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Los jueces más tenaces / Editorial

Esta es una edición para reflexionar sobre los juicios que emitimos.

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01 de junio 2015 , 01:47 p.m.

Las redes sociales nos han dado cada vez más poder para manifestarnos, exponer nuestras ideas y reclamar nuestros derechos; pero también para ejercer ese oficio tan humano y que tanto nos gusta: juzgar.

A diario vivimos situaciones que nos sorprenden o impactan y sobre las cuales generamos opiniones. Y qué bueno es dejar claro ante el mundo lo que pensamos. Lo malo está en hacerlo sin control ni límites, como muchas otras cosas que pasan en las redes.
En esta edición retomamos casos recientes de ciudadanos que se han equivocado, han cometidos errores, algunos incluso están en manos de la justicia ordinaria, para analizar desde sus experiencias cómo la crítica social se ha convertido en el más duro e inclemente de los verdugos.

Tener voz y canales que nos reproducen es un gran logro de los ciudadanos. Hacer presión moral y social a través de ellos es necesario y válido. Pero es un deber hacerlo con responsabilidad, respeto y criterio.

Es común ver en las redes cómo la gente toma partido político, social o moral de manera visceral, muchas veces sin conocimiento de los hechos. Y es que decir las cosas sin mirar a los ojos o sin permitir el derecho a réplica es muy fácil. Se nos olvida que en cualquier momento (¡ojalá nunca!) podemos llegar a equivocarnos, o que nuestros padres, hijos, esposos, amigos… pueden estar algún día en esa picota pública.

Claro que tenemos derecho a indignarnos y a manifestarlo. Lo que no debemos es acabar con la vida y honra de los demás, así se hayan equivocado. Menos amenazarlos y aprovechar las redes para generar más violencia de la que ya tenemos bastante.
Con las voces de los que han estado en ese tinglado virtual y las de expertos que analizan este tema tan actual, les dejamos esta reflexión de lo que debe ser nuestro papel en las redes cuando las usamos como herramienta de sanción social.

ADRIANA GARZÓN