo el deber de garante que les asiste.

¿Por qué las víctimas de este delito, en algunos casos, quieren hacer justicia por sus propios medios?

Por la ineficiencia del Estado, el grado de impunidad frente al feminicidio, en particular; sentencias irrisorias, decisiones que otorgan rebajas asombrosas e injustificadas o que conceden beneficios como la casa por cárcel transmiten un mensaje de tolerancia a la violencia basada en género. Cuando la justicia es tolerante, omisiva o cómplice, transmite el mensaje que se puede disponer de la vida de las mujeres sin consecuencias que temer.

¿Qué atención se le está dando en Bogotá a esta problemática?

Bogotá, a través de la Secretaría Distrital de la Mujer, ha avanzado en investigar el fenómeno, visibilizarlo cuantitativa y cualitativamente. Realizó un protocolo para la detección del riesgo feminicida destinado a las autoridades distritales con competencias en violencias contra las mujeres, para prevenirlo y adoptar las medidas de protección efectivas que protejan la vida y la integridad de las mujeres. Actualmente está conformando un grupo especializado de abogadas para litigar estos casos y lograr sentencias condenatorias ejemplarizantes; adelanta acciones de investigación sociojurídica sobre el fenómeno, y de formación.

¿Cómo debe reaccionar la sociedad cuando es testigo de un caso de feminicidio o sospecha que puede ocurrir uno?

Debemos reaccionar a la violencia contra las mujeres en todas sus formas, física, sexual, psicológica, patrimonial; comprometernos con cero tolerancia que promueva la denuncia, y la exigencia de rendición de cuentas al Estado.

¿Cuál ha sido el caso de feminicidio que más la ha conmovido?

Todos; los cuatro que ocurren diariamente en el país y, sobre todo, la respuesta tímida y complaciente del Estado en algunas de sus decisiones. Es lamentable, inadmisible y reprochable que en muchos casos las mujeres acudieron al Estado en busca de protección y resultaron asesinadas, sin que se hubiera detectado el riesgo. El país desconoce el drama de las sobrevivientes de feminicidio y sus familiares, y está en mora de adoptar una política integral de reparación.

¿Por qué en nuestra cultura sigue tan presente la figura de la mujer como elemento de posesión absoluta?

Por una ideología patriarcal que predispone a todas las mujeres a ser asesinadas por el hecho de serlo, o por no serlo de manera “adecuada”; es decir, por cambiar los roles que históricamente se le han impuesto y una constante impunidad que ratifica el mensaje según el cual la vida de las mujeres puede ser instrumentada, poseída, cosificada por el varón hasta quitarle la vida.

Investigan doble crimen en Usme

Solo un día después de que se llevara a cabo una marcha en conmemoración de los tres años del asesinato de Rosa Elvira Cely y en rechazo a los crímenes contra las mujeres, se conoció el caso de un doble homicidio en el barrio Danubio Azul de Usme.

Las dos víctimas, identificadas como Leidy Castañeda, de 25 años, y Umbelina Gómez, de 37, murieron luego de ser heridas con arma de fuego, aparentemente por el excompañero sentimental de Leidy.

Aunque el crimen es materia de investigación –el CTI de la Fiscalía quedó a cargo del caso–, el hombre ya había tenido comportamientos violentos hacia ella, según sus allegados. Incluso, se atrevió cortarle el cabello en la calle, explicó ayer la Policía.

Leidy llegó sin signos vitales al Hospital El Tunal, mientras que Umbelina falleció en medio de una intervención quirúrgica, cuando los médicos intentaban retirar el proyectil que le impactó el abdomen.
Solo en el primer trimestre del año, han sido reportados 32 casos de feminicidio en la ciudad.

Carol Malaver Sánchez
Redactora de EL TIEMPO