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'Fortín en ruanas'

Giovanny Daza mezcló en su relato hechos históricos con la llegada de los alienígenas.

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01 de junio 2015 , 02:10 p.m.

Sucedió mientras dormía. Las hormigas comenzaron a carcomer los restos durante la noche. Acostada en los ladrillos que hacían de cama no imaginaba lo que aquellos bichos le habían hecho a Evita, Policarpa, Petra y Jacinta, todas vacas robadas en su última visita al pueblo… todas ganadas por la revolución.

A las 5:00 am el frío carcomió sus huesos; hizo un café con las últimas boronas y lo bebió con la mirada perdida en el horizonte. Escupió en un rincón y caminó hacia la puerta esperando encontrar una cara conocida. No había nadie. Sólo el mismo frío, los mismos matorrales y la misma miseria carcomiéndole el alma. Allá, a lo lejos, los inertes bultos se veían como pequeñas montañas coloridas. Se acercó despacito presintiendo que algo malo ocurriría y pegó tal brincó al darse cuenta que se trataba de sus animales muertos que se torció el tobillo derecho y se mordió la lengua al intentar soltar un madrazo.

Regresó al rancho por su escopeta esperando hacer frente a los chulavitas que de seguro la tendrían rodeada. Alistó también el viejo 45 al que solo le quedaban 2 balas y la navaja que le regaló el Guadalupe dos meses antes cuando la dejó tirada en ese moridero y que aún tenía la sangre seca de su último difunto. Sin pensarlo siquiera, su mano izquierda hizo un garabato en forma de cruz sobre su pecho y fue a hincarse al lado de la única ventana esperando que los otros, los azules, dieran el primer paso.

Dos horas y nada… ¡pero ahí tenían que estar! Seguramente ellos mataron a sus vacas. Ellos la rodeaban… ellos esperaban que asomara la cabeza para volársela con una carabina o quizás quisieran que se entregara para sacarle información.

–¡Pero ni con un hachazo en mis dedos los delato, ni bruta que fuera! –se dijo mientras escupía en el piso y daba vueltas al tambor de su 45 que ahora parecía más pesado de lo normal.

A las 9:00 am su mirada seguía fija en el horizonte. Pero las tripas comenzaron a quejarse. Se levantó despacio. Abrió la puerta de madera y asomó la cabeza esperando el sonido que le cegaría la vida. Pero nada. En cambio vio que allá, a lo lejos, los cuatro bultos de sus vacas muertas habían cambiado. Algo las movió. Se acercó despacito como quien no quisiera despertar al diablo y se quedó paralizada al ver a docenas de diminutos seres grises con cuerpo de niño, no más grandes que su alpargata, devorando lo que de carne les quedaba a las tendidas. Sus manitas rasgaban huesos, entrañas y piel como si de hojas secas se tratara e incluso vio a una de las criaturas devorando a un infortunado gallinazo que se acercó a compartir el festín.

Meses después, cuando se lo contó a Guadalupe Salcedo este no pudo más que soltar una carcajada.
- Pues claro, dijo aún ahogado en risas, ya hasta los ángeles bajan a pelar chulavitas…

ARLEY GIOVANNY DAZA CÁRDENAS
Edad: 29 años
@GiodazaC